Yulianna Avdeeva cierra con broche de oro el Año Shostakóvich en el Círculo de Bellas Artes | Cultura
Sin duda, el Festival Shostakóvich de Leipzig, que conmemora el quincuagésimo aniversario de la muerte del compositor ruso, se contará entre los eventos más destacados de 2025. Este festival se llevará a cabo en la Gewandhaus de Leipzig, del 15 de mayo al 1 de junio, y presentará interpretaciones memorables de muchas de sus obras más emblemáticas, incluyendo la integral de sus sinfonías, música de cámara y la ópera Lady Macbeth de Mtsensk. Todo ello fue documentado en EL PAÍS.
Uno de los principales alicientes del festival fue la actuación de la pianista rusa Yulianna Avdeeva. El 30 de mayo, realizó la integral de los 24 preludios y fugas, op. 87, compuesta entre 1950 y 1951, lo que supuso un desafío físico y mental que duró tres horas. Esta obra está también profundamente relacionada con Leipzig: Shostakóvich la compuso tras ser jurado en el primer Concurso Internacional Johann Sebastian Bach, en julio de 1950.
Avdeeva transformó la propuesta del festival de Leipzig en un ambicioso proyecto que ha ocupado gran parte de su año, tanto en el escenario como en redes sociales. En febrero, comenzó una serie de diez maratones dedicadas a esta monumental obra pianística de Shostakóvich, iniciando en Seon, Suiza, y continuando con la grabación para el sello Pentatone. La gira mundial siguió con actuaciones mensuales en Ostrava, Barcelona y Berlín, y también incluyó paradas en China, Japón y Canadá, así como su participación en el festival alemán Días Internacionales de Shostakóvich en Gohrisch.
El cierre de este proyecto tuvo lugar el pasado domingo, 14 de diciembre, en el prestigioso Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Frente a una audiencia cercana a las 500 personas, casi a capacidad total, y en una acústica ideal para disfrutar de la evolución musical de esta enorme partitura, se generó una atmósfera de total entrega y silencio.
Esto se evidenció en los momentos finales, especialmente en la fuga número 24 en re menor, la más larga y compleja del ciclo. Shostakóvich la concibió como su clímax emocional, resumiendo todo lo escuchado en las dos horas y media precedentes. Avdeeva la interpretó magistralmente, pasando del registro organístico al sinfónico, demostrando un control excepcional sobre la dinámica y sonoridad del instrumento. En particular, en la indicación crucial de accelerando poco a poco en pianísimo, que el compositor introduce para desencadenar un efecto arrollador, combinando simultáneamente los dos temas de esta fuga doble, multiplicados en acordes y octavas.
El público rompió en una ovación prolongada. Es evidente que el impacto que Shostakóvich genera con este monumental final no podría alcanzar la misma magnitud fuera de su contexto. Avdeeva decidió dividir el ciclo con una breve pausa de quince minutos tras el preludio y fuga número 12, una elección acertada para diferenciar una primera parte más neoclásica y menos densa de una segunda que se adentra en una música más introspectiva, sarcástica, violenta y personal.
Cabe recordar que este ciclo de 24 preludios y fugas, op. 87 fue la única obra de envergadura que Shostakóvich pudo estrenar y publicar antes de la muerte de Stalin, en 1953. Otras composiciones importantes de ese tiempo, como su Concierto para violín núm. 1, su Cuarteto de cuerda núm. 4 o el ciclo de canciones Sobre la poesía popular judía, permanecieron inéditas. No obstante, el compositor supo insertar en este homenaje a Bach toda la complejidad psicológica de su universo interior.
Incluso llegó a grabar dieciséis de estas piezas para la Radio de Moscú entre 1951 y 1952. Su interpretación, profunda y nerviosa, contradice a veces lo escrito en su partitura, pero también revela la esencia de su expresividad: una aparente moderación y superficialidad bajo la cual late una energía creativa apasionada, tal como lo relató la cantante Nadezhda Welter durante los ensayos de Lady Macbeth de Mtsensk, según se menciona en la biografía de Elizabeth Wilson.
Aun así, la referencia sonora definitiva de esta obra siguen siendo las grabaciones de Tatyana Nikolayeva, quien inspiró el ciclo al ganar el mencionado Concurso Bach de Leipzig, siendo su dedicataria y también primera intérprete en su estreno. Su primera grabación de 1962 (Doremi) es considerada la interpretación clásica de referencia, donde brilla por su imaginación tímbrica y su visión global del drama trascendental contenido en la obra. Ella también fue la primera en establecer como práctica habitual la maratón de casi tres horas que requiere su ejecución en vivo, un hábito que trágicamente le costó la vida, falleciendo en 1993, a los 69 años, durante una interpretación del ciclo en el Herbst Theatre de San Francisco, a causa de una hemorragia cerebral masiva mientras tocaba la fuga número 16 en si bemol menor.
Después de Nikolayeva, han sido numerosos los pianistas —casi todos rusos o de origen ruso— que han interpretado y grabado el ciclo. Puede que los registros expresivos varíen entre el sentimentalismo de Boris Petrushansky (Dynamic) y la frialdad de Vladímir Ashkenazi (Decca). Entre los pianistas contemporáneos que han abordado esta obra se encuentran el equilibrado Alexander Melnikov (Harmonia Mundi), el narrativo y virtuoso Igor Levit (Sony Classical), y ahora se suma la versión matizada y sutil de Yulianna Avdeeva (Pentatone).
La pianista rusa abordó la interpretación en vivo con gran sobriedad. Sentada frente al teclado, con la espalda recta y una gestualidad mínima —que ocasionalmente se acentuaba con la mano izquierda en apoyo a la derecha—, su rostro reflejaba los estados emocionales despertados por la música: una ligera sonrisa en los pasajes más humorísticos y una expresión seria cuando predomina la densidad sonora. Evitó depender de un pasapáginas o soluciones tecnológicas como el iPad, optando en su lugar por un sistema de paneles con reducciones de las partituras de Shostakóvich para cada preludio y fuga.

Sin embargo, a Avdeeva le costó conectar con la esencia del ciclo en la primera parte. A pesar de su meticulosa precisión en el fraseo, la articulación y la dinámica de los primeros ocho preludios y fugas, aún no se percibía ese nervio y esa energía tan característicos de Shostakóvich. Fue en la fuga número 9 en mi mayor —la única a dos voces y otro frenético homenaje a Bach— donde comenzó a notarse una tensión y un riesgo que no se desvanecerían hasta el final de la velada. El preludio y fuga número 10 en do sostenido menor representó el primer verdadero destello de la noche. En el número 11 halló la chispa sardónica, pero fue en la fuga del número 12, tras la passacaglia del preludio, donde se dejó escuchar una implacable determinación que sobrepasó la mera precisión técnica.
La segunda parte, con los preludios y fugas números 13 al 24, resultó notablemente superior. Desde la austera arquitectura de la fuga a cinco voces del número 13 hasta el preludio número 14, que evocó el brumoso inicio de una sinfonía. El número 15 impresionó con un irónico vals en el preludio, aplastado por una fuga atonal e imponente, al igual que las filigranas barrocas del número 16. Otros momentos destacados incluyeron el número 19, con un preludio de contrastes ideales y una fuga mordaz; el número 21, que culminó en una fugaz enérgica que casi provocó aplausos espontáneos; y el número 23, donde demostró que la profundidad no se opone a un melodismo contenido. Todo concluyó con el colofón ideal del número 24, seguido de una celebración general.
VII Círculo de Cámara 2025-2026
Dmitri Shostakóvich: 24 Preludios y fugas, op. 87 (integral). Yulianna Avdeeva, piano. Círculo de Bellas Artes de Madrid, Teatro Fernando de Rojas, 14 de diciembre


