Voluntariado en acción: más de 200 jóvenes ofrecen su tiempo para pintar hogares de personas en situación de vulnerabilidad.
Un viernes por la tarde, mientras Madrid se anima con terrazas y planes, un grupo de jóvenes descarga escaleras, rodillos y cubos de pintura de una furgoneta. No se dirigen a una mudanza ni a un trabajo remunerado. Su destino es un piso con humedades y un techo desconchado que necesita urgentemente una mano de pintura.
Así comienza la acción de ‘Painting for Others’, el proyecto de la ONG Cooperación Internacional que en el último trimestre ha movilizado a 265 voluntarios para rehabilitar 14 viviendas, una residencia para personas sin hogar, dos centros sociales para mujeres en situación de vulnerabilidad y un centro asistencial en varios puntos de Madrid.
La campaña se ha llevado a cabo durante cinco fines de semana, del 13 de febrero al 22 de marzo, y ha abarcado barrios y distritos como Carabanchel Alto, Puente de Vallecas, San Cristóbal de los Ángeles, Numancia, Ciudad Lineal, Tetuán y el área de Dehesa de la Villa.
Detrás de cada pared blanqueada y cada techo reparado hay una historia, así como una idea clara: la solidaridad puede tomar diversas formas, y a veces solo se necesita una brocha, un rodillo y un grupo de jóvenes dispuestos a dedicar su tiempo libre para que otros puedan vivir un poco mejor.
Un proyecto con casi 30 años de trayectoria
‘Painting for Others’ no es una iniciativa reciente. De hecho, es uno de los proyectos más antiguos de la ONG. Se inició hace 29 años en Sevilla antes de expandirse a Madrid y otras áreas.
Según explica Teresa Martín Aguado, directora de proyectos de Cooperación Internacional, la idea surge también del trabajo de nuestros voluntarios, quienes han atendido a familias, visitando sus hogares y observando la pobreza que sufrían, intentando devolver una parte de la dignidad que tal vez estaban perdiendo por su situación. «¿Qué podemos hacer para remediarlo?», se preguntan. La respuesta fue clara: “Aunque sea, blanqueemos sus casas para que puedan estar más a gusto donde viven”, resume.
Las viviendas y centros que se rehabilitan no son elegidos al azar. Cooperación Internacional colabora con otras entidades que identifican situaciones urgentes: personas mayores solas, familias con recursos limitados o colectivos en exclusión.
“Nuestra ONG tiene más de 30 años, por lo que trabajamos en red con otras organizaciones, que es la única manera de hacerlo”, señala Teresa. Así reciben avisos y propuestas: pisos en mal estado, espacios sociales que carecen de mantenimiento, y centros que atienden a personas sin hogar que necesitan reparación.
Antes de comenzar, los coordinadores visitan cada lugar para evaluar su viabilidad. Muchas veces, el problema va más allá de una simple capa de pintura. “Si encontramos agujeros grandes o humedades severas, no podemos actuar, porque nuestros jóvenes voluntarios no son profesionales”, aclara Teresa. Por eso, el proyecto se enfoca en tareas asumibles: blanquear, limpiar, ordenar y mejorar el aspecto de los espacios.
Aun así, no siempre es fácil. “A veces te encuentras con situaciones muy complicadas y es casi imposible entrar en la casa por lo descuidada que está”, añade. En algunos casos, recuerda, han tenido que lidiar con viviendas afectadas por síndrome de Diógenes o por la incapacidad física de sus habitantes. En esos casos, “primero hay que limpiar y luego se pinta”.
Pintar, pero también educar en el compromiso
El objetivo de ‘Painting for Others’ no es solo rehabilitar viviendas. La ONG enfatiza que la campaña tiene un segundo propósito igual de importante: educar a los jóvenes en el compromiso social.
“Nuestra misión es formar a la juventud en una cultura de la solidaridad”, explica Teresa. “Que sean responsables y protagonistas del cambio que ven necesario”.
“Nuestra misión es formar a la gente joven en una cultura de la solidaridad”
Para Cooperación Internacional, el voluntariado no es únicamente una acción puntual. Es una experiencia transformadora. “Lo que se busca es que los jóvenes conozcan diferentes realidades para que más tarde puedan actuar”, señala. Y añade algo que se repite en cada edición: muchos jóvenes descubren que la pobreza no está tan lejos, a veces vive muy cerca de ellos.
Esa sorpresa la vivió Jaime Sagardía, uno de los voluntarios que participó por primera vez en la campaña. Estudiante de segundo de Bachillerato en el Colegio Las Tablas-Valverde de Madrid, llegó al proyecto gracias a una iniciativa de su centro que animaba a los alumnos a realizar al menos un voluntariado al mes.
🎨 Un fin de semana de voluntariado y servicio.
Alumnos de Bachillerato han participado en #PaintingforOthers, una iniciativa de @cooperacion.
Una experiencia de solidaridad, trabajo en equipo y compromiso con los demás. 💙#Voluntariado #PaintingForOthers #Andel #Fuenllana pic.twitter.com/fGuzWgf6yt
— Colegio Fuenllana 🧡 (@ce_fuenllana) March 16, 2026
Él conocía el proyecto porque su madre trabaja en la ONG, por lo que tenía claro cuál sería su propuesta. “Cuando llegó mi turno de proponer un voluntariado, ‘Painting for Others’ fue mi elección”, cuenta. Movilizó a compañeros de su curso y organizó grupos de cuatro a cinco personas para cubrir los turnos de fin de semana, desde el viernes hasta el domingo.
Su grupo pintó dos casas. La primera, en Chamartín. Allí se encontró con algo que desmanteló sus prejuicios. Esperaban ser enviados a un distrito más “pobre”. “Nos chocó al principio, pensábamos que sería una zona más humilde”, recuerda. De hecho, “la zona de abajo parecía un hotel”. Pero al subir, la realidad era otra. “Era un lugar con apartamentos muy pequeños y deteriorados”, explica. “Las paredes estaban muy húmedas, todo se caía”.
La segunda intervención fue en Vallecas, donde el deterioro era aún más extremo. “Tuvimos que quedarnos hasta las cinco, porque el techo estaba muy mal y hubo que rasparlo casi todo”.
“El voluntariado te transforma”
Más allá del trabajo físico, Jaime se queda con el componente humano. En la primera vivienda, encontraron a un matrimonio de personas mayores con deterioro cognitivo, en una situación muy delicada. “El marido apenas hablaba, solo organizaba sus 300 periódicos. La mujer padecía depresión y casi no se levantaba de la cama”.
La presencia de jóvenes voluntarios en estos hogares vulnerables representa un alivio para personas que generalmente no interactúan con nadie. Por eso, en medio del trabajo, hubo algo que para Jaime fue incluso más importante que el resultado final: su reacción al ver “a un grupo de cinco chicos que fueron a pintarle la casa, estuvimos conversando con la señora, y la joven que ayudaba al matrimonio en la casa nos contó que era muy raro que la señora hablara o que se levantara de la cama”.
En la segunda vivienda, les esperaba una familia con dos hijos. Aunque no interactuaron tanto con ellos como en la primera, mostraron su agradecimiento. “Nos preguntaron varias veces si queríamos algo o si necesitábamos algo y nos agradecieron el trabajo», recuerda Jaime.
La experiencia le dejó una reflexión directa y sin adornos: “Creo que el voluntariado llega a un punto en el que casi ayuda más a la persona que lo realiza”.
Y aunque pintar una vivienda puede parecer sencillo, él lo resume con una frase que refleja el espíritu del proyecto: “Pintar una casa no cuesta nada, pero compartirlo con amigos y hacer feliz a esa persona mayor, nos enriquece mucho”.
Una campaña que funciona por organización y confianza
Durante estos fines de semana, los voluntarios se han organizado en turnos de mañana y tarde, coordinados por responsables que distribuyen materiales y explican el trabajo. Jaime reconoce que muchos llegaban sin experiencia previa, como era su caso.
“Nunca había pintado”, admite. Pero recibieron instrucciones básicas y las herramientas necesarias. “Nos proporcionaron todos los materiales: papel para el suelo, pintura, masilla… y a pintar”, explica.
«El voluntariado llega a un punto en el que casi ayuda más a la propia persona que lo hace”
En este mecanismo, la logística es crucial. Y Teresa subraya la importancia del apoyo externo. “Todo esto es posible gracias a tres empresas, sin ellas sería imposible”, afirma.
Entre esos apoyos, menciona la financiación de la Fundación Pryconsa, el suministro de materiales por parte de Wenceslao García y la cesión de una furgoneta de Ayvens, esencial para transportar cubos, rodillos y herramientas. “La logística del programa es compleja, movilizarse de distrito en distrito con todos los materiales”, recuerda.
Pero hay otro factor igualmente decisivo: la confianza de quienes reciben la ayuda. Familias que abren la puerta de su hogar a un grupo de jóvenes desconocidos, permitiendo que entren en espacios privados y, en muchos casos, compartan su historia.
La campaña finaliza con cifras que impresionan: 265 voluntarios, 20 agrupaciones juveniles, decenas de espacios rehabilitados. Pero lo que perdura, más allá de la pintura fresca en las paredes, es el vínculo que se genera.



