Mbappé continúa con su excelente desempeño | OneFootball


Kylian Mbappé ha comenzado 2026 a toda velocidad. Superado el esguince en su rodilla izquierda que dejó en suspenso al madridismo en Nochevieja, el francés ha regresado a su mejor forma: cinco goles en los tres últimos partidos. Ante el Levante, abrió el marcador desde el punto de penalti, anotó en dos ocasiones contra el Mónaco, y contra el Villarreal, volvió a ser el verdugo. Primero, aprovechó un rebote perdido por Pape Gueye; luego, selló el triunfo con otro lanzamiento desde los once metros. Por el momento, el francés es el líder indiscutible en la tabla del Pichichi: 21 goles en 20 partidos. Muriqi, segundo clasificado, se encuentra a siete tantos del parisino. En la carrera por la Bota de Oro, Kylian también está en la pelea: su doblete ante los groguets lo pone a la par con Harry Kane (42 puntos para cada uno).

Kylian Mbappé ha acumulado un total de 34 goles en 28 partidos esta temporada. Una cifra impresionante. Aunque no lo exprese, el de Bondy tiene entre ceja y ceja alcanzar los 100 goles con la camiseta merengue, y desea lograrlo pronto. En tan solo 86 encuentros, ya ha marcado 76 tantos. Si continúa con este ritmo, podría alcanzar la centena incluso antes de finalizar la temporada. Y conociéndole, no se detendrá hasta conseguirlo. Forzó para igualar a Cristiano Ronaldo… así que, en busca de los 100.



Mbappé desató la tormenta ante el submarino amarillo

El encuentro parecía requerir un destello de genialidad, una explosión que rompiera la estructura defensiva de un Villarreal sólido, ágil, con líneas bien marcadas. Hasta que apareció Mbappé tras el descanso. Después de la charla de Arbeloa, al ver a sus jugadores sufrir en los primeros 45 minutos. Pero en el 47′, en un breve instante, el tiempo pareció comprimirse en una pulsación –el rebote imperfecto de Pape Gueye, la mirada del francés, el disparo seco y mortal–, y el silencio previo se transformó en un estallido incontrolable. Fue un gol de instinto, surgido del hambre y del olfato. Un gol de killer. Un depredador que no espera que el balón le encuentre, sino que lo caza en el aire, como si todo el partido hubiera existido solo para ese momento.

Su segundo gol, ya en el tiempo de descuento, tuvo otro lenguaje: el del dominio y la serenidad. Tras una nueva llegada que Vinicius había ampliado con su inesperado cambio de banda, Kylian tomó el balón con un aire casi elegante de superioridad. Se metió en el área y Pedraza solo pudo derribarlo. El francés le dará pesadillas. Soto Grado, no dudó: penalti. La pena máxima la convirtió ‘a lo panenka’, con una suficiencia que no toca la arrogancia, sino la certeza. Dos gestos distintos, llenos de instinto y frialdad, que retratan al completo el perfil del líder ofensivo del Real Madrid.

Mbappé es el referente

Un líder en lo deportivo, pero también en lo anímico. Tras deshacer a Luiz Júnior con su ‘panenka’, Kylian Mbappé dedicó su gol a Brahim Díaz. Una semana antes, el ’21’ del Real Madrid había fallado ese mismo gesto en la final de la Copa África con Marruecos. Erró antes de la prórroga y los ‘Leones del Atlas’ perdieron aquel partido contra Senegal. Algo que afectó al malagueño: «Me duele el alma». Sin embargo, en La Cerámica, Mbappé quiso mostrarle el camino. «Por ti», le susurró Kylian a Brahim, con un delicado beso. Algo que fue bien recibido por Arbeloa: «Lo más importante en un equipo es saber que estamos juntos. Se logra a través de la unidad cuando se alcanzan los objetivos. Hemos visto una piña el miércoles con el gol de Vinicius y hoy con Brahim. Es un grupo muy sano. Hay que dar mérito a todos los jugadores.». El vestuario está más unido que nunca.

Cuidado con su asociación con Vinicius

Sin embargo, nada de lo que hace Mbappé parece desvinculado del caos organizado que genera Vinicius a su lado. El brasileño juega con la rapidez; el francés, con la precisión. Vini abre puertas que no existen, las transforma con su cintura y sus fintas imposibles, y de repente aparece Mbappé, exacto, en el segundo justo, para convertir el desequilibrio en ventaja. Entre ambos existe una corriente invisible, una electricidad compartida que el rival no puede descifrar. Uno provoca, el otro sentencia. En ese punto intermedio entre la locura y la geometría, el Real Madrid ha encontrado una alianza que destila peligro y belleza a partes iguales.

Ante el Villarreal, ambos lo reafirmaron. Si ante el Mónaco Vinicius ya había asistido con el 2-0 de Kylian, en La Cerámica repitieron la fórmula. El carioca, eléctrico, tejió la jugada que provocó el error de Pape Gueye y, con otro centro envenenado, dejó a Pedraza vulnerable ante la llegada fulminante del francés. Vinicius generó la chispa; Mbappé, el golpe definitivo. Una sociedad tan fundamental como necesaria: ambos se entienden y se complementan. «Hoy por ti, mañana por mí». Este es su leitmotiv.

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