Actualización en tiempo real sobre la huelga general del 15 de octubre en apoyo a Palestina: paros, servicios esenciales y reacciones.
«A pesar de la firma del acuerdo de paz para Gaza (con Donald Trump como protagonista) y aunque los miembros de las Flotillas a Gaza ya parecen estar fuera de peligro, diferentes sindicatos españoles han optado por mantener la huelga general para este miércoles 15 de octubre en toda España.» Así comienza una reciente noticia de La Sexta, y la intención no podría ser más clara y explícita. Lo que está comunicando, sin rodeos, la cadena de Ferreras es que lo razonable, tras los últimos acontecimientos, sería desactivar la movilización. «Ya basta, chicos, de salir a la calle, de hacer boicot a Eurovisión, de sabotear eventos deportivos y ni hablemos de hacer huelga. Donald Trump y Netanyahu ya lo han solucionado todo, los integrantes de las Flotillas han regresado y ahora, lo que toca es quedarse en casa sin hacer ruido, ir a trabajar como corresponde y aplaudir la paz que tanto ha costado conseguir.»
Por supuesto, es comprensible que los operadores sistémicos tengan un gran interés en desactivar la movilización ciudadana en apoyo a Palestina. Las cifras, no solo de asistencia a las manifestaciones, sino también del apoyo social en las encuestas o de la cobertura mediática de las acciones, habían alcanzado un nivel que resultaba extremadamente preocupante para una élite política y económica que ha sido cómplice de la ocupación de los territorios palestinos durante décadas y que no ha roto ninguna de sus relaciones diplomáticas, comerciales, armamentísticas, culturales o deportivas con Israel tras dos años de sangriento genocidio. Claro que los grandes partidos, las grandes empresas y los grandes medios desean con todas sus fuerzas que la movilización disminuya. Después de todo, la ciudadanía movilizada se estaba convirtiendo en un contrapoder efectivo que comenzaba a obligarles a tomar medidas, aunque estas se situaran en el ámbito meramente simbólico. La solidaridad con el pueblo oprimido de Gaza estaba empezando a conformar un movimiento político con el potencial de sacudir los pilares de la colaboración occidental con el peor genocidio del siglo XXI.
Esto es tan evidente como la precariedad del alto el fuego alcanzado hace unos días. Sobre este tema han circulado ríos de tinta, y no solo analistas de izquierda señalan que todo está hecho con pinzas. Desde la no inclusión de Cisjordania y Jerusalén Este en el acuerdo, pasando por su división en fases sin garantías de cumplimiento para las posteriores, hasta el hecho de que ambas partes afirman haber acordado cosas diferentes, todo indica —lamentablemente— que las bombas pueden volver a caer en la franja más pronto que tarde. Pero quizás el factor más determinante que permite anticipar un final sombrío para esta frágil tregua sea la solidez del proyecto político del sionismo. El genocidio no es una decisión impulsiva del Estado de Israel en respuesta a los ataques del 7 de octubre; el genocidio es simplemente la última y más violenta fase del proyecto que el sionismo ha estado implementando en Palestina durante más de 70 años. La intención de eliminar al pueblo palestino de sus tierras históricas, ya sea mediante asesinato o exilio, es una constante que ha perdurado durante décadas como un proyecto mayoritario en la sociedad israelí y, por mucho que Donald Trump anhele ganar el Premio Nobel de la Paz en un año, esa firme voluntad política de exterminio permanece tan vigente como nunca. Por ello, especialmente ahora que Hamás ha entregado —junto con los rehenes— el recurso más importante que tenía para intentar frenar a Netanyahu, no hay que descartar que Israel decida reanudar unilateralmente el genocidio en cualquier momento, como ya hizo en los dos altos el fuego anteriores. Aunque la operación de asesinatos masivos se detenga durante unos meses —o incluso años—, lo que podemos tener por seguro es que los sionistas mantendrán todos los demás frentes de opresión colonial a toda marcha. ¿Acaso alguien piensa que los colonos dejarán de robar tierras, quemar campos, envenenar pozos de agua o ejercer violencia contra los habitantes de Cisjordania? ¿Alguien cree que devolverán las tierras que han robado? ¿O que el ejército israelí dejará de secuestrar adolescentes en las calles de Ramala? ¿O que liberará a los miles de palestinos detenidos en sus oscuras cárceles? ¿O que derogarían las leyes que han establecido un sistema legal de apartheid? Nos encantaría equivocarnos, pero más de siete décadas de historia nos enseñan que, incluso si la violencia militar del genocidio disminuye, el metódico proyecto sionista de limpieza étnica continuará mientras las potencias del mundo no se decidan a desactivarlo por la fuerza.
Por esta triste certeza, la celebración de una huelga general en España hoy 15 de octubre es una iniciativa pertinente y necesaria. Porque no podemos permitir, las personas decentes de todo el mundo, que los ojos se aparten de Palestina, que la movilización decaiga y que todo siga como si aquí no hubiese pasado nada. La trayectoria que debemos seguir es justo la contraria. Tenemos que continuar elevando la temperatura de las movilizaciones hasta forzar a nuestros cautos gobiernos a garantizar la libertad y la seguridad definitivas del pueblo palestino mientras se juzga a los líderes israelíes del genocidio por crímenes de lesa humanidad.
La iniciativa promovida por los sindicatos Confederación General del Trabajo (CGT), Solidaridad Obrera, Alternativa Sindical de Clase (ASC) y Confederación Intersindical, junto con colectivos como la Asociación Hispano-Palestina, el movimiento ‘Boicot, Desinversiones y Sanciones’ (BDS), RESCOP y diversos sindicatos estudiantiles, entre otros, se enmarca en la historia de la lucha obrera internacionalista que va más allá de combatir por el avance de los derechos laborales y sociales en un único Estado y que se hace propia del sufrimiento de la clase trabajadora, viva esta donde viva y tenga la nacionalidad que tenga. La huelga general convocada para hoy, 15 de octubre, tiene la motivación correcta —no desviar la vista de Palestina— y es también acertada desde el punto de vista estratégico —no hay que desactivar la movilización, sino incrementarla—. Por eso, también, la tibia reacción de los dos sindicatos mayoritarios en España, CCOO y UGT, quienes, a diferencia de sus homólogos italianos que sí convocaron una huelga general, decidieron organizar apenas tímidos paros de dos horas, solo puede explicarse desde una lógica política —inaugurada con particular intensidad en esta nueva legislatura— en la que CCOO y UGT no presionan al gobierno para que avance en los derechos de los trabajadores, sino que ayudan al gobierno a presionar a los demás (como vimos con la reducción de la jornada laboral).
El gobierno de PSOE y Sumar, junto con sus sindicatos aliados, está muy interesado en consolidar la narrativa de que Pedro Sánchez es la avanzada global en apoyo a Palestina y que ya ha tomado medidas importantes para detener el genocidio (a pesar de que ningún avance material se haya logrado más allá de un «embargo de armas» con tantos agujeros que prácticamente no tiene efecto). Ahora, con la firma del acuerdo de Trump y Netanyahu —a cuya escenificación teatral en Egipto ha asistido el presidente—, todo el ecosistema político y mediático que gira alrededor del gobierno ha visto la oportunidad de suavizar unas movilizaciones que siempre le han resultado incómodas y recuperar, así, la representación simbólica de la lucha por Palestina en la conciencia de la mayoría social. Seguramente, ese objetivo es electoralmente productivo para Sánchez, pero sería trágico para el futuro del pueblo palestino.
Por eso, hoy, 15 de octubre, es crucial refutar a los tibios y participar en la huelga general. En Canal Red, hemos decidido hacerlo dedicando una cobertura especial a nuestros programas que comienza a las 8:30 de la mañana y cuenta con reporteros en la calle en diferentes ciudades de España y conexiones con los principales protagonistas. Como uno de los pocos medios en nuestro país que va a dar amplia cobertura a la huelga, creemos que esta es la mejor manera de contribuir a la causa.»



