El Prado reconoce como arte las fotografías que relatan su historia | Cultura


En la imagen se pueden observar dos imponentes cuadros de El Greco en la galería central del Museo del Prado. La fotografía, capturada en 1901 por José Lacoste y la editora Juana Roig, documenta cómo era este espacio en ese periodo: la abundancia de obras en las paredes, una pequeña estructura de madera —precursora de las catenarias de seguridad—, los cambios arquitectónicos y la manera en que el fotógrafo comercializaba sus trabajos. A la izquierda, en una de las puertas, se exhibían las piezas, permitiendo que quienes paseaban por allí pudieran adquirirlas. Una de las antiguas tiendas del museo estaba situada en uno de los espacios más icónicos de la institución.

Esta imagen forma parte de la exposición El Prado multiplicado. La fotografía como memoria compartida, instalada en una pequeña sala cuyas condiciones ambientales han sido ajustadas, según la comisaria Beatriz Sánchez Torija de la colección de Dibujos, Estampas y Fotografías, para albergar estas “44 obras de arte”. Esta declaración no es un alarde de una experta, sino una reivindicación de un acervo de cerca de 11.000 piezas que poseen un valor similar al de las pinturas o esculturas que suelen encabezar las grandes exposiciones temporales.

En la sala 60, la iluminación es más tenue, y las piezas estarán visibles solo por dos meses, hasta el 5 de abril, para evitar daños. “En la colección permanente no se exhiben fotografías”, aclara Sánchez, “son muy sensibles”.

Esta selección actúa como un ejercicio de memoria de un legado que se ha convertido en un pilar de investigaciones y, por ende, de descubrimientos sobre el Prado. Como ha mencionado Miguel Falomir, director del museo, se han podido localizar bocetos de Murillo robados y obras desaparecidas y mutiladas del Tesoro del Delfín, un conjunto de valiosos vasos de Luis XIV.

El Prado comenzó a fotografiar sus obras de manera sistemática a partir de los años 1860. En ocasiones, el personal del museo tenía que llevar las obras afuera para garantizar condiciones adecuadas. Con este método de reproducción mecánica, realizado por fotógrafos destacados como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson y Hanfstaengl, “el legado del museo traspasó sus muros hacia manos privadas, otras colecciones y gabinetes de fotógrafos”, señala la comisaria.

Los visitantes podían entonces adquirir fotografías de Las Lanzas de Velázquez. “Se vendían imágenes del cuadro completo o de sus partes más significativas”, aclara Sánchez frente a algunos de esos ejemplares. “Este es el caso de un detalle a gran formato, que perteneció al archivo personal de la hispanista Enriqueta Harris, quien la utilizó en sus investigaciones”.

Algunas fotografías de la exposición fueron tomadas incluso antes de que las obras llegaran al Prado; en otras ocasiones, fotógrafos no empleados directamente, pero estrechamente vinculados al museo, acudían a otras exposiciones y lograban imágenes de las piezas.

En 1899, Clement tomó una fotografía del retrato de la infanta Margarita de Austria, una obra de Velázquez que actualmente se encuentra en Viena. Esta imagen en carbón sobre cartón abre la exposición. “Se presentó en 1899 en el marco de la nueva organización de las salas por el centenario de Velázquez”, ha comentado Sánchez. “Se solicitó a diversas compañías fotográficas que enviasen reproducciones de obras de Velázquez que no estaban exhibidas en el museo”. La imagen de la infanta fue una de las seleccionadas, ya que, aunque aparece en Las Meninas, se quería destacar su valor como pieza independiente.

Con el inicio del siglo XX, las postales comenzaron a reemplazar las fotografías en las tiendas de los museos. Se convirtieron en la opción más económica y efectiva para seguir divulgando las colecciones del Prado fuera de sus muros. De manera paralela, la colección de fotografías ha ido en aumento gracias a donaciones y adquisiciones constantes, lo que permite a Sánchez Torrijo defender el valor artístico e histórico de esta otra memoria del museo, “no somos solo una pinacoteca de pintura y escultura”, ha enfatizado Falomir, despojándose con estas palabras de “este sambenito”.

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