Miguel Ángel Rodríguez, el estratega que insulta por partida doble, lo repite nuevamente | Noticias de Madrid


Ha sucedido de nuevo. Cada vez que la jefa de Miguel Ángel Rodríguez enfrenta problemas, él reacciona de inmediato, sin temor a errar, confiado en su experiencia. El jueves, pocas horas después de que EL PAÍS revelara que el PP madrileño de Isabel Díaz Ayuso había ignorado a una concejala que denunció internamente por acoso al alcalde de Móstoles, el gabinete de presidencia que él lidera filtró un documento con los correos enviados por ella, incluyendo uno a la propia presidenta, sin ocultar el nombre hasta entonces anónimo de la denunciante y, aparentemente, sin considerar que esos mensajes reforzaban la impresión de que el partido la había desatendido. Posteriormente, los seguidores de Ayuso, de quienes él es el capitán de operaciones, recurrieron a medias verdades y rumores para desacreditar a la supuesta víctima. Esta forma de reaccionar ante el conflicto la resumió en una entrevista de 2024 con una frase que resuena como una consigna interna: “A cada insulto, dos”.

Así se mueve en el despiadado juego de la política, sin que le importe ser denunciado por excesos. Miguel Ángel Rodríguez Bajón ha sido acusado de violar el fair play en múltiples ocasiones desde que asumió como jefe de gabinete de Ayuso el 21 de enero de 2020, fecha que coincide con su 56 cumpleaños. Ayuso explicó a sus aliados de Ciudadanos en un consejo de Gobierno que necesitaba a Rodríguez como estratega porque buscaba titulares para confrontar al presidente Pedro Sánchez, relegando al puesto de jefe de prensa al anterior, José Luis Carreras.

Ayuso revivió políticamente a un hombre que, tres décadas atrás, había caminado junto a José María Aznar hacia la Moncloa. Él anhelaba “manipular”, como admitió en una entrevista de 2013, aunque matizó que se refería a manipular de manera positiva, sin mentiras. Esta declaración la hizo durante su prolongada etapa de inactividad, cuando se limitaba a ser un tertuliano y tuitero que daba de qué hablar. Había sido condenado por llamar “nazi” en dos programas de televisión al doctor Luis Montes, ícono de la lucha por la muerte digna.

Con Ayuso se han presentado varios incidentes en los que ha actuado impulsivamente al ver a la presidenta en apuros, lanzando amenazas o falsedades contra periodistas o protagonistas de informaciones legítimas y verificadas. En una ocasión, envió un mensaje privado a una periodista advirtiéndole que “trituraría” su medio de comunicación hasta llevarlo al cierre, y ha injuriado y calumniado públicamente a reporteros que informaban sobre la presidenta. Algunas mentiras, que ha difundido en grupos de WhatsApp con comunicadores afines, han sido amplificadas sin verificación.

Su condición de víctima no le ha importado. Un ejemplo de hace un año es el caso de Maite Rodríguez, la hija de un fallecido en una residencia, a quien cuestionó en X un domingo por la noche, minutos después de que ella apareciera en el programa Lo de Évole junto a familiares de otras personas muertas sin asistencia. Aseguraba haber comprobado que “la primera señora” no tenía madre en una residencia. Se equivocó y tuvo que admitirlo a la mañana siguiente, un lunes, cuando todos los políticos buscan información favorable para marcar agenda. “Confirmo que el primer testimonio del programa de Évole es la hija de una fallecida. Pido disculpas por el error”, escribió en un tuit.

Nunca quedó claro cómo había consultado la información de la hija, lo que suscitó dudas sobre si había buscado en un registro público, violando la ley de Protección de Datos. Como muchas veces, eso quedó en la nada.

En otra ocasión arremetió contra los dueños de un bar en el edificio donde la pareja de su jefa realizaba unas obras que habían recibido dos órdenes de paralización del Ayuntamiento de Madrid. Los hosteleros, un matrimonio de mediana edad que alquilaba el local, se fueron a la quiebra tras dos rupturas de una tubería bajante provocadas por la reforma, que inundaron el establecimiento con aguas residuales. Después de que esta información apareciera en este diario, aseguró que esos hosteleros carecían de seguro y acumulaban deudas. EL PAÍS, que había detallado cómo el cierre por los daños afectó a la economía de la pareja, demostró que estaba mintiendo, publicando un informe del perito del seguro. Después de este incidente, él guardó silencio.

Rodríguez no ha dudado en defender su visión confrontativa de la política moderna, a pesar de reconocer que no es lo correcto. En aquella entrevista de 2024, se lo confesó al periodista Jon Sistiaga cuando le preguntó si él contribuía a la polarización: “En la vida personal y en la profesional siempre trato a los demás como me tratan a mí. Si quieren guerra, hay guerra“, respondió, esbozando una sonrisa. “Esta es la base. Y si no quieren guerra, no hay guerra. Desde hace tiempo en la política solo vivimos en guerra. Por lo tanto, no seré yo quien dé el paso atrás. ¿Me gustaría que fuera de otra manera? Sí. ¿Trabajo para que sea de otra manera? Sí. ¿Tengo amigos al otro lado del muro? Sí. Pero la respuesta del otro lado del muro es para responder”.

Con estas actitudes, Rodríguez se desenvuelve, golpeando con mayor fuerza a una presunta víctima como la exconcejal de Móstoles o a cualquiera que considere una amenaza.

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