Perros de lluvia: un espacio donde la música se vive intensamente.


Álex Fraile (Madrid, 1975), quien ha trabajado durante mucho tiempo en cooperación internacional, decidió un día escuchar a su intuición. A pesar de su pasión por su trabajo, con el tiempo comenzó a sentirse menos satisfecho. Lo que nunca se desvaneció fue su amor por la música; de hecho, ya había autoeditado un libro con crónicas musicales. Por ello, decidió arriesgarse y perseguir su verdadero deseo. Así, abrió Perros de lluvia, una librería especializada en literatura musical en el barrio de Lavapiés. Su intención es crear un espacio dinámico que fomente la comunidad. «Nos sentimos un poco raros por abrir, en estos tiempos, una librería y además musical», confiesa. El nombre hace alusión a «Rain Dogs», el álbum y la canción de Tom Waits que se refiere a los «perros de lluvia», figuras que vagan por las fronteras de la ciudad, a contracorriente.

Perros de Lluvia apenas comienza y aún tiene un aire provisional. Hay libros recién desembalados, muebles en movimiento y espacios que aún están en desarrollo. Fraile se mueve por el local señalando áreas, reorganizando estanterías e imaginando futuros usos. «La idea es que nada sea completamente fijo», explica. «Buscamos un espacio que se pueda adaptar, tanto para la venta de libros como para presentaciones o encuentros».

Desde el principio, Fraile tuvo claro que no quería abrir una librería generalista. «Sabíamos que nos convertiríamos en una librería de nicho», declara con firmeza. «Queríamos ser coherentes con el proyecto y no desviarnos». Por esta razón, en Perros de Lluvia solo se encuentran libros relacionados con la música. «Si alguien busca una novela, le sugiero que hay librerías fabulosas cerca», menciona.

La especialización conlleva riesgos. «Abrir una librería hoy en día ya es algo arriesgado», admite. «Si además es musical, aún más». En Madrid, hay 392 librerías registradas, representando cerca del 14 % del total nacional, según el Plan Estratégico del Libro y la Lectura de la Comunidad de Madrid 2025-2028.

Sin embargo, Fraile considera que precisamente este enfoque de nicho puede ser atractivo. «Hay mucha gente amante de la música que no encuentra fácilmente libros especializados», señala. «En muchas librerías hay solo una pequeña sección; aquí, la música es el núcleo de todo».

Este núcleo se traduce en un catálogo «amplio y ecléctico». No solo hay biografías, aunque también están presentes, sino ensayos, narrativa relacionada con la música, libros de fotografía, obra gráfica, cómics, fanzines, revistas y publicaciones infantiles. «La música abarca muchos formatos», reflexiona. «Queríamos que esa diversidad se reflejase aquí». En las estanterías conviven títulos sobre música clásica, jazz, rock, flamenco, hip hop o música africana. «Sería arrogante ofrecer solo libros de mis artistas favoritos», asegura. «La idea es que cualquier amante de la música encuentre aquí un libro que le resuene».

A nivel autonómico, la Comunidad de Madrid lideró en 2024 los índices de lectura en España, con un 76,8 % de población lectora, seis puntos por encima de la media nacional (70,3 %), según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España.

Por ahora, algunas de sus estanterías están organizadas por editoriales, tanto por practicidad como por estilo de lectura. «Hay personas que conocen muy bien los catálogos de ciertas editoriales y vienen a buscarlos directamente», explica. Otros entran sin una idea clara. «Me gusta que la gente venga a explorar, a mirar, a descubrir libros que no conocían». Ese proceso de descubrimiento es clave para el proyecto. «Que alguien se lleve un libro que no planeaba comprar es una de las experiencias más gratificantes», dice Fraile.

El local que alberga la librería era anteriormente una peluquería senegalesa. La reforma ha sido significativa, pero Fraile ha querido conservar una sensación de espacio abierto y versátil. «Buscábamos que fuera polivalente», comenta. Los muebles son modulares y móviles. «La idea es poder moverlos y adaptar el espacio para presentaciones, charlas o incluso pequeños conciertos acústicos». Todo está diseñado para que la librería sea «un espacio vivo».

«En Lavapiés hay librerías de segunda mano, librerías especializadas, bares históricos», enumera. «No lo percibo como competencia». Por el contrario: «Creo firmemente en las sinergias». Si no tiene un libro, dice que encantado refiere a otra librería cercana. «Lo importante es que la gente encuentre lo que busca, sea aquí o en otro lugar».

Sin embargo, esta perspectiva comunitaria coexiste con una conciencia clara de las dificultades. «Las ciudades están gentrificándose», advierte. «Cada vez hay más turismo y los precios aumentan». Emprender en Madrid, aclara, no es fácil. «Encontrar un local, asumir un alquiler, realizar una reforma… todo eso es complejo». A esto hay que sumar la realidad del sector editorial.

«Aquí no hay garantías, debes arriesgarte y confiar. No es un negocio sencillo», resume el ahora librero. Fraile no idealiza el emprendimiento cultural. «Hay negocios mucho más rentables», admite. «Si decides montar una librería, eres consciente de los retos que enfrentas».

Su decisión está íntimamente relacionada con su trayectoria personal. Por años trabajó en cooperación internacional, tanto para organismos públicos como para ONG y la ONU. «Era mi vocación», explica. Pero con el tiempo comenzó a sentir que algo se había agotado. «Menos cada vez me llenaba». La música, en cambio, siempre estuvo presente, esperándolo. «Siempre ha sido una devoción».

Simultáneamente a su trabajo, Fraile escribió sobre música, tomó un curso de crítica musical y colaboró con revistas especializadas. «Empecé a escuchar a mi propia voz», recuerda. Redujo encargos, viajó y reconsideró su camino. «No fue una decisión repentina», dice, sino que «fue un proceso extenso».

La idea de la librería había estado rondando su mente desde hace tiempo. «Era un sueño lejano», confiesa. Pero este finalmente se impuso. «Al final, prioricé la librería sobre el hecho de dedicarme solo a escribir sobre música». El nombre, de hecho, simboliza esa decisión. «Los perros de lluvia son los que se desorientan tras la tormenta», explica. «Gente que va contracorriente», dice Fraile, quien se identifica con esa metáfora.

Los primeros días han sido intensos, para su sorpresa. «Ha recibido a mucha gente del sector», cuenta. Editores, músicos, lectores, curiosos. «Es gratificante ver cómo la gente recomienda libros y te descubre títulos que te habías perdido». El catálogo, afirma, «evoluciona con los lectores».

La actualidad también tiene su impacto. Las muertes de figuras como Robe o Jorge Ilegal ocurrieron justo al abrir. «Es triste que la gente se acerque a un artista tras su fallecimiento», reflexiona. «Pero si eso ayuda a que alguien descubra su obra, algo bueno tiene».

Más allá de las ventas, Fraile enfatiza la importancia de forjar un espacio de encuentro. «La gente necesita compartir sus pasiones», subraya. «No todos tienen a alguien en su entorno con quien hablar de música». La librería aspira a cubrir ese vacío. «Un lugar donde venir, relajarse, hojear y charlar». Además, en Perros de lluvia también se ofrecen camisetas, bolsas de tela y algunas láminas.

En los próximos meses, comenzarán las presentaciones, charlas e incluso pequeños conciertos acústicos. «Siempre respetando la normativa», aclara. «No se trata de hacer ruido, sino de compartir». Y es que Fraile sostiene que la gente anhela compartir pasiones, en este caso la música, y espera que su librería se convierta en ese espacio.

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