Primero tomaremos Madrid.
Primero tomaremos Madrid y luego nos dirigiremos a Berlín. No lo expresó así García Lorca, ni lo cantó Morente, ni lo entonó Leonard Cohen, aunque los tres jugaron a las escondidas con frases similares y compartieron el mensaje universal de que los débiles tienen derecho a soñar y las palabras a fluir encapsuladas en un melancólico vals vienés o en una profunda seguiriya. Las mascaradas zamoranas mostrarán sus caretas el sábado en la capital española y desplegarán una pancarta invisible en la Puerta del Sol con el lema: “Queremos ser lo que fuimos, pero sin olvidar lo que seremos”.
Este es el mensaje que llevaremos a Madrid el fin de semana, que las mascaradas son una de las pocas realidades vivas que quedan en la España Abandonada. Vestigios vibrantes de un pasado de miseria lleno de energía, cuando la cultura rural, empapada en animismo y mitos agrarios, era la medida absoluta del limitado mundo conocido: había pocos bienes porque no existían necesidades que aún no se habían inventado. La celebración servía para crear comunidad, ya que el grupo era lo único que podía rescatar, por un tiempo, a hombres y mujeres de la muerte.
Con las “calantroñas” erguidas y los visparros listos para atacar, comenzaremos con talanqueiras, caballicos, pajaricos, zamarrones, diabluchos y atenazadores. Y al que aún se resista, le enviaremos la infantería dirigida por filandorras, carucheros, birrias y madamas. Y si no se rinden, desataremos una razia de tafarrones, molacillos, toros y vacas bayonas. Y al final, si es necesario rematar a los más obstinados, soltaremos a zangarrones y fieras corrupias, como lupercos desatados, para que lo hagan con vergajo, látigo, tridente y lo que se necesite.
Se van a dar cuenta en Madrid. Estamos hartos de que no nos tomen en cuenta, de que nos desprecien, de que no se valore nuestro esfuerzo, a pesar de que nos han robado a nuestros jóvenes. Generamos muchas de las energías que consumen, los alimentos que ingieren. ¿De qué sirve proteger el oxígeno que respiran y encapsular y secuestrar el carbono? Les hemos cedido una parte significativa de nuestros derechos ¿y qué?, ni siquiera lo reconocen.
Madrid nos ha absorbido y encima se engalla y nos anula. ¡Se van a enterar los madrileños que pillemos desprevenidos el fin de semana! ¡Qué nadie se engañe! Primero tomaremos Madrid, luego Berlín y a la vuelta, París y lo que venga. ¡Ah, y que se prepare Nueva York, la bombardearemos con cenizas! ¡Ha comenzado la rebelión de las mascaradas!
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