Vox adopta la imagen de un trabajador en el sur de Madrid.


En el lugar donde solían estar Iván Espinosa de los Monteros, cuarta generación de marqueses de Valtierra desde que Alfonso XII otorgara el título nobiliario a su familia, y su esposa, Rocío Monasterio, arquitecta enfocada en el sector inmobiliario de lujo en la capital, ahora se encuentra el historiador de la Universidad Complutense, Carlos Hernández Quero. Este último, vestido con polo, vaqueros y un pendiente en la oreja, lanza críticas contra Isabel Díaz Ayuso y los fondos de inversión extranjeros que están desplazando a los madrileños de sus barrios. “El Madrid de los acentos”, un concepto que la presidenta regional menciona durante sus viajes «institucionales» a América, es objeto de burla por quienes, hasta hace dos años, eran sus aliados en el Gobierno. En su primera legislatura en la oposición, Vox ha apodado a Ayuso como “Lady Miami”, propone enmiendas de totalidad contra sus Presupuestos y actualmente también la critica por el deterioro en los servicios públicos.

Después de perder un tercio de sus votos en Madrid, más de 100,000 papeletas entre las elecciones de 2021 y 2023, quedando en 245,000 (el 7.3% de los votantes de la región) y posicionándose como la cuarta fuerza política, ya sin el poder de influencia que su apoyo le otorgaba al Gobierno en minoría de Ayuso, Santiago Abascal ha destituido a la cúpula del partido en Madrid e intenta aprovechar el descontento en los barrios del sur, donde la extrema derecha siempre ha tenido resultados discretos. Esto no es algo nuevo; el movimiento de Le Pen en Francia o Meloni en Italia han hecho lo mismo, obteniendo sus mejores resultados en los bastiones obreros (donde alcanzó el 34% de los sufragios, según un estudio de Ipsos) en las elecciones que llevaron a Meloni a la presidencia de Italia.

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