Resultados históricos y confrontación entre el Gobierno, la SEPI y los fondos de inversión.
Indra se encuentra en uno de los periodos más cruciales de su historia reciente. La firma tecnológica y de defensa ha revelado resultados financieros sin precedentes, con un beneficio neto que crece un 57 %, alcanzando los 436 millones de euros, y una cartera de pedidos que aumenta un 122 %, superando los 16.000 millones de euros. Sin embargo, tras estos registros históricos, se oculta una feroz batalla por el control de la empresa que enfrenta al Gobierno, a través de la SEPI, con varios fondos de inversión y accionistas privados.
La reacción del mercado fue inmediata al conocerse las cuentas de la empresa. Las acciones llegaron a subir más de un 21 % en un solo día, uno de los mayores aumentos registrados en la Bolsa española en años. En apenas un año, el valor de mercado de Indra ha crecido notablemente: la cotización ha pasado de unos 18 euros a más de 56 euros por acción, elevando la capitalización de la compañía de 3.000 millones a cerca de 10.000 millones de euros.
El presidente de la compañía, Ángel Escribano, destacó la evolución de Indra y afirmó que el crecimiento pone de manifiesto el potencial del grupo en el actual contexto internacional, marcado por el incremento del gasto en defensa y la transformación tecnológica del sector.
No obstante, el ambiente en torno a la presentación de resultados evidenció que la situación interna está lejos de ser tranquila. No hubo rueda de prensa ni turno de preguntas, algo poco habitual en una empresa del IBEX 35, y la reunión se desarrolló en medio de rumores sobre tensiones en el consejo y posibles cambios en la gobernanza.
Dos bloques enfrentados por el control
En la actualidad, existen dos bloques claramente diferenciados dentro del accionariado de Indra.
Por un lado, se encuentra el bloque impulsado por el Gobierno, representado principalmente por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que posee cerca del 28 % del capital, junto con SAPA Placencia, con aproximadamente un 7,9 %. Este grupo ha mostrado críticas hacia algunos movimientos estratégicos propuestos por la actual dirección.
En el lado opuesto está el bloque que apoya al presidente Ángel Escribano, que incluye su propio paquete accionarial de alrededor del 14,3 %, además de fondos de inversión como Amber Capital, dirigido por Joseph Oughourlian, junto a inversores institucionales como Third Point y otros accionistas minoritarios.
El conflicto se centra en gran medida en torno a la posible integración o adquisición de Escribano Mechanical & Engineering, una operación que podría alterar el equilibrio de poder dentro de la empresa y cambiar el peso relativo de los accionistas.
En cuanto al control societario, el Gobierno enfrenta un claro desafío: aunque tiene una participación significativa, no cuenta con una mayoría suficiente para imponer su estrategia. Entre la SEPI y SAPA suman algo menos del 36 % del capital, lo que les obliga a buscar apoyos dentro del accionariado para cualquier movimiento relevante.
Una empresa estratégica en plena expansión
El conflicto interno surge en un momento especialmente delicado para la compañía. Indra se ha consolidado como uno de los actores clave en la industria tecnológica y de defensa en Europa, participando en proyectos relacionados con la seguridad, sistemas militares, digitalización y gestión del tráfico aéreo.
El incremento del gasto militar en Europa, junto con la creciente demanda de tecnología avanzada para defensa y seguridad, coloca a la empresa en una posición estratégica.
El economista José Ramón Riera ha advertido sobre el contexto que rodea a la compañía y la influencia del Estado en empresas cotizadas. Según él, “cuando el Estado entra en el capital de empresas estratégicas y intenta influir en su dirección, las tensiones entre accionistas privados y poder político son prácticamente inevitables”.
Para Riera, la situación actual refleja una dinámica que va más allá de los resultados financieros. “Estamos viendo una batalla empresarial de primer nivel por el control de una compañía estratégica en el IBEX 35”, señala.
Un conflicto que apenas comienza
Mientras la empresa sigue creciendo y consolidando su cartera de contratos, el enfrentamiento entre accionistas parece destinado a prolongarse. Esta pugna no solo afecta el control corporativo, sino también el futuro estratégico de la compañía en un sector crucial para la economía y la seguridad europeas.
La pregunta que ahora flota sobre el mercado es si Indra continuará enfocándose en su expansión empresarial o si la disputa entre el poder político y los grandes inversores definirá el rumbo de la compañía en los próximos años.
Como advierte Riera, “la guerra empresarial en Indra apenas ha comenzado”, y su desenlace podría tener consecuencias relevantes tanto para la empresa como para el equilibrio entre el Estado y los mercados en sectores estratégicos.



