Una ‘comunidad’ de personas sin hogar se establece en el centro de Chamberí.
Unos minutos antes de que el reloj marque las 20:00 horas, tres personas arrastran un par de cajas de cartón hasta el número 15 de la plaza del Conde del Valle de Suchil, en pleno corazón de Chamberí. Tardan solo unos segundos en … transformar este embalaje hallado entre los contenedores en su colchón para esta noche. «Todos los días llegan a la misma hora y se instalan junto al banco y a la mañana siguiente lo abandonan y se van», comenta el portero de uno de los edificios de esta zona céntrica de la capital.
Además de las cajas, estas personas sin hogar arrastran una pequeña maleta de cabina y varias bolsas de plástico donde llevan algo de comida y sus pertenencias. Son solo una parte de la decena de individuos que han encontrado en las calles del madrileño barrio de Arapiles un hogar al aire libre. Mientras que estos se retiran apenas empieza el ajetreo en la zona, otros han decidido establecerse de forma fija.
Al identificar su esquina o recoveco, solo necesitan algunos palés y grandes cajas para resguardar del frío y de las miradas curiosas el colchón donde pasan el día y la noche. A unos pasos del número 10 de la calle de Arapiles, junto al Corte Inglés, llevan varios años asentados al menos tres individuos. «Las molestias comienzan con los olores; hacen sus necesidades en zonas ajardinadas, acumulan mucha basura y el verano es insoportable. Acaban dejando todo en condiciones deplorables», relata una trabajadora de este mismo edificio. «Yo llevo dos años aquí, pero ya estaban cuando llegué», añade.
Hay vecinos que llevan menos tiempo que estos individuos, que ya han logrado acomodarse –a pesar de las carencias– en el trozo de vía pública que consideran suyo. «Ellos mismos dicen que están cómodos porque son los mismos vecinos quienes cuidan de ellos. Salen de la iglesia y les brindan comida, sándwiches, café e incluso dinero», cuenta esta mujer.
Arriba, una persona sin hogar cocina junto a su tienda de campaña; a la izquierda, estructura con enseres de personas sin hogar; y a la derecha, tres indigentes durmiendo en la plaza del Conde del Valle de Suchil
El problema de la inseguridad se compara con las preocupaciones sobre la limpieza de la zona, que son mínimas. Hasta este mes, un armario de grandes dimensiones que las personas sin hogar usaban para guardar sus enseres ocupaba parte del espacio techado del número 10 de la mencionada calle, a solo unos pasos de la entrada de los camiones y los obreros que trabajan en el parking de Arapiles. «Otros vecinos, sí es cierto que están molestos por este tema, no solo por la mala imagen que deja en la zona sino también porque acaba todo lleno de montones de trastos», destaca.
«No son agresivos con los vecinos. Saben que necesitan mantener la paz con ellos porque al final les ayudan, pero he presenciado amenazas de muerte entre ellos», continúa detallando sobre las noches de verano en las que el consumo de alcohol provoca disputas. Tampoco los residentes más molestos por esta situación buscan entrar en conflicto: «Cuando la Policía ha venido o alguien ha llamado al ayuntamiento, siempre terminan muy enfadados».
Estas personas sin hogar rechazan la ayuda ofrecida por los Equipos de Calle de Samur Social
En varias ocasiones, afirma esta trabajadora, tanto Samur Social como la Policía Municipal de Madrid han acudido a este punto para intentar ofrecer una solución habitacional, pero se niegan a aceptarla. Además, subraya, se llegaron a instalar estructuras para encadenar bicicletas como medida disuasoria, pero «dicen que les ha venido genial porque así pueden organizar mejor sus cosas e incluso estar más resguardados».
Chabolas de cartón ocupan las estructuras para encadenar bicicletas de la calle de Arapiles
Pernoctando en una tienda de campaña
Al otro lado de esta calle, entre el centro comercial y la universidad UNIE, en el número 14 de la calle de Arapiles, hay una zona más desamparada. Hasta este mismo mes, una persona sin hogar se instalaba en esta esquina dentro de una tienda de campaña, junto a la cual solía cocinar con un camping gas, lo que representa un elevado riesgo de incendio para los residentes. Durante la visita de ABC a la zona, esta situación ya no se encontraba en esa ubicación.
Tampoco estaba otra vivienda precaria construida con cartones que se encontraba adyacente a esta tienda de campaña y que los vecinos inmortalizaron en el documento que han entregado al ayuntamiento de la capital para denunciar la situación. En su lugar, se encontraba una construcción sujeta a unos palos de escoba, utilizada como almacén de plástico donde estos individuos guardan sus pertenencias.
Además, han habilitado un espacio de almacenamiento entre los arbustos en las zonas ajardinadas de los parques y detrás de los bancos. «No se puede permitir que esta zona se convierta en un campamento», enfatiza Marisa, una vecina que también resalta que observa cada vez a más personas sin hogar en las calles: «Hubo unos años en los que también merodeaban mucho. Nos costó bastante que se fueran y ahora el problema ha vuelto».
«No queremos que la zona se convierta en un campamento», critican los vecinos, que han presentado quejas al ayuntamiento
Los equipos de Calle de Samur Social mantienen su presencia en esta misma área. Además, llevan a cabo el seguimiento de los distintos casos, según reportan desde el Área de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del ayuntamiento madrileño. No obstante, las personas sin hogar que se hallan en este punto han rechazado cualquier intervención social que se les ha ofrecido.
Recientemente, comentan estas mismas fuentes del ayuntamiento, se han realizado varias actuaciones conjuntas por la Policía Municipal, Samur Social y Selur en este foco. De hecho, este mes de enero se ha retirado una infravivienda de la zona. A pesar de ello, estas personas siguen rechazando la ayuda ofrecida. Sin embargo, los servicios del Ayuntamiento de Madrid continuarán interviniendo en esta área.
Eso sí, los vecinos insistidos en resaltar una historia de reinserción en el barrio. «Antes vivía en esta calle un hombre con gran talento para el dibujo, y hace unas semanas regresó aquí. Estaba bien vestido, ‘limpito’, peinado y con una sonrisa renovada. Se le veía feliz, y me alegré mucho de que su vida hubiera cambiado tanto», comparte la trabajadora de este edificio de Arapiles sobre este individuo, que «ahora da clases de dibujo a niños con problemas económicos».



