Pinto: El Núcleo del Chocolate en España y Su Dulce Herencia


Situada en el corazón de la Península Ibérica, Pinto fue durante más de siete décadas el epicentro del chocolate en España. Aunque hoy el municipio es más reconocido por su riqueza medioambiental, su notable capacidad hotelera y el paso del Tren de la Fresa, en esta localidad no olvidan que fue la cuna de la primera gran fábrica de chocolate impulsada por vapor en el país: la Compañía Colonial.

El 1 de agosto de 1866 marcó el momento en que los motores de esta emblemática fábrica se pusieron en marcha por primera vez, llenando la ciudad de un intenso aroma a cacao. Detrás de este ambicioso proyecto se encontraba el empresario francés Jaime Méric Saisset, quien optó por trasladar su producción desde Madrid, aprovechando la conexión ferroviaria de Pinto con la costa de la península.

La fábrica se transformó en un motor económico, social y ahora cultural. En su época, llegó a emplear a más de 500 trabajadores, una cifra considerable considerando que la localidad contaba con apenas 2.000 habitantes en aquella época. Además, la familia Méric no solo generó empleo, sino que se comprometió con la ciudad, participando activamente en el desarrollo de las infraestructuras de Pinto, como la construcción del nuevo matadero municipal.

La Compañía Colonial no fue una chocolatera común. Fue proveedora de reyes, papas y emperadores. Su prestigio cruzó fronteras, pero donde realmente dejaron su marca fue en Pinto, un pueblo que aún recuerda a la familia Méric con un busto en su honor situado en la chimenea de la antigua fábrica.

Justo Almendrote, un referente del presente

El recientemente nombrado embajador gastronómico de la ciudad es una de las figuras clave que sostiene la recuperación del legado chocolatero del municipio.

Almendrote comparte con Madridiario que lo que realmente lo fascinó del chocolate fue su versatilidad. Aún recuerda que su aroma envolvía todo el municipio durante su infancia: “Me cautivó el producto, su capacidad para moldear, crear y experimentar. Recuerdo Pinto como un lugar que olía a chocolate”.

Una de las principales contribuciones del pastelero en la localidad es indudablemente el Ombligo de Pinto, creado en 2020. La idea surgió de una charla informal con uno de sus antiguos alumnos, Guillermo Cortero, quien más tarde se convertiría en concejal del municipio. Buscaban diseñar un postre con significado, representativo y duradero. Y lo lograron: un bizcocho de zanahoria, que rinde homenaje al Pinto hortelano, fresa en tributo al paso del Tren de la Fresa por la ciudad y, por supuesto, chocolate en recuerdo de la histórica fábrica. Todo ello coronado con un nombre que hace alusión a su forma: «ombligo», en referencia a la forma del postre y la ubicación geográfica del municipio.

Ombligo de Pinto

El pastelero, reconocido con numerosos galardones, también ha compartido generosamente la receta del Ombligo de Pinto con las pastelerías locales para que puedan comercializarlo sin restricciones: “No quería que fuera solo mío. Es algo de Pinto para Pinto”.

«Es algo de Pinto para Pinto»

La contribución de este dulce fue también reconocida a nivel institucional con el nombramiento de Justo como Embajador Gastronómico de Pinto, un hecho que tiene un significado especial para el pastelero: “He ganado muchos premios, pero esto es diferente. Es mi pueblo. Para mí eso lo es todo”.

Justo Almendrote

El chocolate como atractivo turístico

En la actualidad, el Ayuntamiento está trabajando para fortalecer esta tradición, aún poco conocida fuera de Pinto, con campañas locales en fechas señaladas como San Valentín, el Día del Padre o la Feria de Chocolate, que se celebra cada septiembre con recreaciones históricas, catas, teatro y productos artesanales.

De cara al futuro también hay proyectos en desarrollo. La próxima creación de una Guía Hostelera del Chocolate, que incluirá pastelerías y restaurantes que ofrezcan platos elaborados con cacao, promete atraer turistas interesados en explorar la oferta gastronómica de Pinto. Y en el corazón de todas estas iniciativas, el Ombligo de Pinto, por supuesto. Protagonista en cada pastelería de la ciudad, no solo se ha convertido en un bocado que encapsula la historia de su municipio, sino también en una receta que satisface el paladar y eleva el orgullo de un pueblo que un día fue epicentro del chocolate en España.

Start typing and press Enter to search