Por este lugar han transitado numerosas generaciones
Durante años, para muchos coruñeses, La Flor del Jamón ha sido el destino ideal para merendar tras salir del colegio. Bocadillo en mano y de pie en la barra, era una parada casi ineludible antes de regresar a casa. Hoy, sigue siendo uno de esos locales tradicionales donde las cuentas aún se hacen a mano.
Por aquí han pasado abuelos, padres, hijos y nietos. Desde que José Manuel y María aterrizaron hace 27 años, nada ha cambiado. En la entrada, la tienda; al fondo, el bar. Así como lo deseaban sus fundadores en 1962, cuando inauguraron esta taberna en la calle Cordelería.
«Cuando asumimos el negocio, quisimos mantener todo igual», comenta su actual dueño. A sus 67 años, no puede evitar pensar en su jubilación. «No me importa si algún día entra alguien y hace cambios. Lo que no quisiera es pasar y verlo cerrado», admite. Estima que en unos tres años dejará el negocio. «Solo espero que siga adelante», añade.
Y razones no le faltan para tener confianza. «Si hemos llegado hasta aquí, será por algo«, asegura. En una calle donde muchos comercios han cerrado con el tiempo, La Flor del Jamón continúa resistiendo.
Es uno de los pocos lugares que permanecen de antaño: un sitio donde disfrutar de un vino o una cerveza junto a embutido de calidad, seleccionado directamente desde el mostrador.
«Generaciones enteras han pasado por aquí«, cuenta María, su esposa, que ha trabajado toda su vida a su lado. «Y eso que llevamos muchos años casados», añade entre risas.
Ambos rememoran las colas que se formaban para comprar bocadillos. Y en la actualidad, esas colas todavía continúan. A las 17:30, hora en la que abren por la tarde, ya hay gente esperando para merendar.
Y no es para menos: por cuatro euros, ofrecen un bocadillo del tamaño de una cabeza. Una rosca entera de pan, rellena de jamón serrano y queso. Algo difícil de encontrar hoy en día en pleno centro de la ciudad.
Muchas horas de trabajo
«Esto es trabajar muchas horas», sintetiza José Carlos. Abren de lunes a viernes de 9:30 a 15:00 y de 17:30 a 23:00. Los sábados mantienen el mismo horario, comenzando media hora más tarde en la mañana.
Aunque también ofrecen productos para llevar, nunca han dejado de funcionar como bar. La idea es que la gente entre, coma allí y se quede un rato. Los bocadillos son su seña de identidad, tanto para llevar como acompañados de una cerveza.
José Carlos y María atienden siempre con calidez, al igual que el resto del equipo. Y tal vez esa sea la clave : un lugar sencillo, sin artificios, de los de toda la vida, que sigue en pie mientras muchos otros ya no están.



