¿Quién podría resistirse a una travesti barroca del Siglo de Oro?



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En ‘El Rey de la Farándula’ (Teatro de la Comedia, Madrid), Segismunda, una figura andrógina, elocuente y provocadora, sirve de hilo conductor en este cabaret barroco que nos permite, a través de su visión, explorar tanto el esplendor cultural de la Corte de Felipe IV (el Rey Pasmado), como su oscura realidad: guerras, decadencia política y el desgaste de un imperio que da signos de quiebre. En este espectáculo íntimo y divertido, dos travestis barrocas y talentosas convierten a los espectadores en cómplices y testigos de los secretos de un rey, considerado un adicto al sexo, y logran hacernos creer que cada uno puede ser quien desee, que la identidad no se limita a estereotipos y que la diversidad es un hermoso ave que despliega orgullosa sus plumas al viento.

Llegué al Teatro de la Comedia en una tarde fría y lluviosa, consciente de que, una vez sentado en mi butaca, todo lo que quedó fuera se desvanecería. Tenía plena confianza en el talento de Ángel Ruiz, protagonista, director y dramaturgo de El rey de la farándula (LAZONA Teatro). Lo recordaba por su memorable interpretación del personaje de Lorca en El Ministerio del Tiempo (RTVE), con la que ganó un Premio de la Unión de Actores en 2015, además de su papel como el cantante malagueño en Miguel Molina al desnudo, que le otorgó un Premio MAX al Mejor Actor Protagonista (2017) y otros reconocimientos. Sin embargo, más allá de estos logros, Ángel Ruiz es un actor versátil que ha recorrido diferentes géneros, desde el teatro musical hasta el clásico y contemporáneo. Era una garantía y, efectivamente, no me decepcionó.

Cuando las luces se encendieron y lo vi travestido detrás de un marco dorado, como si fuera una obra barroca, supe que estaba en un espacio seguro y propicio para el disfrute. A su lado, en el piano, también maquillado y con una exuberante melena (no una peluca), estaba Bru Ferri, pianista, compositor y cantante, encargado de la dirección musical del show. Su primera canción, que rompió el hielo de la fría tarde, me trasladó a otra época, como si también yo cruzara ese marco.

Mediante una retórica ingeniosa, canciones magistralmente interpretadas, poemas y confesiones a media luz, el personaje de Segismunda (Ruiz), una cautivadora combinación de actor, cantante y pícaro, junto a su leal Dixelia (Bru), amiga, confidente y disléxica, para deleite del público, nos lleva hasta el Siglo de Oro, directamente a la corte de Felipe IV, el Rey Pasmado.

Segismunda, figura andrógina, elocuente y provocadora, es el hilo conductor de este cabaret barroco que nos permite acceder al esplendor cultural de la Corte, así como a su lado más sombrío: guerras, decadencia política y el desgaste de un imperio en crisis.

Ruiz y Bru rompen la cuarta pared, eliminando la distancia entre el público y los intérpretes, y, mediante una confesión teatral cargada de emoción e ironía, nos ofrecen una lección de historia. El reinado de Felipe IV fue una época de gran efervescencia artística en España, con figuras como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo y Velázquez, el pintor oficial del Rey. No obstante, este florecimiento cultural coexistía con una crisis económica y militar. El Rey de la Farándula examina precisamente esa tensión entre esplendor y derrumbe, entre artificio y realidad.

En este divertido y cercano espectáculo, Segismunda convierte a los espectadores en cómplices y testigos de los secretos de un Rey, conocido por su insaciable apetito amoroso, con una extensa lista de amantes y alrededor de 42 hijos, entre legítimos e ilegítimos, y cuya relación con el actor homosexual Juan Rana, su protegido, sigue siendo objeto de interés y especulación.

Segismunda utiliza la sátira y el desenfado como herramientas para motivar una reflexión sobre los mecanismos del poder y la interacción entre el arte y la política. Todo esto, acompañado de canciones renacentistas y barrocas de Monteverdi, José Marín y Juan Hidalgo, poemas de Quevedo y Calderón, y temas contemporáneos que entrelazan pasado y presente para nuestro deleite.

Un momento de la representación de 'El rey de la farándula'. Foto: Javier Naval.

Ángel Ruiz, en la representación de ‘El Rey de la Farándula’. Foto: Javier Naval.

La estética de la obra –con tonos de rosa flúor y oro– refuerza la idea de un cruce temporal. El vestuario y la iluminación crean un ambiente donde lo barroco convive con lo contemporáneo, sin caer en excesos, forjando un espacio simbólico: el teatro como refugio, como trinchera en tiempos difíciles. Porque si algo representa El Rey de la Farándula, es un tributo a los artistas, a los intérpretes y creadores que a lo largo de la historia han sido relegados al olvido o al destierro en tiempos adversos. Segismunda y Dixelia nos recuerdan que el teatro no solo entretiene: resiste, denuncia y celebra la pasión de quienes se entregan en el escenario, incluso cuando el clima exterior es gélido y llueve intensamente.

En el transcurso del espectáculo, estas dos travestis barrocas y talentosas, que ya son las mejores amigas del público, logran convencernos de que cada uno puede ser como desee, que la identidad no se limita a moldes y que la diversidad es un espléndido ave que despliega sus plumas al viento con orgullo.

Tras el apagado de luces y el estallido de aplausos y vítores en el patio de butacas, salí de la sala con una sonrisa, canturreando una de las melodías de Segismunda y Dixelia, convencido de que, al salir, habría cesado la lluvia.

‘El Rey de la Farándula’ continúa en el Teatro de la Comedia (Madrid) hasta este domingo. Entradas agotadas. Estamos a la espera de nuevas oportunidades para ver este brillante y divertido espectáculo.

Si necesitas algún cambio adicional, no dudes en pedirlo.

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