Un recurso fundamental contra las tormentas intensas.
La Comunidad de Madrid tiene planes para incrementar por dos su red de tanques de tormenta, infraestructuras de vital importancia para salvaguardar los ríos de la contaminación y prevenir inundaciones severas en las áreas urbanas durante episodios de lluvias fuertes. En la actualidad, la región dispone de 73 tanques administrados por Canal de Isabel II, de los cuales 38 se sitúan en la capital, contribuyendo a evitar vertidos de aguas residuales en el Manzanares.
Se proyecta sobrepasar los 150 tanques de tormenta, con la construcción enmarcada en el Plan Estratégico 2025/2030 de la empresa pública. En los próximos meses se comenzarán cinco en Fuenlabrada, dos en Getafe y otros dos en Móstoles.
La Comunidad de Madrid dispone de una extensa red de saneamiento compuesta por unos 16.000 kilómetros de sistemas de drenaje, más de 150 plantas de depuración, cerca de 200 estaciones de bombeo y los tanques de tormenta. Estos últimos son activados en circunstancias específicas, pero son cruciales para preservar la calidad de los ríos durante períodos de lluvias intensas.
Es importante señalar que, al hablar del saneamiento, a menudo se ignora que las redes de drenaje urbano no solo transportan aguas residuales de hogares, comercios e industrias, sino que en casos como el de Madrid (con redes unitarias), también recogen el agua pluvial para ser enviada (junto con las residuales) a las depuradoras. Allí, las aguas «contaminadas» son tratadas antes de ser reincorporadas a los ríos en condiciones aptas para sus ecosistemas.
Entonces, ¿qué sucede cuando se producen lluvias fuertes? El volumen de aguas residuales es relativamente constante, pero a este se suma repentinamente una considerable cantidad de agua que puede resultar abrumadora para ciertas depuradoras. Por eso se construyen los tanques de tormenta, grandes depósitos diseñados para almacenar las primeras precipitaciones y regular su paso hacia las plantas de depuración. Esto previene que las depuradoras sean sobrepasadas en su capacidad y evita que el exceso de agua, sin tratar, se vierta en los cauces.
En un escenario sin tanques de tormenta, durante lluvias intensas, las estaciones depuradoras no podrían procesar todo el caudal y tendrían que desviar el excedente directamente a los ríos, causando un impacto ambiental negativo. Afortunadamente, los tanques mitigan estas situaciones, asegurando que el ciclo natural de los ríos no se vea comprometido. Además, juegan un papel fundamental en la prevención o reducción de inundaciones.
Reservar las aguas pluviales hasta su depuración añade un valor significativo. Y es que las primeras lluvias son las más contaminadas, ya que arrastran la suciedad acumulada en calles y asfalto, junto con los metales presentes en la atmósfera. Así, las deposiciones de mascotas, aceites de automóviles y desechos sólidos se introducen por la lluvia en los desagües y alcantarillas. Un estudio de Canal de Isabel II ha revelado que, en ciertos lugares, el agua de escorrentía durante la primera hora de lluvia es incluso más contaminante que las aguas residuales en condiciones secas.
Para abordar los residuos sólidos transportados, el agua pasa por filtros antes de llegar a los tanques, que retienen estos objetos. Los elementos sólidos que logran atravesar esta barrera quedan depositados en el fondo o flotando en la superficie. Botellas, bolsas de plástico, pelotas de tenis… la diversidad de objetos en los tanques es sorprendente y refleja el comportamiento descuidado de muchos ciudadanos.
Por lo tanto, aunque estas instalaciones actúan como un eficaz escudo contra la contaminación, es fundamental recordar que la mejor manera de reducir el riesgo es gestionar los residuos de manera responsable: utilizando las papeleras en la vía pública y, especialmente, evitando arrojar toallitas u otros desperdicios por el inodoro (solo debe desecharse papel higiénico convencional).
De las más grandes del mundo
Así, los tanques de tormenta cumplen una doble función: aumentan la capacidad de la red de drenaje y, por ende, disminuyen las posibilidades de inundaciones en las ciudades; además, protegen los ríos de la contaminación que traen las aguas residuales y de lluvia. De hecho, esta es la razón principal de la existencia de los tanques de tormenta que gestiona Canal de Isabel II en la región.
Estas instalaciones son particularmente relevantes en el tramo urbano del río Manzanares, ya que Madrid, a pesar de ser una de las capitales más importantes de Europa, carece de un gran río como el Sena o el Támesis: el cauce del Manzanares es realmente limitado y tiene una capacidad de autodepuración muy restringida. Para mantener su salud, es esencial contar con una robusta red de tanques.
En la actualidad, Canal de Isabel II gestiona más de 70 tanques de tormentas en la región, con una capacidad total que supera los 1,40 hm3, el equivalente a 25 veces el estanque del parque del Retiro. Además, estas cifras seguirán creciendo en los próximos años gracias a las inversiones proyectadas por la empresa pública bajo su Plan Estratégico 2025-2030.
De estos tanques operativos, 38 están ubicados en el término municipal de Madrid, y solo el año pasado retuvieron 8,3 hm3 de agua. O, en otras palabras: evitaron que esa cantidad de agua contaminada llegara al río.
En la capital, se encuentran dos de los mayores tanques de tormentas del mundo: los de Butarque y Arroyofresno (con 400.000 m3). Este último es sin duda uno de los más emblemáticos y conocidos. Situado en el noroeste de la ciudad, dentro del Club de Campo Villa de Madrid, durante tormentas recibe el excedente de agua de los distritos de Fuencarral-El Pardo, Tetuán, Chamartín y Moncloa.
El tanque de Arroyofresno tiene 35.000 m2 de superficie y 22 metros de profundidad, distribuidos en dos plantas: la inferior, con unos 10 metros, está destinada a almacenar agua; en la planta superior se encuentra la sala de control. Toda la instalación acumula aproximadamente 750.000 m3 de construcción subterránea, de los cuales, 400.000 m3 están designados para almacenamiento de agua.
El tanque también está dividido en dos compartimentos por un muro pantalla de 246 metros. Así, el agua llena inicialmente el compartimento más pequeño, que es adecuado para las tormentas habituales. Si las lluvias son más intensas, el agua rebasa el muro y permite que se llene totalmente los 400.000 m3. La separación de estas zonas facilita el mantenimiento y limpieza.
El agua de lluvia llega a este tanque a través de un único colector de más de 3 kilómetros que pasa por debajo del río Manzanares y de infraestructuras significativas como la M-30. Lo impresionante es su diámetro de casi 7 metros, que permite un caudal de agua de hasta 100 m3 por segundo, 30 veces más que el caudal medio del río.
Por último, este tanque dispone de bombas que permiten su vaciado y la desviación del agua, una vez finalizada la tormenta, hacia los colectores de la margen derecha o izquierda del río Manzanares, para su transporte a la depuradora de Viveros u otras instalaciones de saneamiento más distantes.



