Puente de Vallecas frente a Retiro: 257 pasos dividen el Madrid contaminado del Madrid limpio | Noticias de Madrid
Si te encuentras en la calle Melquíades Biencinto de Puente de Vallecas y no hay un contenedor de basura disponible, no te preocupes. Toma tu bolsa de residuos, aparta el colchón que alguien dejó tirado desde anoche, dirige tu mirada hacia el sonido de la M-30 y sigue recto. Solo treinta pasos. Luego, gira a la derecha, sigue la dirección de los coches hasta el semáforo. Cruza el paso de cebra. Después otro y, un poco más adelante, uno más. En menos de tres minutos habrás cruzado la frontera de la M-30. Camina unos metros por la Avenida de la Ciudad de Barcelona, hasta el número 222 por ejemplo. Ahí lo tienes. Solo han sido 257 pasos. Esto es otra historia. Escoge el contenedor que más te guste. A partir de las siete de la tarde, los verás perfectamente alineados, ya que es la hora en que los porteros de las fincas los sacan a la calle. Se supone que cada vecino tiene asignados los suyos. Retiro es “otro mundo”: no verás una sola bolsa tirada en el suelo ni contenedores a punto de rebasar.
David Collado, de 52 años, es portero de un edificio residencial en Retiro “Sur”. “Lo llamo otro mundo porque aquí no huele a orina”, dice. Collado nació en este lado de la M-30, aunque ha pasado gran parte de su vida en Vallecas. “Vivo cerca del estadio del Rayo y voy todas las semanas”, explica. “Soy de los pocos que cruzan de aquí hacia allá”, asegura. Collado es metódico a la hora de sacar y recoger los cubos de su comunidad, que están disponibles de ocho y media de la tarde a nueve de la mañana. “Retiro está limpio. El problema de Puente de Vallecas es de abandono, de que no se le presta la misma atención. Lo están convirtiendo en un guetto. Muchas calles huelen a orina, es un olor incrustado. Ves basura por todas partes, sea la hora que sea”, asegura. “Desde este lado, lo que veo es que la diferencia va en aumento. Aquí las tiendas de alimentos se coordinan con los conserjes para dejarles su basura. Allí es un caos”, concluye.

La gestión de residuos en Madrid se divide en dos categorías: la recogida de basura, que se refiere a los cubos de basura, y la conocida como “limpieza viaria”. Según el Ayuntamiento, en Vallecas “no hay un problema específico de acumulación de residuos por falta de servicio, sino por conductas incívicas”. No obstante, una fuente del Comité de Empresa del colectivo de basureros de Residuos Sólidos Urbanos afirma que “la diferencia entre un lugar y otro es abismal”. “La desigualdad empieza porque en Retiro hay cubos domiciliarios y en Puente de Vallecas, contenedores. Los contenedores, que se recogen con carga lateral por un camión que solo lleva al conductor, solo existen en la periferia de Madrid. Eso es clave. Los cubos domiciliarios son recogidos por personas. Puede haber dos operarios -mozo y conductor o, en el caso de orgánico y restos, tres operarios, dos mozos y un conductor. Solo por una cuestión de personal, esto proporciona mucho más control”, añade. “Además, los contenedores son tan pesados que los de limpieza viaria no pueden moverlos para barrer debajo, y los residuos se acumulan”, indica.
Olga Martínez, concejala de Más Madrid en Puente de Vallecas, menciona que “en Puente de Vallecas la basura abunda. Este distrito es el cuarto de 21 con más quejas de limpieza. La gente de los barrios del sur de Madrid merece los mismos servicios públicos de calidad que el resto de los distritos. Es evidente que esta desigualdad no es un accidente, sino una decisión política”, observa.

En cuanto a la limpieza viaria, en 2024 el grupo municipal Más Madrid elaboró un informe para resaltar las desigualdades en la recogida de basura de esta categoría entre los distritos. El estudio examinó los tipos de limpieza aplicados en los 21 distritos de la ciudad: barrido, baldeo o equipo de apoyo, por ejemplo. Retiro, junto a Chamberí y Salamanca, es uno de los tres distritos más limpios. Existen cuatro niveles de limpieza según su intensidad. El nivel 1 implica “barrer cinco veces a la semana de forma intensiva” y realizar “todos los días” un barrido de mantenimiento. Mientras que en Retiro se aplica el máximo nivel de intensidad en el 28% de su superficie, en Vallecas —a solo 200 metros— solo se hace en un 4%.
Respecto al presupuesto, en los distritos de Moratalaz, Puente de Vallecas, Vicálvaro y Villa de Vallecas se destinan 38,9 millones de euros para limpiar una superficie de 18 millones de metros cuadrados. En contraste, en Arganzuela, Retiro, Salamanca y Chamartín, se asignan 45,6 millones de euros para una superficie de 7,5 millones de metros cuadrados. Es decir, 6,7 millones más para una área que es un 61% más pequeña.
Desde el ayuntamiento argumentan que “los recursos para limpieza se asignan en función de la intensidad del uso de las vías públicas (intensidad del turismo, actividad comercial o laboral y presencia de centros donde trabajan personas de otras partes de la ciudad o del exterior); la velocidad de ensuciamiento y las características urbanísticas de cada entorno. Puente de Vallecas tiene un nivel de limpieza superior al de distritos como Chamartín o Arganzuela y muy similar a otros como Retiro o Salamanca”. “No se hace distinción entre unos barrios y otros por cuestiones que no sean técnicas y de eficiencia”, añaden.

El pasado 12 de enero, varias decenas de vecinos de Vallecas se manifestaron frente a la Junta de Distrito con bolsas de basura para recordarle a su concejal en el Ayuntamiento de Madrid, Ángel Niño, “cómo están las calles”. Los manifestantes le pidieron a Niño, a quien apodaron “concejal missing”, que “se preocupara por los vallecanos y peleara por ellos en el consistorio”. “Es tan triste la situación que ni la entrada de la Junta de Distrito está limpia, observa los árboles con botellas y plásticos alrededor”, comenta una mujer del colectivo Vallecas está harta, semanas después de la concentración. Desde aquel día, Niño parece decidido a mejorar su percepción entre la gente. Cada día, con puntualidad, publica en su cuenta de X varios mensajes con fotos de los equipos de limpieza recogiendo casi cada hoja que cae al suelo. “Eficiencia y rapidez”, define el concejal.
Un barrendero municipal, de unos 50 años, recorre la calle de Arruegui y Arruej, en el barrio de Adelfas, contiguo a la M-30 desde el lado de Retiro, pasadas las cinco de la tarde. El trabajador, que prefiere permanecer en el anonimato por temor a perder su empleo, es acompañado por un compañero que actúa como avanzadilla unos metros más adelante y un pequeño camión de limpieza que se encarga de “recoger ramas y objetos grandes”.
—¿Notas alguna diferencia entre ambos lados de la carretera?
—Bueno… Eso es otro asunto. Lo que se dice es que esa zona es más problemática. Aquí tenemos que mantenerlo bien porque hay turistas, cada vez más. Y si subes hacia el Paseo del Prado, verás que está aún más brillante.
—¿Se dan instrucciones para cuidar más de esta parte debido a los turistas?
—No, no. Yo no he dicho instrucciones —, y hace una pausa. —Pero sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer y lo que esperan que hagamos. Ya me entiendes.

Una de las personas que se cruza con los barrenderos es Roberto López, de 42 años. López se dirige a su hogar: Vallecas. “Hace cinco años vivía en Retiro, en la Avenida de la Ciudad de Barcelona. Nos mudamos debido al precio del alquiler y llegamos a Vallecas”, recuerda. “Solo te das cuenta de la recogida de basura cuando es un servicio que no funciona, como aquí. No esperaba encontrarme con esto. Cada día ves muebles en los contenedores, bolsas acumuladas, solares llenos de escombros. Mira ahí”, dice señalando un espacio con sofás deteriorados en la calle Sicilia. “La M-30 es la gran frontera de Madrid. He conocido las ratas en Vallecas. No es que la gente aquí sea más sucia, sino que el cuidado por parte de las autoridades, según mi experiencia, no es el mismo. En esto y en todo lo demás”, opina.

En el corazón del barrio de San Diego, Miguel Alcázar, de 71 años, pasea pasadas las cinco de la tarde por la calle Monte Igueldo. Allí, los fruteros sacan su basura con productos en mal estado durante todo el día, saturando los contenedores comunes. La mayoría de los comerciantes no tienen sus propios contenedores. “Un espacio ordenado es un espacio seguro que favorece la convivencia”, reflexiona. “Eso es lo contrario de lo que hace aquí. Vallecas, en unos años, ya no será Vallecas”,
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