Mónica García critica a Madrid con una tenacidad enfermiza.
Mónica García se encuentra en el ojo del huracán. Ella, y solo ella, es la responsable de que miles de médicos se hayan manifestado esta semana en las calles de toda España exigiendo su renuncia, y de que miles de pacientes hayan experimentado retrasos en sus consultas u operaciones, padeciendo en carne propia lo que supone la sanidad socialcomunista: un verdadero desastre.
El proyecto de Estatuto Marco que ha diseñado y contra el cual protestan los profesionales es tan perjudicial y sectario como la mayoría de los proyectos provenientes de su departamento durante su gestión como ministra. Sin embargo, en lugar de detenerse, reflexionar y corregir su error asumiendo la responsabilidad, la anestesista ha optado por una huida hacia adelante que, en realidad, no es más que un regreso hacia sí misma, intentando burdamente dispersar la culpa sobre las autonomías y atacando de manera torpe a Isabel Díaz Ayuso, su obsesión enfermiza, la mujer que la superó en las urnas.
Como resultado de esta estrategia perversa y de esta animosidad personal, sus declaraciones afirman que gran parte de las demandas de los profesionales corresponde resolverlas a las autonomías, así como su ley para demonizar la sanidad privada y su futura normativa para regular el sistema de información de listas de espera. Ambas regulaciones están diseñadas para ir en contra de Madrid, exonerando a Cataluña, como si en esta comunidad no hubiera capital privado involucrado en el funcionamiento de la sanidad pública, a pesar de ser la autonomía con mayor trayectoria en este sentido. La ley de listas de espera, por su parte, busca modificar las normas para que Madrid no ridiculice al Ministerio cada vez que éste publica los datos, al ser el territorio que más rápido interviene a los pacientes de todo el Sistema Nacional de Salud.



