Orgullo y recuerdos de un tren con sabor andaluz | España
Teresa Palacios comparte que durante muchos años el AVE fue como su hogar. Abordaba el tren en la estación de Atocha, apenas a siete minutos de la calle de Génova, donde, dependiendo del día, podía haber pasado la mañana interrogando a un narcotraficante internacional, a un miembro de ETA o, más recientemente, redactando una sentencia. “Era simplemente sentarme en el vagón”, recuerda la ex titular del Juzgado Central de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, ahora presidenta de una sección de la Sala de lo Penal, “y sentir que ya estaba en Andalucía”. “Por la calidez, por la comodidad, incluso por el acento; y sobre todo por la certeza de que en dos horas y veinte minutos estaría en Córdoba con mi familia”.
Para Juan Antonio Cebrián, hijo de trabajadores agrícolas y químico de formación, la memoria afectiva del AVE no fue tanto la forma de irse o regresar a su tierra en un tren que desafiaba el tiempo y la distancia en medio de un paisaje de olivos, sino más bien la oportunidad de quedarse. Cebrián, residente de Adamuz, comentó el pasado martes —mientras esperaba la llegada de los reyes Felipe y Letizia al pueblo para saludar a los vecinos que ayudaron a las víctimas del accidente ferroviario— que a finales de los 80, las obras del AVE detuvieron casi providencialmente la despoblación. “Muchos trabajadores, que estaban destinados al paro o la emigración, encontraron empleo en la construcción del trazado, y muchos de ellos invirtieron sus ganancias en la adquisición de parcelas de olivos. Se podría decir que la reforma agraria aquí la promovió el AVE. Generó expectativas, riqueza, y retuvo a la gente en la tierra”.
Todo comenzó con un folio en blanco, literalmente. Así lo cuenta Agustín Argüelles, ingeniero de caminos y uno de los primeros técnicos que diseñó la Exposición Universal de Sevilla de 1992 y el trazado del tren de alta velocidad. “En aquel folio en blanco que representaba la isla de la Cartuja”, recuerda, “elaboramos un planning muy básico que indicaba: aquí deben estar los pabellones, aquí las entradas al recinto, más allá… Posteriormente llegó más personal especializado en cada área, y después hicimos el seguimiento de las infraestructuras que acompañaban a la exposición. Muchas de las obras transformaron la ciudad para siempre, pero sin duda una de las más emblemáticas fue el trazado que hizo posible la construcción del AVE, un tren con precisión británica, una puntualidad y comodidad jamás vistas en el ferrocarril de aquel entonces”.
El proceso, explica Argüelles, no fue sencillo, ya que además de los desafíos técnicos hubo que superar ciertas resistencias entre las diferentes Administraciones. “Hubo sus altibajos. Algunos roces, personalismos, celos e incluso la oposición de ciertos medios de comunicación que no aceptaban lo que consideraban una intromisión en la Sevilla legendaria. Pero finalmente todas las Administraciones lograron consensuar, y hasta los sectores que más se habían opuesto al proyecto se dieron cuenta y se unieron con entusiasmo”. Por eso, concluye Argüelles: “Ahora que el tren ya no es tan cómodo ni puntual, y la creciente degradación ha llevado desgraciadamente a este desenlace fatal, es fundamental levantarnos. Es necesario recuperar la confianza en el tren y el espíritu del 92”.
Ese año, el alcalde de Sevilla era Alejandro Rojas-Marcos, fundador del Partido Andalucista. Afirma que el AVE, junto con la Expo 92, marcó un antes y un después para Andalucía, “un maná para una tierra sufriente”. Y añade, rotundo: “Yo, que he sido muy crítico con el uso que el PSOE hizo de su hegemonía en Andalucía durante 40 años, creo que es justo reconocer que ese maná se debe al partido socialista gobernando en Madrid y específicamente a Felipe González. Lo digo sin dudar. No se me cae ningún anillo por admitirlo, uno no puede perder la integridad política, aunque me duele ver a militantes socialistas llorando cuando escuchan lo que dice ahora Felipe González. Pero eso fue una estrategia de González para apoyar a Andalucía, que en aquel momento era la parte más vulnerable de España”. En el marco de la dinámica capitalista, admite el veterano líder andalucista, “lo coherente” habría sido que la primera línea de alta velocidad conectara Madrid y Barcelona: “Por eso aplaudo aquel gesto, no porque sea sevillano, sino como persona de izquierdas que ve que el Gobierno se inclina hacia los vulnerables. Recuerdo una conversación que tuve con Jordi Pujol, entonces president de la Generalitat. Me dijo: ‘Alejandro, no tiene sentido’. Y yo respondí: ‘No tiene tu sentido, sino el mío’. Para alguien de derechas y catalanista no tenía sentido. Para uno de izquierdas y andalucista, sí lo tenía”.
En la fotografía de la inauguración del AVE en Sevilla, junto a Rojas-Marcos —“no se pueden imaginar los codazos que daban los políticos que llegaron de Madrid”— estaba Manuel Chaves, que entonces ocupaba el cargo de presidente de la Junta de Andalucía. Casi 34 años después, el político socialista recuerda que hubo muchas presiones para que el primer AVE fuera de Madrid a Barcelona en vez de a Sevilla. “La discusión más intensa fue con la entonces presidenta de Renfe, Mercè Sala, quien luchó con fuerza para que la primera línea de alta velocidad llegara a Cataluña. No debemos olvidar que en 1992 competían la Expo y los Juegos Olímpicos de Barcelona. Recuerdo que Felipe [González] decía: ‘Si se hace el tren de alta velocidad de Madrid a Barcelona, después no habrá forma de hacer el tren a Sevilla, o si se hace, tendrán que pasar 15 o 20 años. Pero si primero hacemos el de Sevilla, seguro que después se buscará financiación para llevarlo a Barcelona”.
Además del AVE, Córdoba también vivió ese “espíritu del 92” mencionado por el ingeniero Argüelles. El alcalde en ese momento, Herminio Trigo, de Izquierda Unida, recuerda que hubo complicaciones de todo tipo. Políticas, debido a la resistencia interna de algunos sectores de su propio partido, que en lugar de un AVE a Madrid preferían trenes convencionales que unieran las ciudades de Andalucía. “Entendía y hasta podía compartir las opiniones de mis compañeros, pero en aquel momento debía priorizar a la ciudad sobre el partido, y el AVE no solo conecta Córdoba con Madrid y Sevilla —le dije a Rojas-Marcos en la radio que su ciudad se convertiría en un barrio de Córdoba, aunque se lo tomó bien—, sino que modernizaría la ciudad de arriba a abajo”. También surgieron serios problemas técnicos y legales cuando se descubrieron restos arqueológicos de la época romana bajo los terrenos de la nueva estación. “Al final”, concluye, “después de muchas discusiones, logramos llegar a un consenso, porque de eso se trata”. “Al menos, en la política que se realizaba antes, porque la de ahora no la entiendo…”.
Elena Bárcena, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, explica que el impacto del AVE en las ciudades que lo tienen es innegable, “especialmente en comparación con aquellas que no lo tienen”. Se refleja tanto en la distribución de la renta como en muchos otros aspectos: “También influye positivamente en la vida cotidiana de las personas. Por ejemplo, ha facilitado a muchas parejas que trabajan tres días en Madrid y el resto en Málaga, o viceversa, mantener su relación, algo que sería imposible sin el AVE”. Hay mil ejemplos, infinitas combinaciones de trabajo, estudio, ocio y diversión. Hay un AVE silencioso para el día a día y otro que va o vuelve de la Feria o de despedidas de soltero. También existen —como cuenta la jueza Teresa Palacios— AVEs de llanto y duelo, de soledad. Durante muchos años, los andaluces se sintieron orgullosos de que el AVE tuviera acento andaluz, pero en tiempos recientes ha empezado a mostrar signos de desgaste. “Tomé el último AVE en Madrid con destino a Sevilla. Y a los treinta minutos se detuvo, de noche, en medio del campo”, recuerda Argüelles.
El escritor sevillano Antonio Rodríguez Almodóvar, quien dirigió el Pabellón de Andalucía durante la Expo 92, confiesa: “Yo, como machadiano, soy un amante de los trenes, y aunque prefiero los trenes melancólicos y lentos, he utilizado y disfrutado del AVE, también con mi familia. Por eso ahora estamos como todos. Sobrecogidos”.



