Un Ejecutivo agotado y sin credibilidad.
A pesar de la firme determinación de mantenerse en el poder a cualquier costo, la realidad es que el Gobierno enfrenta un considerable desgaste y desprestigio, a pesar de los esfuerzos titánicos del aparato propagandístico de La Moncloa. En cualquier nación de nuestro entorno, el presidente habría dimitido para ceder el paso a otro miembro de su partido o habría convocado elecciones. La situación es que hemos normalizado el absurdo de un Ejecutivo acorralado por la corrupción, con una evidente fragilidad parlamentaria y la incapacidad de presentar un proyecto de Presupuestos, tal como lo establece la Constitución. Esta falta de cumplimiento, que provocó una ola de críticas hacia el PP, se ha vuelto común. Bayrou plantea una cuestión de confianza y Sánchez se toma sus vacaciones como si fuera un colegial ansioso por jugar en el mar y construir efímeros castillos de arena. Esta doble moral no me sorprende, dado que es un comportamiento predecible. Es un Gobierno que se opone a la oposición, mientras todos se confabulan para servir ciegamente al líder, porque nadie quiere enfrentarse al desempleo.
Me maravillan los comentarios optimistas sobre su futuro en el Gabinete, provenientes de lobistas socialistas y de los bien remunerados medios de comunicación. La capacidad de resistencia no siempre es admirable, aunque desde el punto de vista periodístico, sea más interesante que Sánchez agote su legislatura, pues ofrecerá muchos titulares y escenas poco edificantes en las salas de los tribunales. El ecosistema sanchista es extremadamente endogámico. Sánchez únicamente concede entrevistas al aparato mediático del régimen y la publicidad gubernamental se destina a aquellos que son afines, como si fueran recursos personales del inquilino de La Moncloa. Al PP solo le queda soportar los ataques, tanto del PSOE y sus aliados, como de Vox, que aspira a heredarle, ya que no parece que su prioridad sea acabar con el sanchismo. El inicio del curso es informativamente intrigante y, salvo el PP, todos desean que Sánchez prolongue su estancia en La Moncloa para obtener beneficios, sin importar la inestabilidad y el deterioro de la imagen internacional de España. Los lobistas quieren seguir sacando provecho, los medios afines recibir publicidad y patrocinios, los socios mantener sus cargos y los aliados saquear el país.
Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)



