Vidas interrumpidas, relaciones afectadas y conflictos familiares debido al impacto de la L7B del Metro: «Caí en depresión y perdí mi empleo».


Perder una casa, afrontar el pago de un alquiler y una hipoteca, y sentir una mayor distancia emocional en la pareja. Sumirse en un abismo de desesperación donde ni el paso del tiempo ni la esperada reapertura de la línea 7B logran sanar la herida. Desde que en 2011 comenzaron a aparecer las primeras grietas en los edificios de San Fernando de Henares, al este de la Comunidad de Madrid, el 90% de los vecinos afectados asegura que su vida se ha detenido. Dos décadas después y con la ruta de Metro ya restablecida, el desastre sigue siendo considerable: 73 viviendas destruidas, más de 600 inmuebles perjudicados y alrededor de 200 desalojos. Una pregunta subyacente es: ¿cómo impacta tanta incertidumbre en lo más cotidiano y pequeño?

“Para mí y mi familia, esta es la experiencia más terrible de nuestras vidas”. Este es el testimonio anónimo de una mujer de la localidad, quien tuvo que mudar su hogar debido a la construcción del Metro. “Rechazábamos la casa, mi hijo no quería estar allí. Mi marido y yo nos distanciamos, y nuestra relación de pareja ha sido afectada”, sostiene. Su vivencia, junto con la de otros 168 entrevistados, se recopila en un informe realizado por el Centro Sira, una organización que se especializa, entre otros temas, en la atención a víctimas de violencia política o violaciones de derechos humanos. Este estudio se llevó a cabo a solicitud de una plataforma vecinal de afectados por las obras de la L7B.

Start typing and press Enter to search