Trump facilita una pronta retirada de Estados Unidos del conflicto con Irán | Internacional
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, subraya cada vez con más intensidad que se aproxima el momento de ordenar la retirada de sus tropas de la guerra contra Irán. Líderes iraníes, que en días recientes han denunciado a EE UU por simular interés en negociar para ganar tiempo y fortalecer su posición en la región, también han mostrado signos de una posible apertura al diálogo. Incluso Israel, a priori el aliado más comprometido en prolongar el conflicto, empieza a enviar señales de desescalada. El presidente estadounidense tiene programado ofrecer un discurso a la nación este miércoles, donde realizará un anuncio “importante” sobre el conflicto.
Luego de declarar el martes que Estados Unidos podría finalizar la ofensiva “en dos o tres semanas”, con o sin un acuerdo de paz con el régimen de los ayatolás, Trump afirmó el miércoles que Teherán ha solicitado un alto el fuego, una afirmación que rápidamente fue desmentida por el Gobierno iraní, calificándola de “falsa e infundada”.
En un mensaje a través de redes sociales, Trump ha afirmado que “el presidente del nuevo régimen” en la República Islámica, “mucho menos radicalizado y más inteligente que sus predecesores”, “acaba de pedir a Estados Unidos un ALTO EL FUEGO”. Sin embargo, en una nueva señal contradictoria —una más de las numerosas que ha emitido durante este mes de conflicto—, Trump sostiene que Washington considerará ese alto el fuego “cuando el estrecho de Ormuz esté abierto, libre y despejado”. “Hasta entonces, ¡bombardearemos Irán hasta hacerlo desaparecer o, como dicen, devolverlo a la Edad de Piedra!”, añade. Solo 24 horas antes, había afirmado que lo que ocurriera con ese paso estratégico vital para el tránsito mundial de combustible y fertilizantes no era asunto estadounidense.
No está claro a qué representante iraní se refiere Trump con el título de “presidente del nuevo régimen”. Una posible opción es el presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalibaf, a quien la Administración estadounidense señala como el líder de las conversaciones que supuestamente se están llevando a cabo con Teherán sobre el fin de la guerra. Tras la muerte en los bombardeos del 28 de febrero del líder supremo Ali Jameneí, Teherán designó a su hijo, Mojtaba, como su sucesor, aunque Washington nunca lo ha reconocido como tal.
El discurso a la nación desde la Casa Blanca —la alocución más solemne que un presidente estadounidense puede ofrecer, normalmente reservada para los momentos más críticos— tendrá lugar a las 21:00 de este miércoles, hora de Washington (03:00 del jueves en la España peninsular, 19:00 en México), para brindar “una actualización importante sobre Irán”, según indicó la portavoz presidencial, Karoline Leavitt. La intervención se prevé que dure unos 20 minutos.
Altos funcionarios han anticipado que en su discurso, el presidente confirmará la retirada “en dos o tres semanas”. En una breve entrevista telefónica para la agencia Reuters, el mismo Trump apuntó que Estados Unidos estará “fuera de Irán bastante rápido”. Sin embargo, también aclaró que esa salida podría ser relativa y algunas fuerzas podrían regresar para realizar “golpes relámpago” si fuera necesario.
El inquilino de la Casa Blanca también ha comunicado a Reuters que parte de su discurso girará en torno a expresar su descontento con la OTAN por lo que considera una falta de apoyo de sus aliados en esta guerra. “Absolutamente” está considerando retirar a Estados Unidos de la Alianza o reducir su implicación en ella, ha asegurado.
En los últimos días, Trump ha manifestado crecientes muestras de frustración por la duración de una guerra que al inicio predijo que podría durar “dos o tres días” y que el sábado llegará a su sexta semana, el plazo que fijó para culminarla. El martes ha dejado entrever que está inclinado a dar por concluida la operación, cantar victoria, retirar el vasto despliegue militar en el golfo Pérsico y comenzar a pensar en otros asuntos. De los cabos sueltos, como el estrecho de Ormuz, la opinión de su socio israelí sobre la guerra o el equilibrio geopolítico en Oriente Próximo, que se encarguen otros, insinuó. Además, se verá si Estados Unidos se aleja de la OTAN, tras considerar que, según su perspectiva, los aliados europeos no quisieron apoyar a Washington en su momento de necesidad frente a Irán.
Mientras tanto, las autoridades iraníes han mostrado algunos indicios de una posible apertura hacia el diálogo. El presidente iraní, Masud Pezeshkián, indicó el martes que la República Islámica tiene “la voluntad necesaria” para finalizar el conflicto, pero solo si Teherán recibe garantías “para evitar la repetición de la agresión” en el futuro. El mandatario, de perfil moderado, hizo estas declaraciones en una conversación con el presidente del Consejo Europeo, António Costa.
Incluso el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha mencionado un posible acercamiento mientras públicamente mantiene su rechazo a negociar con EE UU. En declaraciones al medio catarí Al Jazeera, el ministro reiteró el martes que Teherán tiene “un nivel de confianza cero” con Washington después de las dos ofensivas (la actual y la del pasado junio) que la Casa Blanca ha lanzado sobre Irán en menos de un año, en medio de negociaciones sobre el programa nuclear que parecían avanzar. Araghchi recordó que fue la primera Administración de Trump la que retiró “sin explicaciones” a EE UU del acuerdo nuclear con Irán en 2018. Aunque se negó a considerarlo como una “negociación”, Araghchi reconoció un intercambio de mensajes con Steve Witkoff, el promotor inmobiliario reconvertido en diplomático que Trump tiene como enviado especial.
A pesar de estas declaraciones de sus líderes, Teherán prosigue con su contraofensiva y este miércoles ha lanzado su mayor oleada de misiles contra Israel (alrededor de 10) desde los primeros días de la guerra, según datos preliminares del ejército. Lo ha hecho justo antes de comenzar la festividad de Pesaj, la Pascua judía. Hasta el momento no se ha informado de víctimas, informa Antonio Pita.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu, a priori más interesado que EE UU en continuar la ofensiva contra la República Islámica, también emite señales de desescalada. Horas antes de la última serie de misiles iraníes, el ministro de Exteriores, Gideon Saar, había afirmado que las fuerzas israelíes han logrado “eliminar la amenaza de la aniquilación” de Israel, al haber asestado “un golpe severo” al enemigo iraní. Saar, cuyas palabras han sido interpretadas en Oriente Próximo como una preparación para buscar una salida, añadió, sin embargo, que el Ejecutivo israelí “no promete que esta sea la última guerra” contra la potencia asiática, una amenaza que podría llevar a Teherán a mantenerse firme y conservar las armas en alto.
Contener el precio del petróleo
El discurso de Trump este miércoles se produce también en un contexto de preocupación por las vertiginosas subidas del precio del petróleo, lo que lo ha llevado a asegurar que el fin del conflicto llegará “muy pronto”. “Todo lo que tenemos que hacer es salir de Irán, y eso es algo que haremos muy pronto, y entonces (los precios del crudo) se desplomarán”, dijo el martes durante un evento en el Despacho Oval. Poco después, al ser preguntado por periodistas sobre un posible plazo para la marcha, precisó que tiene en mente “dos o tres semanas”.
El presidente también indicó que no considera necesario que Irán dé su aprobación a un acuerdo para decidir que ha llegado el momento de retirar a los soldados estadounidenses. Ni reabrir el bloqueado estrecho de Ormuz, que había incluido previamente entre sus objetivos para la guerra: “Lo que ocurra sobre el estrecho no es algo que vayamos a considerar”.
La guerra se ha transformado en un problema para Trump. El conflicto, que él había creído que sería tan sencillo como la incursión del 3 de enero en Venezuela, ha multiplicado sus consecuencias adversas y no le proporciona los beneficios, ya sean políticos o económicos, que esperaba. El precio del petróleo alcanzaba récords antes de que sus declaraciones sobre la posible salida los redujera. El galón de gasolina ha superado la barrera psicológica de los cuatro dólares en EE UU y el fantasma de la inflación resurge a siete meses de las elecciones de medio mandato.
El estrecho de Ormuz, punto clave para el 20% del petróleo y gas mundial, permanece cerrado e Irán no tiene ninguna intención de ceder el control de su herramienta más poderosa en el conflicto. La gran mayoría de la opinión pública en EE UU, incluidos cuatro de cada diez republicanos, desea una salida de la guerra ya, con victoria o sin ella, según las últimas encuestas.
Desde el punto de vista militar, Trump presume de éxito. El Pentágono asegura haber bombardeado más de 11.000 objetivos en territorio iraní, haber destruido más de 150 barcos de la Armada enemiga y haber dañado significativamente los arsenales y la capacidad de producción de misiles de la República Islámica. La Administración asegura que ha debilitado la capacidad de Teherán de proyectar su poder en el exterior.
Sin embargo, el coste ha sido enorme. Estados Unidos ha perdido valiosos aviones, incluyendo cazas F-35 —los más avanzados de su fuerza aérea— junto con aeronaves cisterna y un avión espía E3, considerado un verdadero centro de operaciones volador. Sus arsenales de munición y de interceptores se encuentran en niveles alarmantes. Han muerto 13 de sus soldados, y más de 300 han resultado heridos. Según The New York Times, los daños en las bases estadounidenses en Oriente Próximo a causa de los misiles iraníes han elevado a muchas de ellas a la categoría de inhabitables. Pese a las bravatas de Trump y su secretario de Defensa, Pete Hegseth, Irán sigue disparando misiles.
La amenaza nuclear iraní continúa vigente, a pesar de que neutralizarla era el gran objetivo que declaraba el presidente estadounidense al ordenar la ofensiva conjunta con Israel el 28 de febrero. El republicano no ha decidió si aprueba algún tipo de incursión en territorio iraní para capturar el uranio enriquecido en la República Islámica.


