Trump descarta aplicar la fuerza en Groenlandia y presenta las bases para alcanzar un acuerdo | Internacional
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó este miércoles en el Foro Económico Mundial de Davos un notable cambio en su postura respecto a Groenlandia, un territorio que amenazó con anexar, generando una crisis que representa el mayor desgarro transatlántico en décadas. Durante su intervención plenaria, primero anunció que no ejercerá la fuerza para adueñarse del territorio. Luego, tras reunirse con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump publicó un mensaje en su red social, Truth, en el que sostiene que se han establecido las bases para un acuerdo, sin ofrecer más detalles.
El tiempo traerá perspectiva y clarificará las dinámicas, pero este cambio observado en Davos surge en medio de la agitación de los mercados y la oposición clara manifestada por países europeos y Canadá. La situación se asemeja, aunque no en todos los aspectos, al pulso comercial y tecnológico con China, marcado por embestidas, resistencia, turbulencias en el mercado y retrocesos.
“La gente pensó que usaría la fuerza. No tengo por qué usarla. No quiero usarla. No la usaré”, aseveró, aunque durante su discurso mantuvo con claridad que desea controlar el territorio por motivos de seguridad nacional e internacional, y que lo pretende conseguir mediante negociaciones, lanzando una sutil amenaza a Europa: “Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos. O se niegan, y lo recordaremos”.
El mensaje en Truth, por otro lado, expresa: “Tras una reunión muy productiva con el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, hemos sentado las bases para un futuro acuerdo sobre Groenlandia y, de hecho, sobre toda la región del Ártico. Si se concreta esta solución, será muy beneficiosa para los Estados Unidos y para todas las naciones de la OTAN».
En virtud de este acuerdo con Rutte, Trump afirmó que no impondrá los aranceles que estaban programados para entrar en vigor el 1 de febrero contra ocho países que han desplegado fuerzas militares en el Ártico para respaldar su seguridad y soberanía. “Las conversaciones adicionales sobre el proyecto Cúpula Dorada respecto a Groenlandia están en marcha. Se proporcionará más información a medida que avancen las negociaciones”, escribió el republicano, quien mencionó en su post a su vicepresidente J. D. Vance, al secretario de Estado Marco Rubio, al enviado especial Steve Witkoff, un viejo amigo, y a “otras personas” como los responsables de las negociaciones. “Me informarán directamente”, concluyó el mensaje en Truth.
En un encuentro casual en los pasillos de Davos, Trump afirmó a la prensa poco después de publicar en Truth que el pacto con Rutte otorga a Estados Unidos “todo” lo que necesita. Cuando una reportera le preguntó si eso incluía la propiedad de Groenlandia, respondió: “Es un acuerdo a largo plazo. Infinito… durará para siempre”, insistió.
Un portavoz de la OTAN comunicó que el secretario general de la Alianza Atlántica había tenido una “reunión muy productiva” con el presidente Trump, donde discutieron la importancia crítica de la seguridad en la región ártica para todos los aliados, incluidos los Estados Unidos. Según la declaración del portavoz, “las discusiones entre los aliados sobre el marco al que se ha referido el presidente se centrarán en asegurar la seguridad ártica a través de los esfuerzos colectivos de los aliados, especialmente los siete aliados árticos. Continuarán las negociaciones entre Dinamarca, Groenlandia y los EEUU con el objetivo de garantizar que Rusia y China nunca logren afianzarse, ya sea económica o militarmente, en Groenlandia.
El Consejo Europeo ha confirmado que se mantiene la cumbre extraordinaria de líderes europeos convocada para este jueves, precisamente como respuesta a la crisis provocada por las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia y su decisión, aparentemente ahora revocada, de imponer aranceles a los ocho países que enviaron un pequeño grupo de tropas a la isla ártica en una misión “exploratoria” en días recientes.
Un discurso tenebroso
La renuncia al uso de la fuerza y las perspectivas de un acuerdo son luces en lo que, por el contrario, fue un discurso tenebroso ante la audiencia de la conferencia en la localidad suiza. Una intervención de más de una hora que esbozó los rasgos esenciales de la visión trumpista del mundo, donde Europa es un continente descarrilado, más un peso que un aliado, y que estuvo cargada de amenazas como la mencionada, mentiras, resentimientos, insultos, humillaciones, tergiversaciones e instintos racistas.
Mentiras, como afirmar que la OTAN nunca hizo nada por Estados Unidos, cuando los aliados respondieron según el artículo 5, de defensa mutua, tras el ataque del 11-S de 2001 y lucharon en Afganistán junto a las fuerzas estadounidenses. O que las elecciones de 2020, en las que él perdió, fueron fraudulentas. En este sentido, el presidente anunció próximas acciones legales.
Resentimiento se reflejó en sus constantes quejas de que otros países se han beneficiado durante décadas de Estados Unidos a través de un sistema de libre comercio en el que, sin embargo, la potencia americana logró prosperar y consolidar su hegemonía.
Insultos, como cuando llamó “estúpido” a Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, y a todos aquellos que instalan sistemas de producción de energía eólica.
Humillaciones, al relatar de forma arrogante supuestas capitulaciones políticas en negociaciones con otros presidentes, como el francés Emmanuel Macron. El Elíseo respondió que las afirmaciones de Trump son “fake news”, afirmando que Macron no fija los precios de los medicamentos, los cuales no han cambiado.
Tergiversaciones se hicieron evidentes en su alarde de cifras de inversión en Estados Unidos que son teóricas, junto con una descripción distorsionada de la criminalidad en su país y la supuesta cura milagrosa que representaría la acción de la Administración Trump.
Instintos racistas también emergieron, como en su percepción de los somalíes. “¿Pueden creer que resulta que los somalíes tienen mayor coeficiente intelectual de lo que pensábamos? Dijimos: ‘Esta es gente con CI bajo”, vinculando la corrección de la percepción a las supuestas habilidades criminales.
Con todos estos minutos, Trump presentó su visión del mundo a una audiencia compuesta por figuras destacadas del ámbito empresarial y político, donde Europa no es un aliado respetado.
“Europa no va en la dirección correcta”, proclamó Trump, dirigiéndose a un público europeo. El presidente adoptó, sin mencionarla explícitamente, la teoría del gran reemplazo, la cual propone que inmigrantes de otros orígenes étnicos reemplazarán a las poblaciones autóctonas. Mencionó que hay lugares irreconocibles y que décadas de políticas erróneas, con una supuesta apertura hacia la inmigración, están llevando a la muerte de una civilización, como se expone en la Estrategia Nacional de Seguridad publicada en noviembre.
Sin embargo, el punto focal era Groenlandia, la mayor crisis entre aliados transatlánticos que podría haberse presentado desde la formación del lazo tras la II Guerra Mundial.
Desde Davos, el republicano comenzó afirmando que “todos los aliados de la OTAN tienen la obligación de poder defender su territorio”, para luego argumentar que, según su perspectiva, debe controlar la isla semiautónoma del Reino de Dinamarca: “No hay ninguna otra nación capaz de proteger Groenlandia como Estados Unidos”.

“Todo lo que Estados Unidos requiere es un lugar llamado Groenlandia. […] Solo pido un trozo de hielo. […] Es muy poco, comparado con todo lo que les hemos dado durante décadas”, concluyó, poniendo énfasis en que necesita la soberanía del territorio.
Al recordar que la extensa isla ártica se encuentra en un lugar clave “entre Rusia y China”, reafirmó su postura: “Lo necesitamos por motivos estratégicos y de seguridad nacional”, descartando que su interés esté relacionado con los recursos mineros.
El presidente emprendió una reconstrucción histórica, afirmando que Washington se equivocó al “devolver” Groenlandia a Dinamarca tras los combates de la II Guerra Mundial. En su discurso no hubo mención a la lógica del derecho internacional ni al respeto de la soberanía e integridad territorial de los países. En cambio, su discurso olía a cultura del sector inmobiliario, como quedó claro al sostener que la compraventa de territorios es algo normal.
Sus aspiraciones de adquirir Groenlandia, rechazadas tanto por las fuerzas políticas locales como por Copenhague, no serán una “amenaza para la OTAN, sino que reforzarán su seguridad”, aseguró el republicano, después de quejarse del trato “muy injusto” que la Alianza Atlántica ha dado a Estados Unidos.
Críticas a Carney y Macron
En su discurso, Trump lanzó críticas a Mark Carney, primer ministro de Canadá, y a Macron, quienes lo habían criticado.
“Canadá debería estar agradecido. Vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hables”, dijo Trump. Sobre Macron, se expresó con simpatía, pero se burló de las gafas de sol que tuvo que usar para pronunciar su discurso debido a un problema ocular.

El martes, Carney lideró la resistencia contra las maniobras trumpistas, ofreciendo un discurso de gran altura moral y geopolítica. Macron también fue claro en su rechazo a las acciones estadounidenses. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, también mostró su desaprobación hacia las ambiciones anexionistas de Estados Unidos sobre Groenlandia y la amenaza de nuevos aranceles a países europeos que defienden su soberanía, aunque con un tono menos contundente.

Las tensiones entre Europa y Estados Unidos se proyectan con fuerza en otras áreas. En Ucrania, donde el apoyo de Washington es crucial para el equilibrio de fuerzas. Aunque Trump haya dado un giro significativo respecto al firme respaldo de Biden, aún sigue suministrando armas —vendidas, en vez de como ayuda— y algo de inteligencia. Las tensiones con Europa ponen en riesgo ese apoyo residual y las negociaciones para detener las hostilidades y sostener la reconstrucción de Ucrania.
Y la crisis también afecta la dramática situación en la Franja de Gaza, donde un Trump decidido a configurar una Junta de Paz enfrenta la resistencia de muchos antiguos aliados occidentales que no desean participar por los rasgos de su conformación y debido al cada vez más avasallador giro de la política exterior trumpista. Incluso su antaño aliada, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha manifestado que por el momento no desea unirse a la Junta de Paz.



