Uno de los lugares más queridos de la capital se convierte hoy en patrimonio inmaterial de la ciudad.


Ha estado presente durante un siglo, pero a partir de hoy, es un lugar renovado. Este miércoles 14 de enero de 2026, la Comunidad de Madrid ha reconocido a la Feria de Libros de la Cuesta de Moyano como Bien de Interés Cultural (BIC), convirtiéndola en una de las joyas de la ciudad y un destino ineludible para los aficionados a la lectura.

Este icónico lugar dedicado a la compra y venta de libros se ha establecido como un referente de la cultura local. Con esta decisión, la Comunidad garantiza la protección de este sitio, situado en la calle de Claudio Moyano, junto al Real Jardín Botánico, que es uno de los últimos sobrevivientes de su tipo en España y Europa.


La Feria de Libros de la Cuesta de Moyano en una imagen de archivo.
Comunidad de Madrid

Desde 1925 en funcionamiento

Este centro cultural ha sido más que un simple mercado de libros. Establecido en 1925, ha funcionado a diario desde entonces. Solo eventos como la Guerra Civil española y la pandemia de COVID-19 han interrumpido brevemente su vitalidad literaria, convirtiendo a esta rampa de casetas en un nuevo conjunto monumental de la ciudad.

Aparte del reconocimiento que le otorga su nueva categoría de Patrimonio Inmaterial, la Comunidad de Madrid ha querido rendir homenaje a este emblemático sitio y recordar su evolución a lo largo del tiempo. En un comunicado, se mencionó que la Cuesta de Moyano fue apodada inicialmente en la década de 1920 como ‘la Feria del Boquerón’, inspirado por una frase de Ramón Gómez de la Serna, reconocido autor de la ciudad. El escritor comparó el precio de este pescado (15 céntimos) con el de un libro de segunda mano vendido en la feria, dando origen a esta curiosa expresión.

Más allá de esta anécdota, es importante señalar que las casetas actuales ya no son las originales. Con el tiempo, estas estructuras se deterioraron y en 1986 fueron demolidas. Los puestos se trasladaron temporalmente al Paseo del Prado mientras se erigían las réplicas de las originales, que finalmente se instalaron en la famosa pasarela y desde hoy continúan allí.

En cuanto a la gestión de los puestos, en sus inicios funcionaban bajo un sistema de herencia familiar, pero en la actualidad es un proceso de licitación pública el que designa a cada encargado.

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