Vallecas se convierte en un terreno fértil para las licorerías nocturnas | Noticias de Madrid
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Cada vez que un negocio tradicional cierra en el barrio de San Diego, en Vallecas, los residentes se preguntan qué nueva actividad tomará su lugar. Preocupaciones que antes se atribuían a zonas del centro han llegado a este vecindario del extrarradio, manifestándose en forma de apartamentos turísticos, locales de burritos y cadenas de gimnasio. Sin embargo, lo que los vecinos jamás imaginaron es que la gentrificación también implicaría el aumento de tiendas que venden alcohol las 24 horas. En los últimos dos años, al menos 20 negocios tradicionales han cerrado sus puertas para dar paso a licorerías.
San Diego es, simultáneamente, uno de los barrios más desfavorecidos de la capital y el segundo con mayor concentración de pisos turísticos fuera de la M-30, con 262, según la página InsideAirbnb. Está un poco por detrás de otro barrio no tan céntrico, Puerta del Ángel (274), y supera notablemente a Ventas (227). La saturación y el aumento de precios en el centro de la ciudad han llevado al mercado a buscar en la periferia un lugar donde establecerse, donde lo esencial no es la reputación, sino la conexión con el resto de la metrópoli. Aunque el metro solo llega a Vallecas a través de la Línea 1, desde cualquiera de las estaciones a lo largo de la avenida de La Albufera, se requieren unos 20 minutos para llegar a Sol.
Donde hay turistas, hay también alcohol. Lo saben muy bien los vecinos del centro, quienes fueron los primeros en quejarse por la proliferación de tiendas de alimentación nocturna, especialmente en zonas de fiesta como Malasaña o la Plaza Mayor. Aunque se presentan como tiendas de alimentación convencionales, todos en el barrio son conscientes de que su propósito principal es vender alcohol, tanto de día como de noche. Esto no es un secreto: las vitrinas que dan a la calle suelen estar repletas de botellas de JB, Absolut Vodka y Aguardiente Antioqueño.
Siguiendo el modelo de sus contrapartes en el centro, los comerciantes de alcohol en Vallecas ahora buscan locales con buena ubicación. “Somos como la primera línea de playa: todos quieren tener un puesto”, se lamenta una vecina de San Diego. Las tiendas de alimentación 24 horas crecen sin pausa, y espacios que antes fueron peluquerías, fruterías o sucursales bancarias ahora lucen el mismo letrero, con letras blancas sobre fondo rojo, que dice “24H”.
Algunas están tan cercanas que parece innecesario competir por clientes. Según un censo de la Asociación Vecinal Kaskoviejo VK, solo en San Diego hay al menos 28 de estas tiendas de alimentación nocturna. En el cruce entre la avenida de La Albufera y la calle del Dr. Fernando Primo de Rivera, se pueden contar tres tienditas iguales, casi idénticas. Avanzando por la avenida, en la confluencia con la calle de Sierra del Cadí, hay otras tres tiendas muy similares a las anteriores y, al girar a la derecha por esta misma vía, hay tres más con escasa distancia entre sí. Más adelante, rumbo al estadio del Rayo Vallecano, hay otra más.

Monte Igueldo, al igual que La Albufera, ha sufrido significativamente: siempre ha sido una de las calles más transitadas del distrito, donde tiempo atrás proliferaban ultramarinos, zapaterías y locutorios, pero que ahora por la noche parece un botellón perpetuo. Según el censo de la asociación vecinal, en esta vía hay siete licorerías en menos de un kilómetro. Luis Sánchez-Grande, integrante de dicha asociación y vecino de San Diego desde hace medio siglo, todavía recuerda cómo eran los paseos por aquí hace unos años, pero ahora camina señalando lo que ya no existe. “Ahí antes había una peluquería”, dice con nostalgia, señalando el bajo del número 20, que ahora tiene una vitrina llena de botellas. “Allá antes había un bar”, comenta unos pasos más adelante, en el número 34.
Problemas de convivencia
Donde hay alcohol disponible a todas horas, también hay inseguridad y conflicto, aseguran los residentes de San Diego. Luz Mary Bascopé, dueña de un negocio de reparación de electrodomésticos en el bulevar de la calle de Peña Gorbea, uno de los puntos del barrio donde la gente tiende a reunirse para beber, cuenta que, debido a problemas de convivencia y al espacio reducido de su local, ha decidido mudarse a otro barrio. “Después de años aquí, nos vamos”, se lamenta Luz Mary detrás de una mesa que pronto desmontará para irse lejos. Jaime Saavedra, empleado de la tienda, añade que cada día es peor, pues no solo es la imagen de las personas bebiendo en las puertas del negocio, sino que también ha habido roces con los clientes que entran o salen.
Si bien el ambiente es más pacífico durante el día, se deteriora por la noche cuando los supermercados cesan la venta de bebidas alcohólicas y cierran los bares. Las personas comienzan a agolparse en las entradas de las licorerías para adquirir latas de cerveza por un euro y botellas de alcohol a partir de cinco. La bebida se transfiere de mano en mano, de cliente a cliente, en plena vía pública, a pesar de que la normativa de la Comunidad de Madrid sanciona el consumo en la calle con multas de hasta 600 euros.

“Nadie hace nada”: esta es la percepción de la mayoría de los vecinos de San Diego. En la realidad, más allá de la prohibición de consumir alcohol en las calles, las tiendas de alimentación 24 horas tienen luz verde en la Comunidad de Madrid en todos los sentidos. La normativa otorga libertad total a los comerciantes en cuanto al horario de apertura y cierre, incluidos los días festivos. Otra ley establece las pautas para la venta de alcohol, que no está liberalizada y que, en teoría, prohíbe su venta durante la noche, entre las 22:00 y las 8:00. Sin embargo, hay una excepción que permite a los comercios tipo tienda de conveniencia, que son aquellos de menos de 500 metros cuadrados, estar abiertos al menos 18 horas al día, ofreciendo productos como libros, revistas, artículos de alimentación, música, juguetes, regalos y otros varios.
Los residentes se han quejado repetidamente con los propietarios de estos establecimientos por los problemas de convivencia que ocasionan, explica Luis, que camina por las calles saludando a los transeúntes. Según un portavoz del área de Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, la comisaría del distrito ha intensificado el patrullaje en San Diego “para abordar los problemas que puedan surgir en la zona”. “Para fortalecer la seguridad en el entorno del barrio de San Diego, el equipo gobernante del alcalde [José Luis] Martínez Almeida implementó un sistema de videovigilancia con 25 cámaras que comenzó a funcionar a principios de 2021”, detalla el portavoz, y asegura que la cobertura se ampliará pronto.

Puente de Vallecas es el segundo distrito con más intervenciones policiales registradas por problemas de convivencia ciudadana, solo por detrás de Carabanchel, según datos publicados hasta septiembre del año pasado en el portal de Transparencia del ayuntamiento. Tanto Luis como otros vecinos de San Diego han expresado en entrevistas con este diario su insatisfacción por lo que consideran «abandono institucional», ya que creen que las autoridades no hacen lo suficiente para regular la venta de alcohol y que, mientras tanto, son ellos los que enfrentan las consecuencias. No obstante, la mayoría prefiere no hablar públicamente para no intensificar las tensiones ya existentes en el barrio debido a la venta de alcohol.



