Un exempleado de Dabiz Muñoz comparte su experiencia laboral en DiverXO: «No teníamos tiempo para descansar».
Dabiz Muñoz se destaca como uno de los cocineros más reconocidos de España. Este chef ha conseguido lo que muchos no logran. La Guía Michelin describe su cocina como «hedonista», «divertida» e «irreverente». «Rompe las barreras de la vanguardia gastronómica para … adentrarse en un plano onírico muy personal», agrega.
A pesar de ser dueño de varios restaurantes, el más famoso es DiverXO. Este local ofrece un menú degustación titulado ‘La cocina de los cerdos voladores’, que lleva a los comensales a un «maravilloso recorrido por las diversas gastronomías del mundo, con un enfoque especial en la fusión asiática, pero utilizando productos nacionales».
No obstante, muchos han criticado los altos precios de su propuesta. Disfrutar de los platos en DiverXO cuesta 450 euros. Sin embargo, todos en esta industria sueñan con la posibilidad de trabajar algún día en este prestigioso lugar junto a uno de los mejores chefs del mundo.
Esta fue la oportunidad que tuvo Pablo Colmenares. Este cocinero, quien actualmente dirige la cocina de New York Burger, relató en el podcast ‘Con los pies en el suelo’ su experiencia.
Así es trabajar con Dabiz Muñoz en DiverXO, según un exempleado
Pablo Colmenares, exmiembro del equipo de DiverXO, se sinceró sobre su tiempo en el restaurante de Dabiz Muñoz. «Mis días consistían en llegar, cambiarse y empezar a correr. Solo recuerdo correr, correr y correr. No teníamos tiempo para pensar», comentó.
El chef expresó que eso era similar a meditar. «Tu mente se apaga. Nos concentrábamos únicamente en una tarea y no levantábamos la vista hasta que daba inicio el servicio», explicó.
Colmenares mencionó que apenas tenían tiempo para descansar. «Comíamos justo antes del servicio, en un bol, de manera rápida y mientras caminábamos por la cocina. No nos sentábamos», reveló.
Para él, los momentos más desafiantes ocurrían en la cocina. «La preparación generaba más tensión. Evitar que la salsa se quemara, asegurarse de que todo estuviera perfecto…», afirmó. Este profesional subrayó que el «estrés» era intenso porque todo debía ser «perfecto» y listo para que «no ocurriese ningún error».
Colmenares añadió que el cansancio era tan abrumador que, cuando llegaban sus días de descanso, «estaba completamente agotado». «Y eso que era muy joven en ese entonces y tenía mucha energía, pero me tumbaba en la cama y parecía que hubiera corrido una maratón», finalizó.


