Un clásico junto a la ría de A Coruña resurge.
Durante más de 70 años, Casa Paquita había resistido el paso del tiempo. Situada en la avenida Che Guevara, a su paso por Bastiagueiro, pocos eran los que no conocían este local con su amplia terraza y su esencia hogareña.
Por este lugar han pasado distintos hosteleros, cada uno con sus propuestas, pero ninguna como la de Sarah Stothart, una australiana residente en A Coruña. Tras ofrecer alta gastronomía enfocada en grupos reducidos con propuestas culinarias innovadoras, ha decidido dar un nuevo rumbo a su carrera creando Pakita.
«Me di cuenta de que en Oleiros hay muy pocos lugares para comida para llevar. Ahora nuestra idea es que la gente pueda recogerla y llevarla a casa o a la playa, donde desee», comenta Sarah, quien ha realizado este proyecto junto a su socio, Alberto. También habrá delivery, tanto en Oleiros como en A Coruña.
Antes de llegar a Galicia, Sarah ya había dejado su huella en Barcelona. Allí estableció varios clubes gastronómicos que la llevaron a aparecer en The New York Times. Su labor consistía en transformar espacios abandonados en experiencias culinarias vibrantes, como lo hizo con una antigua tabacalera en la ciudad condal.
Con esa experiencia a su favor, decidió cambiar su vida. «Buscaba un ambiente más tranquilo y, dado que mi pareja es gallega, decidimos mudarnos«, explica.
Especialista en clubes gastronómicos
Ya en A Coruña, convirtió una antigua panadería en un club gastronómico ‘clandestino’: La Panadería by Sarah. Allí, con reserva previa, ofrecía menús a grupos reducidos que proponían un viaje culinario a través de diferentes países, desde Malasia hasta China o Australia.
Ahora, con la apertura de Pakita, deja atrás esa «alta gastronomía» a la que ha dedicado su vida para adoptar un formato más informal, sin perder su esencia.
Pakita, en Bastiagueiro
La australiana vio en Casa Paquita algo especial, y para no olvidar su historia, decidió conservar el nombre, adaptándolo a los tiempos: Pakita, «con K», como ella misma lo indica.
Desde esta semana, ofrece sushi tradicional con una carta diseñada principalmente para llevar, que incluye desde poke hasta menús de verano que se revelarán poco a poco. Sin embargo, también se puede comer allí. Y, para mantener la tradición, todo lo prepara ella misma.
Con la playa tan cercana, el proyecto promete convertirse en una opción más gourmet para quienes buscan algo diferente que llevar a la toalla. Aun así, Sarah prefiere avanzar «poco a poco», aunque no descarta recuperar más adelante su esencia con cenas especiales y degustaciones. Porque, al final, su sello sigue siendo el mismo: crear experiencias a través de la comida.



