Un especialista en lucha libre se quita los arpones de una pistola táser durante su arresto.



La calle de la Montera, en el corazón de Madrid, es un lugar donde parece que casi todo puede suceder. Allí, en el número 42, varias personas observaron a un hombre gritando desde una ventana del edificio, como si intentara lanzarse al vacío. Los testigos alertaron a una patrulla de la Policía Municipal de Madrid, que tiene una sede en la misma calle, en Centro Sur. Eran las diez de la noche del miércoles 20 de agosto.

Los agentes se acercaron a la vivienda rápidamente y llamaron repetidamente para que les abrieran. Sin embargo, los ocupantes ignoraron las peticiones, y se podía escuchar a una mujer forcejeando con un hombre. La joven, una paraguaya de 26 años y legítima inquilina del piso, había logrado escapar momentáneamente de su novio, Sebastián, un colombiano de 31 años. Llevaban apenas tres meses juntos, y él solía acercarse a la casa para pasar tiempo con ella.

Cuando finalmente pudo abrirles la puerta, la chica seguía siendo agredida por su novio. Los funcionarios tuvieron que intervenir y contenerlo. Ella presentaba arañazos en el cuello y clavícula, intentando escapar de él sin éxito. Sin embargo, el hombre no se rendía. Se tiró al suelo del angosto pasillo de la vivienda, usando una técnica de defensa conocida como ‘grappling’, una forma de lucha libre. Fuentes policiales informaron a ABC que el sujeto demostró tener conocimientos en artes marciales; es una persona fuerte y extremadamente agresiva, que ignoró las advertencias de los agentes.

Comenzó a lanzarles patadas, por lo que intentaron bloquearlo con la porra policial. Sin embargo, el hombre no se detenía. Se defendía de manera formidable, así que los policías activaron el protocolo de uso de defensas táser, pistolas eléctricas diseñadas para incapacitar al objetivo con descargas.

Primero, le dieron varias advertencias verbales, advirtiéndole que dispararían si no cesaba en su actitud. Al no hacer caso, intentaron intimidarlo ajustando el dispositivo, sin disparar, simplemente para que viera las chispas de ignición.

Sin embargo, Sebastián, en lugar de rendirse, observó el arco eléctrico del dispositivo y continuó mostrando una actitud agresiva. Finalmente, uno de los agentes le disparó en la parte inferior del torso, cerca del abdomen. Para sorpresa de todos, el colombiano, lejos de caer, se arrancó uno de los arpones que le habían disparado, consciente de que al hacerlo, la munición quedaría sin electricidad.

De esta manera, siguió dando patadas y arrojando objetos desde el pasillo hacia los funcionarios. Entonces, volvieron a disparar contra él, y nuevamente, el sospechoso se quitó los arpones con su impresionante fuerza. Se dio media vuelta y empezó a reptar por el pasillo hacia el salón. Aprovechando el espacio más amplio, los dos policías se lanzaron sobre él y le pusieron las esposas. Sin embargo, continuó pateando, lo que obligó a los agentes a colocarle también unas cinchas en las piernas para que se detuviera.

Aun así, fue necesario usar un escudo policial invertido para conseguir controlarlo definitivamente. Nunca habían presenciado una resistencia similar durante un arresto. Fue trasladado a comisaría.

La novia y víctima de Sebastián explicó a los agentes: «Cuando consume marihuana, se vuelve muy agresivo, parece que tiene un demonio dentro». Además, indicó que habían estado fumando porros durante horas antes de los acontecimientos. «Se le ha ido la cabeza y dijo que se iba a lanzar por la ventana, y ese fue el momento en que la gente en la calle lo vio», reconoció la joven.

Durante la requisa de la vivienda, las autoridades encontraron una tartera repleta de marihuana, además de otras sustancias como mefedrona y éxtasis en pastillas rosas, según informaron las fuentes consultadas.


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