Un habitante de Ciudad Real en el Reina Sofía
Este miércoles, Ciudad Real volverá a conectarse con una parte de su historia a través de la presentación de un libro que nace de una serie de coincidencias. Jesús Molina García (1903-196X). El impacto de la Guerra Civil en un pintor republicano es el título de esta obra, elaborada en conjunto por Vicente Palomares, Francisco Alía y Javier García-Luengo, y publicada como un nuevo volumen de la serie de Memoria Democrática de Castilla-La Mancha, editada por la UCLM y la Junta de Comunidades. La presentación se llevará a cabo a las 20 horas en el Museo de la Merced, donde se dará a conocer este texto que reúne gran parte de las obras conocidas del pintor.
La historia del libro comenzó con un trabajo previo de Palomares. Estaba elaborando un texto sobre la figura de Miguel Pérez Molina y, al hablar con un familiar, se encontró con un retrato del reformador de la educación en Ciudad Real. «Estuve en la casa de Juan Pérez y me comentó que el cuadro pertenecía a un familiar nuestro». Al ver el retrato, notó la firma y descubrió que en la casa había más obras del mismo autor. «A raíz de eso, surgió mi curiosidad» y, al investigar, se enteró de que Jesús Molina fue «Premio Nacional de Pintura en el año 44» y que «expó en París junto a Dalí y Picasso». Siguiendo esa pista, verificó que había aún más cuadros del pintor en casa de otros familiares de Miguel Pérez Molina.
Palomares recuerda que Jesús Molina suele mencionarse como zamorano, ya que nació en un municipio de esa provincia. Sin embargo, esto se debe a que sus padres se trasladaron allí por trabajo, pues pasó toda su infancia y adolescencia en la capital ciudadrealeña. «Comienza sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios», luego se mudó a Madrid, donde se inscribió en la Escuela de Reproducciones Artísticas, realizando copias de grandes obras, y posteriormente en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Finalmente, en 1932 ganó una beca para estudiar en Roma en una academia que era dirigida por Valle-Inclán.
Esta fascinante historia salió a la luz gracias al empeño de Palomares, quien continuó investigando hasta dar con un sitio web de un hijo de Jesús Molina, a quien contactó. Este hijo no solo se ofreció a colaborar en el descubrimiento de la obra de su padre, sino que incluso visitó Ciudad Real para examinar todo el material de juventud que había permanecido inédito hasta entonces. Fue también este hijo quien proporcionó un testimonio crucial, un diario escrito por su padre, en el que relataba sus vivencias en el Madrid de la guerra, entre bombardeos y viajes a Valencia para salvar su obra. De hecho, su beca se interrumpió unos meses antes de finalizar, porque algunas de sus pinturas iban a ser expuestas en el Ministerio de Asuntos Exteriores y el estallido de la Guerra Civil lo sorprendió en España, sin opción de regresar a la Academia. Durante ese tiempo, tuvo una relación cercana con Tierno Galván, quien fue un gran amigo suyo y gracias al cual parte de su obra llegó hasta Princeton.
En el mismo diario hay una entrada de 1937, cuando estuvo en París, en la que recuerda las obras perdidas de aquella exposición que aún no se habían recuperado. «Picasso ganó el primer premio con el Guernica, Dalí también obtuvo premio y Jesús Molina regresó con una medalla de oro». La obra enviada, compuesta por seis acuarelas y dos óleos, reapareció en 2010 en Cataluña. Su hijo, al verla, la reclamó porque nadie en la República pagó por aquel viaje a París, como documentaba el diario. Tras ganar un juicio, logró que la obra fuera cedida al Museo Reina Sofía, que era el deseo de su padre. «Me gustaría que estas pinturas estuviesen algún día en un lugar público para que la gente comprenda el horror de las guerras», recuerda el hijo de Jesús Molina, cumpliendo así el deseo de su padre.
Desde entonces, vivió en Madrid y se convirtió en un gran retratista de su época, pintando no solo a la burguesía, sino también a las personas de la calle, con retratos de fumadores o jóvenes que habitaban cerca del estudio que alquiló.
Ahora, esta vida cobra una nueva relevancia con este libro, que evoca la trayectoria de un pintor formado en Ciudad Real y que cuenta con doce de sus cuadros en el Museo Reina Sofía, junto a obras de algunos de los más reconocidos pintores del siglo XX.



