El PSOE asume la responsabilidad de la crisis de las pulseras antimaltrato y critica a Podemos por su falta de respaldo en el Gobierno.
El PSOE ha decidido emprender de manera unilateral la gestión de la crisis vinculada a las pulseras antimaltrato, una controversia que surgió esta semana y que pone en riesgo la relación entre los aliados de Gobierno. Desde Ferraz y Moncloa se ha optado por centrar las explicaciones en la ministra de Igualdad, Ana Redondo, aunque los criterios de adquisición que provocaron el conflicto fueron establecidos por la anterior responsable del área, Irene Montero (Podemos).
Fuentes del PSOE enfatizan que fue Montero quien incluyó en el pliego de condiciones el requisito del “bajo precio”, algo que consideran inapropiado para un dispositivo de seguridad como las pulseras telemáticas destinadas al control de agresores de violencia de género. “De estos polvos vienen estos lodos”, subrayan, recordando que la controversia se origina en la etapa de Igualdad bajo control de Podemos.
El Gobierno, en medio de la tormenta mediática, llegó a comprobar si las pulseras habían sido compradas en plataformas de bajo coste como Aliexpress, información que fue desmentida públicamente por Redondo. Desde el PSOE critican que, a pesar de conocerse el origen de la controversia, la opinión pública no haya señalado directamente a Podemos, que ahora permanece al margen mientras los socialistas asumen el desgaste.
Un diputado socialista reconoce que cargar la responsabilidad sobre Sumar sería “tirarse piedras sobre el propio tejado”, mientras que con Podemos existe un frágil equilibrio debido a otras negociaciones en curso. Es importante recordar que los morados se negaron a apoyar la reciente cesión de competencias en materia de migración a Cataluña, acordada entre el PSOE y Junts.
El descontento ha llevado al Gobierno a endurecer su discurso contra Podemos. Esta semana, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, reprochó a los morados en el Congreso que se enfoquen en “marcar diferencias” y en “minimizar” la labor socialista, catalogándolo de “irresponsabilidad” en un contexto en el que el Ejecutivo necesita cohesión.
Desde el sector socialista se solicita a Podemos una reflexión y se les acusa de usar la crisis de las pulseras y otros desacuerdos como estrategia para perfil propio, incluso a costa de debilitar al Gobierno. Para Ferraz, representa una “apuesta forzada y un error político” que podría agravar la ya compleja aritmética parlamentaria.
En medio de esta controversia, el PSOE reitera que su prioridad es mantener la estabilidad del Ejecutivo, al tiempo que refuerza el mensaje de que la gestión actual de Igualdad está enfocada en solucionar los problemas heredados y no en generar nuevos conflictos con los socios de coalición.


