La EMVS corta la morera centenaria de Tetuán, un símbolo para los vecinos del antiguo barrio y del desorden urbanístico.


En julio pasado, un grupo de residentes de Tetuán, liderado por la comunidad de Espacio Lorenzana, organizó un paseo durante las festividades del distrito. Una de las paradas, en ruta hacia la caseta vecinal ubicada en el parque Rodríguez Sahagún, fue la morera centenaria de la calle Alberdi.

La silueta que se mantiene en las alturas del Paseo de la Dirección, en medio de los desmontes de un barrio devastado por una prolongada operación de remodelación y expropiaciones, se enfrenta a las imponentes torres Skyline, lujo en contraste con el barrio popular que fue. El árbol estaba en una parcela de la EMVS, y los residentes han defendido durante años que su conservación era posible, integrándolo en el nuevo desarrollo como un recordatorio del antiguo paseo.


Foto de un vecino después de la tala publicada por @sarimacos en Twitter

El árbol se había vuelto un elemento emblemático en el paisaje urbano y sentimental de Tetuán. Se menciona incluso en el libro De fuego cercada. Geografía secreta de Madrid (2024), donde el autor Servando Rocha relata su propia experiencia al intentar salir a pie de Madrid. Pero el 19 de agosto, la morera fue talada.

Los últimos años de la morera fueron de lucha y solidaridad vecinal. En 2022, durante las obras de las calles Alberdi y Cosmos, dos vecinas se enfrentaron a las máquinas para proteger la integridad del árbol, que estaba siendo maltratado. Ya en ese entonces, era considerada una superviviente. En 2016, logró sobrevivir a las demoliciones y obras de la llamada Cornisa de Tetuán, quedando como un habitante solitario en un erial.

Emergiendo como un símbolo de la memoria de un barrio arrasado para ser reconstruido – recordando a los expropiados también – fue cuidada por algunas vecinas. Muchos intentaron darla por muerta cada invierno para deshacerse de ella, pero cada primavera, obstinada, renacía cubriendo su tronco retorcido con nuevas hojas.

En marzo de 2022, se aprobó en la junta de distrito una propuesta del PSOE y Más Madrid, con la abstención del PP y Ciudadanos, para buscar la integración del árbol en el desarrollo de viviendas de la EMVS. Blanca Pinedo Texidor, quien era la concejal-presidente de Tetuán en ese momento, se comprometió a buscar soluciones y a mediar con el área de Medioambiente y la EMVS para lograr la supervivencia de la morera.

Los partidos proponentes representaban la voz de la Casa Vecinal de Tetuán, una organización que había liderado la lucha por la conservación del simbólico árbol (como se puede observar en una carta abierta al alcalde de Madrid enviada unos meses antes).

El apoyo institucional proporcionó un momento de esperanza. El tema fue olvidado –no para los vecinos en lucha– hasta un par de años después. En marzo de 2024, el grupo municipal Más Madrid solicitó en la sesión del pleno de la calle Bravo Murillo la protección del árbol, y nuevamente la propuesta avanzó. Sin embargo, la Junta divulgó noticias poco alentadoras para la supervivencia de la morera. Informaron que la Empresa Municipal de la Vivienda no encontraba una justificación arquitectónica para conservar la morera y que, según Medioambiente, el viejo árbol no sobreviviría a un trasplante.

La última oportunidad para la morera llegó de un error. El cartel de obra que anunciaba el desarrollo de viviendas de protección pública correspondía, en realidad, a la parcela contigua, donde también se construyen viviendas similares. Un error de rotulación en el expediente que, con el tiempo, se ha convertido en anécdota.

Los vecinos más antiguos del Paseo de la Dirección saben que agosto es temporada de derribos silenciosos. Marisa, una de las vecinas expropiadas que cuidó del árbol y se interpuso ante las máquinas en 2022, lo relata así: “Recuerdo que las cartas relacionadas con la expropiación solían llegar en agosto o Navidad, con poco tiempo para hacer alegaciones o recursos”.

La morera, además de ser un árbol centenario, era, como suele decir el historiador del barrio, Antonio Ortiz, un vestigio de aquellas que brindaban sombra en los patios interiores de las casas bajas que por décadas formaron el tejido urbano de Tetuán. En lo que respecta al Paseo de la Dirección y su entorno, cobró un simbolismo especial durante el proceso de transformación radical del barrio.

El Ayuntamiento de Madrid, bajo la dirección de Alberto Ruiz Gallardón, privatizó la reforma del área en 2007. La estrategia consistía en que Dragados (perteneciente a ACS) se encargara de la urbanización, el desdoble de la vía –casi dos kilómetros y cuatro carriles–, así como las expropiaciones y los realojos de los vecinos afectados. La empresa recibiría sus pagos en forma de suelo.

Sin embargo, la crisis de 2008-2009 redujo los precios del suelo y, de repente, los sueños se desvanecieron. ¿El resultado? El barrio fue levantado y los realojos no se completaron durante años. Para colmo, lo que se pagó a los vecinos reubicados muchas veces no era suficiente para cubrir el costo de las nuevas viviendas. En 2016, Dragados se desvinculó del proceso, cobrando a través de una serie de parcelas que pronto aumentaron de manera exponencial su valor de mercado. Entre ellas, las dos que, tras su venta, permitieron la construcción de las torres Skyline frente a la morera. Esos lujosos edificios llegaron antes que los servicios prometidos y la urbanización de muchas calles, que continúan desarrollándose lentamente.

El barrio de la cornisa es ahora diferente, donde lentamente desaparecen los colores terrosos de los desmontes que han evidenciado el desastre urbanístico ocurrido durante años en la zona. Este verano, con un toque de agosticidad, ha partido la vigía de la calle Alberdi, la silenciosa guardiana de todo lo que sucedió allí.

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