Tres jóvenes huyen de la «gran ilusión» de las HAM.



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Las Hijas del Amor Misericordioso están enfrentando una de sus crisis más críticas desde que en julio fueran intervenidas por el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo. Esta intervención se llevó a cabo tras un exhaustivo informe de más de mil páginas del Tribunal de la Rota, el cual valida acusaciones de abusos de poder, de conciencia y sexuales dentro de la organización religiosa. El pasado fin de semana, tres jóvenes consagradas abandonaron de manera inesperada esta asociación pública de fieles que está bajo investigación por la Iglesia.

Según ha confirmado LA RAZÓN, las jóvenes residían en el convento de las conocidas como HAM, ubicado en la localidad madrileña de Los Molinos, y decidieron dar un paso al frente al darse cuenta, según relatan, de la «gran mentira» en la que se encontraban. Actualmente, las Hijas del Amor Misericordioso suman cerca de 120, incluyendo las casas en las archidiócesis de Toledo y Sevilla. A este número se añaden alrededor de treinta seminaristas y sacerdotes de la rama masculina, los Hermanos del Amor Misericordioso, quienes residen en la diócesis de Getafe, así como unos trescientos laicos, considerados fundamentales para el sostén económico del grupo. En la casa de Los Molinos viven aproximadamente veinte consagradas que ahora están bajo la supervisión de Clara, una de las personas de confianza de María Milagrosa Pérez, la superiora general que ha sido destituida de su puesto por el cardenal Cobo.

Este miércoles, las tres jóvenes que huyeron de la comunidad se presentaron en la sede del Arzobispado de Madrid para formalizar su salida de la asociación. Estuvieron vinculadas a la comunidad durante casi tres años y ya habían hecho los votos de pobreza, castidad y obediencia, además de un cuarto voto específico de las HAM, denominado «visión sobrenatural», que según las víctimas de este grupo, implica que «Dios te puede pedir cosas a través de tus superiores que podrían parecerte pecado, lo que se convierte en una vía para cualquier tipo de abuso». Desde el entorno de las HAM desmienten estas acusaciones.

La fuga de este fin de semana se suma a la de otras dos HAM que abandonaron la entidad hace unos meses. Esta organización fue fundada en 1983 por el jesuita Antonio Mansilla y fue reconocida como asociación eclesial en noviembre de 2007 por el entonces arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. «Aparentemente se encuentran bien, pero todas las personas, sean hermanos, hermanas o laicos que dejan el mundo HAM, salen tocados, salimos tocados», comentan familiares de las jóvenes. En esta misma línea, añaden que «sabemos que hay más que desearían dar el paso, pero no se atreven debido a las presiones internas, porque la medicación les limita en parte su voluntad, no saben qué se encontrarán fuera y porque están sometidos a una disociación tal que ya no saben qué es correcto o incorrecto, qué les dice Dios y cómo pueden ser atacados por el demonio».

Fuentes eclesiales destacan el papel de Pilar Arroyo, la comisaria extraordinaria designada por el cardenal Cobo para asumir temporalmente el gobierno de las HAM y reconducir su situación. «A pesar de enfrentar un muro en su contra y del férreo control al que están sometidas las chicas, Pilar no ha cesado en su esfuerzo, se ha reunido con cada una para intentar abrirles los ojos. Aunque parecía que no estaba logrando resultados, empezamos a ver frutos», comenta otra víctima.

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