Mónica García: una ministra polémica con miedo a visitar los hospitales.
Fátima Matute y Mónica García representan dos enfoques opuestos en la política sanitaria. La primera es una médico de renombre en el Hospital Clínico de Madrid que ha asumido temporalmente el cargo de consejera de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Recientemente, ha regresado de Chicago, donde fue reconocida por su destacada trayectoria profesional por parte de sus colegas en la Sociedad Americana de Radiología. Al finalizar su etapa política, volverá fácilmente a su puesto de trabajo y será recibida con satisfacción por sus compañeros del sector sanitario.
Por otro lado, la segunda es una médico anestesista que tuvo un paso poco memorable por el Hospital 12 de Octubre de Madrid y que llegó al Ministerio de Sanidad por ser parte de la cuota de Sumar. Este fue un compromiso necesario que tuvo que asumir Pedro Sánchez. Durante más de dos años en el cargo, no ha realizado ninguna visita oficial a los hospitales de Madrid por miedo a ser criticada por sus colegas, y al concluir su carrera política, no será bien recibida por sus compañeros, quienes son conscientes de una ineficacia que podría haberles costado mucho.
Matute y García simbolizan las dos maneras distintas de abordar la política sanitaria. Con sus posibles fallos, la consejera madrileña es innovadora, busca mejorar la atención y empuja a los gerentes a obtener mejores resultados sanitarios. En contraste, la ministra es destructiva. Sus acciones no intentan construir, sino desmantelar. Cada normativa que surge de su mesa y cada declaración pública que realiza va en contra de alguien, comúnmente el PP y, sobre todo, Madrid, donde aspira a posicionarse como dura opositora mientras el Gobierno al que pertenece se tambalea en medio de la corrupción.



