El gobierno de Ayuso decidió abonar 2.354 millones adicionales a Quirón y Ribera Salud durante sus primeros seis años en el cargo | Noticias de Madrid


Existen récords que resultan difíciles de aceptar. Esto sucede con los presupuestos de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Cada año, el gobierno afirma que los montos son sin precedentes. Sin embargo, anualmente la realidad supera las expectativas: generalmente se desembolsa más de lo que se había presupuestado. Uno de los factores que más inflan esa cifra son los hospitales de gestión privada que forman parte de la red pública madrileña. A veces, esto ocurre porque atraen a pacientes de otros hospitales, lo que implica un pago adicional. Otras veces, ganan numerosos juicios contra la Comunidad. También resulta que Madrid liquidó deudas que arrastra desde hace más de una década. El déficit en las cuentas públicas es monumental: de acuerdo con datos de la Intervención regional, en los primeros seis años de su mandato (2019-2024), Isabel Díaz Ayuso ha desembolsado 2.354 millones más de lo previsto a Quirón (2.208) y Ribera Salud (146), que actualmente están bajo el escrutinio debido a las instrucciones de su CEO, Pablo Gallart, para mejorar los resultados financieros. Como resultado, la factura total durante este tiempo ha ascendido a 6.663 millones, repartidos entre cinco hospitales públicos de gestión privada. Más de 1.300 millones al año. Una dinámica que el gobierno considera normal.

“Existe un modelo de financiación que favorece de manera deliberada a los hospitales de gestión privada”, lamenta Carlos Moreno, diputado del PSOE. “En 2024, se destinaron 10.100 millones para sanidad. Esa cifra fue completamente insuficiente. Se ejecutaron alrededor de 13.400, con un desvío de 3.300 millones, principalmente para los cinco hospitales de gestión privada, sin control parlamentario”, detalla. “Por un lado, tenemos hospitales públicos con una financiación tan baja que deben cerrar quirófanos por las tardes; y por otro, hospitales de gestión privada que reciben abundantes fondos y programan pruebas hasta las 4 de la mañana. Es un sinsentido”, continúa. Y concluye: “Esto explica por qué muchos pacientes eligen huir de los mejores hospitales públicos y buscan atención en otros para obtener la rapidez que necesitan”.

Un portavoz de Quirón contrarresta esta afirmación. “En el caso de los hospitales concesionarios, la diferencia entre el presupuesto publicado y el gasto real se debe, mayormente, al procedimiento de control y liquidación de la actividad realizada, conforme a lo estipulado en los contratos, resultado del sistema de libre elección que beneficia a 1,2 millones de madrileños”, argumenta. “Las liquidaciones se corresponden a la suma de varias liquidaciones de años anteriores que han sido abonadas con retraso, no a las liquidaciones de actividades correspondientes a esos ejercicios”, detalla este interlocutor, quien señala “un problema estructural, ya que los precios públicos deberían actualizarse anualmente, pero solo se han ajustado dos veces en la última década” a pesar del aumento del IPC. Y afirma: “Esto quiere decir que la actividad realizada por los hospitales concesionados, que es sistemáticamente la mejor valorada por los ciudadanos, ha sido constantemente infravalorada, además de que han estado cobrando las liquidaciones con varios años de retraso”.

Así es. Quirón opera cuatro hospitales en la red pública de Madrid: los de Móstoles, Valdemoro y Villalba, bajo régimen de concesión, y la Fundación Jiménez Díaz, mediante un convenio especial. Ribera Salud, por su parte, gestiona un centro en Torrejón. Todos esos hospitales reciben pagos directos por atender pacientes de otros centros. Los públicos, no, ya que el dinero va a una caja común. Esto fomenta un círculo virtuoso impulsado por una mayor disponibilidad de quirófanos y consultas en los centros de Quirón y Ribera Salud: a más pacientes, más ingresos, más inversión en quirófanos e instalaciones y, nuevamente, más pacientes.

Los resultados son esclarecedores. Los cinco hospitales públicos de gestión privada constituyen una minoría dentro de la red pública, que abarca alrededor de una treintena de centros. Aun así, captaron en promedio el 58% de las citas de pacientes que decidieron cambiar de centro entre 2022 y 2023, según las memorias del servicio madrileño de salud. Es decir, mientras los centros públicos puros perdieron pacientes, los de gestión privada aumentaron su número con más de 200.000 citas anuales de pacientes que no eran inicialmente suyos, lo que incrementó de este modo la factura que presentan a la administración regional. En la última memoria del SERMAS, correspondiente a 2024, Madrid ha dejado de reportar estos datos de derivación, algo que hacía anteriormente. Un portavoz de la consejería de Sanidad asegura que “próximamente” se publicará la estadística.

Atracción de pacientes rentables

“Mientras los hospitales públicos lidian con limitaciones, los de gestión privada tienen acceso a un mayor número de citas porque enfocan sus agendas y toda su actividad en atraer pacientes para procedimientos rentables”, explica Marta Carmona, de Más Madrid.

Esta psiquiatra convertido en diputada aclara que “por eso Quirón puede mantener sus servicios de rayos abiertos durante la madrugada para absorber, y facturar, listas de espera, mientras los hospitales públicos deben cerrar sus agendas y no se les permite realizar horas extraordinarias, que son actividades adicionales de los profesionales que ya laboran allí y se deben remunerar, ya que Hacienda no autoriza la ampliación de su presupuesto”. Y añade: “Los hospitales públicos operan con un presupuesto extremadamente limitado, por debajo de sus requerimientos, y deben luchar por cada céntimo adicional. Mientras tanto, los hospitales de Quirón pueden ejecutar el doble o el triple de su presupuesto, sin inconvenientes, lo que les permite adaptar su actividad a su antojo”.

Así se expresa un portavoz de la consejería de Sanidad sobre la diferencia entre lo presupuestado y lo realmente pagado. “No existe desvío entre lo presupuestado y lo pagado; ese concepto de desviación tiene connotaciones negativas”, afirma. “Las liquidaciones son producto del funcionamiento habitual del contrato. Se generan al cierre de los ejercicios y se examina la actividad llevada a cabo como resultado de la libre elección”, añade. “Por lo tanto, una vez que se conoce la libre elección, que es variable, se efectúa estrictamente el pago correspondiente a lo que se ha realizado”, sigue. “Este es un efecto normal del contrato y del sistema de funcionamiento de la libre elección del que se benefician 1,2 millones de madrileños”, recalca. Y concluye: “Las modificaciones de crédito también son parte de su funcionamiento habitual. No se retira, ni se detrae, ni se desvía un céntimo de los artículos presupuestarios destinados a los hospitales de gestión directa”.

El total de 2.354 millones adicionales para el periodo 2019-2024 incluye una parte del primer año en el que Ayuso no era presidenta, ya que asumió el cargo en agosto.

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