Siempre deseamos permanecer en el barrio
En Chamartín aún existe un espacio que evoca el aroma de la madera y el barniz, símbolo de un trabajo meticuloso. En el número 19 de la calle Infanta María Teresa se localiza Margharetta, uno de los escasos talleres artesanales de enmarcación que perdura en la capital, y el próximo año celebrará medio siglo de trayectoria. Justo enfrente, Alba Puente, improvisada responsable del taller a sus 22 años desde septiembre, representa la tercera generación que mantiene viva esta tradición en un local ya célebre en el barrio.
Puente es nieta de los creadores de Margharetta: María del Pilar Isern y Teófilo Sastre. En 1976, ambos emprendieron un negocio sin imaginar que cinco décadas más tarde seguiría existiendo. Con el tiempo, todos sus siete hijos se involucraron en la empresa. «Algunos se ocupaban más del área administrativa, otros del taller, pero todos han estado vinculados de alguna manera a Margharetta«, comenta la actual encargada del local.
De entre esos siete hijos se destaca Marien Sastre Isern, la madre de Alba, quien en 2015 optó por continuar con el negocio tras la pérdida de la abuela de la actual gestora de Margharetta. «Ella ahora está enferma y yo estoy al cargo. Es increíble, porque tengo muchos recuerdos de mi infancia en el negocio tan familiar, compartiendo momentos con mis tíos», rememora Puente.
Margharetta se mantiene como uno de esos establecimientos que se han convertido en un referente en un barrio caracterizado por la agitación y la rapidez, como gran parte de los distritos de la capital. «Es cierto que nos mudamos cuando mi madre tomó el local, pero fue solo dos calles más allá, nunca quisimos alejarnos del barrio», aclara Puente al referirse a su ubicación anterior en la calle Cochabamba.
Para ella, Margharetta es como «casa«. No es sorprendente. A punto de cumplir 50 años, los vecinos también lo consideran un punto de referencia. Es común ver a personas que pasan y le cuentan a Puente que conocieron a sus abuelos o que preguntan por sus tíos.
Un negocio con futuro
Poco puede decir sobre cómo era la enmarcación artesanal en 1976. «Aunque parezca increíble, creo que hay bastante demanda», admite. Aún hay clientes dispuestos a optar por una labor artesanal incomparable con los marcos que se encuentran en las grandes superficies. Puente es muy consciente de esto: «Aquí ofrecemos una atención personalizada, no solo para enmarcar fotografías o láminas, sino también cualquier objeto, como camisetas, matrículas, collares, crucifijos y medallas».
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Es verdad que los talleres artesanales como Margharetta eran más populares en el pasado, pero se mantienen gracias a la noble reputación forjada a lo largo de los años por sus fundadores, María del Pilar y Teófilo. La actual gerente es consciente de su legado. «Quiero ampliar el buen estatus que posee la tienda. Estoy trabajando para dar a conocer todo lo que hacemos, porque la gente a veces piensa que solo se pueden enmarcar fotografías o láminas», señala en una conversación telefónica con El Confidencial.
La diversidad de molduras y formatos ha sido clave para el éxito del negocio. Actualmente, Puente trabaja con dos compañeras. Sofía atiende a los clientes en la oficina algunos días, mientras que Ana realiza sus tareas en el taller. Puente se mueve entre ambos espacios casi al mismo tiempo.
En cuanto a precios, Puente asegura que, como en tantas cosas, hay opciones para todos los gustos y presupuestos. «Si buscas algo muy especial, puede que el precio sea más elevado, pero siempre intentamos adaptarnos a las posibilidades del cliente porque siempre hay alternativas más económicas en molduras y enmarcación«, añade Puente. Y para quienes tengan dudas: en Margharetta los costos no son equivalentes a los de las grandes superficies, ya que la calidad de los trabajos marca la diferencia.

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Una labor artesanal
Enmarcar es un arte que muchas veces pasa desapercibido. En Margharetta, por ejemplo, siempre buscan que el marco complemente lo que se enmarca sin quitarle protagonismo. «Siempre es según el gusto del cliente. Podemos asesorar, pero es el cliente quien decide lo que realmente desea», explica Puente.
Una vez escogido el marco entre las cientos de opciones que ofrecen, surge la decisión sobre cómo se presentará la obra. Puede ser enmarcada con cristal, en profundidad o con doble moldura y paspartú, explica la responsable del negocio. «Las posibilidades son infinitas. Podría estar horas hablando sobre los tipos de enmarcaciones que podemos realizar, y es justo eso lo que me gustaría comunicar a la gente», reitera.
En Margharetta se realiza todo el trabajo necesario. Reciben maderas de tres metros y Puente se encarga de cortarlas en la máquina. Luego procede a ensamblar y cortar el paspartú, el cristal y la parte trasera. Según las necesidades del trabajo específico, tensan el bastidor del lienzo o lo colocan entre cristales, por ejemplo.

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Puente cree que trabajos tan meticulosos deberían ser más valorados por las personas. Sin embargo, aún hay quienes aprecian la tradición. Entre sus principales clientes se encuentran personas de mayor edad, aunque algunos jóvenes comienzan a interesarse, gracias al impulso que Puente está dando al negocio a través de redes sociales. Si tuviera que elegir una franja de edad, admite que la mayoría de sus clientes tienen entre 40 y 50 años.
En contraste, los más jóvenes parecen ser más propensos a la inmediatez, una característica que no siempre se ajusta al trabajo meticuloso y lento de los talleres artesanales. Sin embargo, en Margharetta aseguran que suelen tardar, como mucho, un día en preparar un encargo. Durante estas épocas de pedidos y regalos navideños, el tiempo de espera se sitúa en alrededor de 15 días.
Del doble grado a la enmarcación
Puente, con sus 22 años, hasta este verano se encontraba realizando un doble grado de Derecho y Criminología. Se encontraba en su último año cuando circunstancias imprevistas le llevaron a dejar la formación académica y dedicarse por completo a Margharetta. «Mi madre enfermó y decidí continuar con el negocio. Es algo que realmente me apasiona y he descubierto que me siento muy a gusto trabajando aquí, sobre todo gracias a lo que he aprendido de mi madre en estos años», señala.
Las horas vuelan y el tiempo nunca se le hace largo. Puente se siente feliz en Margharetta. «No descarto que mi futuro esté aquí y no en el campo del derecho o la criminología. Esto me gusta mucho más que lo que planeaba en mi carrera», agrega. Margharetta cumplirá 50 años en 2026. Cuando se le pregunta dónde imagina el taller dentro de medio siglo, Puente asegura que quizás más modernizado, «pero con la misma esencia familiar de siempre«.



