Mbappé lideró al Real Madrid en una victoria contundente sobre el Oviedo.


Kylian Mbappé está en plena forma. El jugador francés selló la victoria de un Real Madrid fuerte y decidido en el primer tiempo, liderado por Tchouaméni, pero vacilante en el segundo. Por posible agotamiento o inseguridades, el equipo de Xabi se vio disminuido ante un Oviedo que casi logra empatar con un tiro de Sibo al palo. Sin embargo, no anotaron, y Vinicius, que comenzó en el banquillo, completó el trabajo con un robo, una asistencia y un gol al final. Aportó juego y algunos exabruptos innecesarios de sus compañeros.

Desde el primer partido oficial contra Al Hilal en el Mundialito, quedó claro que Xabi no es Carletto. Precisamente, ese fue el último encuentro de Rodrygo como titular, hasta ayer. Las alineaciones del tolosarra contemplan mucho más que solo jerarquía. Vinicius no es inamovible, y a Mastantuono le encanta, mientras que en la defensa derecha se vive un buen alboroto entre Carvajal y Trent. Con estos parámetros, el Madrid se presentó en el regreso del Oviedo a la gloria tras años de sufrimiento. Sus aficionados nunca se dieron por vencidos, incluso cuando robaron al borde del abismo en Tercera división. Dos largas décadas de sufrimiento culminan con el retorno al Edén, el césped del Carlos Tartiere con el Real Madrid como rival. Un orgullo encarnado en Santiago Cazorla, quien estuvo en el banquillo hasta el último suspiro. Aquella noche merecía más de su magia.



El inicio pudo ser el soñado por los carbayones. El Oviedo sacó rápidamente, tocó dos veces y buscó la diagonal a Ilyas Chaira. Los centrales se durmieron, pero Courtois no, quien evitó males mayores antes de los diez segundos. Resultó ser un espejismo, porque el Madrid tomó el control del balón y se instaló en el campo contrario. De menos a más en la velocidad de circulación, favoreciendo la organización defensiva del Oviedo. Casi siempre por la izquierda, donde Rodrygo también empezó a soltarse al encarar primero a uno, luego a dos, y finalmente a tres. El Rodrygo que fue, hasta que dejó de ser.

No es el juego o la precisión lo que intimida de este Madrid en formación. Es su hambre por recuperar el balón. Permitiendo pocas salidas al Oviedo, las únicas fueron gracias a Rondón, que aguantó la pelota y descargó o giró. Así creó una buena opción para Dendoncker, que el belga, veloz como un correcaminos, intentó colocar de vaselina. Courtois, con sus casi dos metros, resolvió sin mucho esfuerzo. El Madrid presiona con sentido y fuerza. Tchouaméni es el capitán general en esta tarea, y por ahí nació el 0-1. Dendoncker controló, y entró el francés con ímpetu llevándose el balón y al contrario, gestionó Güler la diagonal y envió un pase tenso para el remate de Mbappé, que definió con maestría.

El Tartiere pidió falta. Yo la hubiera señalado. Materia prima para las tertulias. También se discutirá la caída de Rüdiger en un córner o el derribo a Mastantuono entre dos centrales. Pitable, aunque poco relevante. El argentino ofrece y se muestra. Difícil de detectar. El Madrid tuvo otra ocasión antes del descanso, especialmente una doble de Rodrygo y Güler que fue despejada por la defensa bajo palos. No hubo más, y eso provocó que Paunovic moviera el árbol en el descanso.

El Oviedo cambió su formación, cerrando con cuatro y haciendo entrar a Hassan para explotar los extremos. El Madrid intentó finalizar jugadas con disparos lejanos (Valverde o Tchouaméni), pero comenzó a perder el control del partido. Rahim se fue por la derecha, centró al área y Huijsen empujó a Rondón. Fue algo aparatoso. La afición se enfadó. Ricardo de Burgos aplica la directriz de no pitar penaltis por contactos leves. El Oviedo crecía, tanto que Xabi decidió intervenir en el partido. Cambio de extremos. Vinicius y Brahim al campo. Ahí tienes, Vini.

El Madrid pudo sellar el partido a la contra tras una salida de Mbappé a toda velocidad, que Fede Valverde casi convierte, pero Aarón Escandell realizó una gran parada. Fue un destello. El Oviedo salía con tranquilidad, y los blancos (solo de camiseta, es raro el uniforme) comenzaron a cometer errores. Especialmente Huijsen, quien tuvo una de sus actuaciones más discretas como madridista.

Se empezó a sentir el empate en el aire. El Oviedo lo rozó, insistiendo en el ataque hasta que Dendoncker dejó atrás y Sibo colocó con el interior en el palo. Entró Gonzalo, quien aportó trabajo en la presión. Vinicius no parecía estar en forma. Perdió sus dos primeros balones, y en el tercero vio amarilla por tirarse en el área. El brasileño se molestó, recuperó el balón a Hassan en salida, abrió a Mbappé y el francés se colocó como Pichichi, empatado a Buchanan. Vini se giró y empezó a expresar su descontento, quién sabe contra quién. Kylian le tapó la boca. Allí se selló el destino de un partido que vio un gran paradón de Courtois, reflejo del evidente bajón del Madrid; la entrada de Cazorla, que merecía más minutos; y la sentencia de Vinicius, quien celebró llevándose la mano a la oreja. En su máxima expresión.

/Escrito por José María Rodríguez para Marca

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