Robe Iniesta, la figura más controvertida y apreciada del rock español, fallece a los 63 años.
Roberto Iniesta Ojea, conocido como Robe, ha fallecido en Plasencia a los 63 años. La noticia ha sido difundida por su familia y su equipo a través de un mensaje breve pero desgarrador, donde lo describen como “maestro de maestros” y “último gran filósofo, humanista y literato contemporáneo de lengua hispana”.
Su muerte ocurre un año después de que tuviera que cancelar de forma urgente los últimos conciertos de su gira Ni santos ni inocentes debido a un tromboembolismo pulmonar, una condición que lo forzó a reposo absoluto y que ya había preocupado a sus seguidores.
En los días venideros se dará a conocer el lugar y la hora del homenaje público en Plasencia, la ciudad donde nació en 1962 y de la que era Hijo Predilecto.
Del bar de barrio al mito absoluto del rock en español
Robe no era un músico “convencional”. Abandonó los estudios en tercero de BUP, trabajó con su padre y se las ingenió mientras comenzaba a componer canciones y formaba su primer grupo, Dosis Letal.
En 1987 creó Extremoduro. El inicio fue casi legendario: vendiendo boletos en bares para financiar su primer álbum y recorriendo locales de medio país mientras su rock “transgresivo” se pasaba de cassette a cassette.
A lo largo de los años llegaron los discos que transformaron el panorama del rock español:
De esas épocas nacieron canciones que hoy son un legado sentimental para varias generaciones: “Jesucristo García”, “So payaso”, “La vereda de la puerta de atrás”, “Salir”, “Ama, ama y ensancha el alma” o “Puta”, entre muchas otras.
Su éxito siempre fue en contra de la corriente: letras crudas, a veces incómodas, repletas de sexo, drogas, filosofía de bar y una poesía muy personal, nada académica pero profundamente reconocible. La industria llegó después; primero fue la calle.
Un letrista que convirtió la marginalidad en filosofía
Con el tiempo, Robe fue abandonando parte de la sordidez de sus primeras letras para dar paso a textos cada vez más existenciales. En discos como La ley innata o ya en solitario con Mayéutica y Se nos lleva el aire, se observa a un escritor maduro, obsesionado con preguntas sobre el sentido de la vida, la libertad, el miedo y el arte mismo.
No contaba con una voz “hermosa” en el sentido clásico, pero su manera de cantar era inseparable de lo que relayaba: rota, urgente, casi siempre al borde del grito. Este contraste entre una poesía muy elaborada y un timbre áspero explica gran parte de su magnetismo.
Además de músico, fue novelista: en 2009 publicó El viaje íntimo de la locura, que vendió miles de copias en su primera semana, confirmando que su atracción iba mucho más allá de los escenarios.
Extremoduro, Robe y el final de una era
Tras décadas liderando Extremoduro, su relación con Iñaki “Uoho” Antón se fue enfriando a medida que el grupo se convertía en una gran maquinaria: giras mastodónticas, grandes recintos y una logística que poco se asemejaba a los tiempos de furgoneta y perro en el escenario.
La gira de despedida de Extremoduro, anunciada para 2020, terminó cancelándose debido a la pandemia y conflictos con la promotora. Robe decidió entonces centrarse definitivamente en su proyecto en solitario, donde creó algunos de los trabajos más destacados de su carrera reciente.
Con su propia banda llenó lugares y auditorios, demostrando que el público lo seguía fielmente donde fuera: bajo la etiqueta de Extremoduro o con su nombre en grande.
“Sexo, drogas y rock and roll”: vida al límite y cambio de piel
Robe nunca ocultó su relación con las drogas ni los años de descontrol, conciertos caóticos y decisiones tomadas “a lo perro”, como él mismo decía. Hablaba de esa etapa sin épica ni victimismo: era parte de la historia del personaje, pero también de sus cicatrices.
Con el tiempo, moderó el ritmo, redujo excesos, regresó con su pareja y se enfocó en escribir y girar de una manera más equilibrada. La rabia seguía presente, pero el enfoque estaba más en las canciones que en el escándalo.
Ese mismo carácter indómito le generó enemigos y vetos, pero no impidió que construyera una legión de seguidores leales en España y Latinoamérica, ni que influyera de manera directa en numerosas bandas posteriores: desde Marea hasta Estopa, incluyendo grupos de rock urbano y cantautores que lo han considerado siempre una referencia.
Un 2025 negro para el rock español
La muerte de Robe se produce solo un día después del fallecimiento de Jorge Martínez, líder de Ilegales, también una figura clave del rock en español.
En cuestión de horas, las redes sociales se vieron colmadas de mensajes de duelo de músicos, escritores y fans que crecieron con sus discos. Muchos subrayan la misma idea: que Robe fue capaz de llegar a todo tipo de públicos sin suavizar su lenguaje ni domesticar su mirada.
Lo que queda: canciones para varias vidas
Quien se acerque por primera vez a Robe encontrará una discografía vasta:
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14 discos entre Extremoduro y proyectos paralelos
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5 álbumes en solitario, con Mayéutica y Se nos lleva el aire como grandes éxitos recientes
En ellos hay borracheras y filosofía, amor desaliñado y ternura, rabia política, humor, delirios metafísicos y una forma muy española de observar la miseria y la belleza de la vida cotidiana.
Quizá por eso sus canciones han resonado igual en pisos de estudiantes, fiestas de pueblo, plazas de toros, salas pequeñas, festivales gigantes o en cascos económicos camino al instituto.
Se ha ido Robe Iniesta, pero persiste lo que verdaderamente importa en un músico: un repertorio que seguirá siendo cantado muchos años después de que el ruido del presente se apague.



