Me resulta previsible que hayan sido ellos
Los chats internos del grupo secreto que coordinaba a Podemos con la Fiscalía Anticorrupción demuestran que sus propios miembros desconfiaban del entorno de Pablo Iglesias y llegaron a apuntarle como posible fuente de las informaciones divulgadas por el director de OKDIARIO. El mismo grupo que Pablo Iglesias y su círculo habían ayudado a formar para combatir las supuestas «cloacas del Estado» y neutralizar al ex comisario José Manuel Villarejo acabó volviéndose contra su propio promotor.
Los chats de La Compañía a los que ha tenido acceso en exclusiva OKDIARIO muestran que varios de sus integrantes comenzaron a sospechar que era el propio entorno de Iglesias el que estaba filtrando información sensible al director de este periódico, Eduardo Inda. «No me sorprende que hayan sido ellos», llegó a escribir uno de los miembros del grupo.
La sospecha dentro del búnker
La Compañía se ideó como un espacio cerrado. Un foro de confianza donde dirigentes de Podemos, abogados del partido, periodistas afines y el fiscal anticorrupción José Grinda podían coordinarse sin que la información se filtrara. Sin embargo, las filtraciones sucedieron. Y cuando los miembros del grupo intentaron identificar la fuente de las fugas, las sospechas se dirigieron en una dirección que nadie en el establishment de Podemos esperaba: hacia el propio círculo de Pablo Iglesias.
La frase que recoge uno de los audios a los que ha accedido OKDIARIO es devastadora en su claridad. Es la voz de Patricia López, ex periodista de Público e integrante de La Compañía, quien describe la sospecha compartida por varios miembros del grupo: «No me sorprende que hayan sido ellos».
Pero no era el único fragmento comprometedor del audio. En la misma grabación, López iba más lejos y formulaba una hipótesis que dejaba poco espacio a la ambigüedad: «Me temo que Pablo, con los asesores que tiene ahora que ya estaban antes, es capaz de haber mandado ellos los mensajes a Inda para las noticias que sacó en verano. ¿Sabes? Porque es que pinta eso. Como que no les parecería suficiente lo que había sobre cloacas. Entonces ya provocaron ellos algo y…».
La frase se interrumpe, pero su significado es claro. La periodista de Público no solo señalaba a Mayoral y Del Olmo como los responsables de una estrategia de manipulación de pruebas: apuntaba directamente a que fue el propio entorno de Pablo Iglesias el que, de manera deliberada, filtró a OKDIARIO los mensajes que luego usarían como base para edificar la teoría de la conspiración en su contra.
Dicho de otra forma: habrían fabricado la evidencia de su propia persecución. El pronombre no dejaba lugar a la interpretación: se referían al entorno directo del secretario general. Las mismas personas que, según Gloria Elizo en ese mismo chat, habían destruido la tarjeta de Dina Bousselham porque «no se fiaban de ella»: Pablo Iglesias, Irene Montero, Rafa Mayoral y Juan Manuel del Olmo.
Pero López no se limitó a eso. En el mismo audio, la periodista —fallecida posteriormente— desarrolló su argumento con una precisión difícil de refutar: «¿Entonces tú crees, Gloria [Elizo], que Rafa Mayoral… Es que yo lo veo, eh? Que fue capaz de diseñar una brillante estrategia que consistió en manipular pruebas y hacérselas llegar a Inda. Y de ahí la obsesión de Rafa y de Juanma del Olmo de vincular esto a las portadas de Inda de verano y no al puto informe PISA, que en enero sacaba la cuenta de Pablo Iglesias en Bruselas. Porque es que es lo único que tiene sentido, que como no entienden nada, pues solamente entiendan la guarrada que han hecho ellos».
El pronombre no dejaba lugar a la interpretación: se referían al entorno directo del entonces secretario general. Las mismas personas que, según Gloria Elizo en ese mismo chat, habían destruido la tarjeta de Dina Bousselham porque «no se fiaban de ella»: Pablo Iglesias, Irene Montero, Rafa Mayoral y Juan Manuel del Olmo.
La desconfianza que lo explica todo
Esa desconfianza interna se correlaciona directamente con la confesión que la entonces jefa jurídica de Podemos, Gloria Elizo, hizo en el propio chat. Según su relato, cuando el expresidente del Grupo Zeta entregó a Iglesias la tarjeta del móvil de su exasesora en enero de 2016, el secretario general y su equipo —Irene Montero, Rafa Mayoral y Juan Manuel del Olmo— decidieron no devolvérsela a Dina y destruirla. El motivo que adujo Elizo fue explícito: «la destruyen porque no se fían de ella».
Es decir, el entorno de Iglesias actuaba en base a una desconfianza generalizada hacia sus propios compañeros, reteniendo información y controlando quién sabía qué y cuándo. Ese patrón de comportamiento es precisamente el que los miembros de ‘La Compañía’ invocaron al intentar explicar de dónde provenían las filtraciones que llegaban a OKDIARIO. Si Iglesias y su equipo eran capaces de ocultar durante meses una tarjeta a su propia asesora, también eran capaces de manejar la información a su conveniencia con otros fines.
Iglesias contra Inda: querella como cortina
La ironía del asunto es que Pablo Iglesias había convertido su enfrentamiento con Eduardo Inda en uno de los ejes de su construcción política. El Equipo Legal de Podemos, bajo la dirección de Gloria Elizo, presentó varias querellas contra el director de OKDIARIO en nombre del secretario general. La abogada Marta Flor Núñez asumió la representación legal de Iglesias y de Irene Montero en esos procedimientos, que se unían a la causa abierta en un juzgado de Alcorcón contra este periódico por la publicación de informaciones relacionadas con el robo de la tarjeta de Dina Bousselham.
Pero mientras Iglesias se presentaba públicamente como víctima de una campaña de acoso mediático orquestada desde las cloacas, dentro de La Compañía crecía la sospecha de que era su propio entorno el que alimentaba al enemigo declarado. La tesis que sostenían algunos integrantes del grupo era que las filtraciones no provenían de Villarejo ni de sus redes, sino de alguien mucho más cercano al líder de Podemos.
El juez retiró a Iglesias como perjudicado
Esa interpretación se alinea con las conclusiones a las que llegó el propio instructor del caso. En junio de 2020, el juez Manuel García-Castellón retiró a Iglesias la condición de perjudicado en el caso al considerar que su comportamiento —ocultando durante meses la tarjeta a Dina, sin devolvérsela ni en enero ni en julio de 2016, cuando OKDIARIO ya había publicado las imágenes— resultaba «incompatible con la dimensión» que el vicepresidente pretendía dar al robo como una operación de «injerencia política» atribuible a la «policía patriótica».
La decisión judicial destruyó la narrativa que Iglesias había construido para la campaña de las elecciones generales de abril de 2019, cuando utilizó el caso para presentarse como el mártir de una conspiración del Estado profundo contra Podemos. Si el juez consideraba que su conducta era incompatible con la de alguien que ha sido víctima de una operación de espionaje político, la pregunta que quedaba flotando era la misma que los propios integrantes de La Compañía se habían planteado meses antes: ¿quién manejaba realmente la información y con qué fin?


