Así se llevó a cabo el operativo policial que puso fin a una década de ocupación.


La calle Antonita Jiménez número 60 de Carabanchel fue el escenario de un operativo policial contundente este último jueves que puso fin a más de diez años de ocupación ilegal. Considerado el local okupa más grande de Madrid, fue desalojado por orden judicial con la asistencia de Antidisturbios, unidades caninas y un significativo dispositivo de seguridad.

El edificio, que se había convertido en un verdadero centro de operaciones de la extrema izquierda en la capital, funcionaba como una macrodiscoteca clandestina que llegaba a reunir entre 300 y 400 personas cada fin de semana. En su interior, se celebraban fiestas ilegales de manera habitual, transformando el inmueble en un foco de conflicto para el vecindario.

Durante el registro, los agentes encontraron material que evidencia las actividades que se realizaban en el edificio: equipos de sonido profesionales, altavoces, una barra de bar completamente equipada, neveras industriales y todo el mobiliario característico de un local de ocio nocturno.

Manuales de okupación y agresión

Uno de los hallazgos más preocupantes fueron los manuales encontrados en el interior, que contenían instrucciones detalladas sobre cómo okupar viviendas y, según fuentes policiales, también sobre cómo agredir a los agentes durante los desalojos.

El dispositivo comenzó con la llegada de cerrajeros especializados, seguidos de las unidades antidisturbios equipadas con cascos y escudos. Los perros policía registraron el interior del edificio en busca de posibles ocupantes ocultos, encontrando finalmente a tres personas en el interior.

Según informaron fuentes del operativo, se procederá a la demolición del inmueble de forma inminente debido a su estado de deterioro y a su peligrosidad estructural. El protocolo establecido contempla primero la demolición interior y posteriormente el derribo de toda la estructura.

Okupas reclamando: «Nos han robado»

En una escena que podría considerarse surrealista, varios okupas se presentaron en el lugar del desalojo para reclamar sus pertenencias, acusando a la policía de «robo». «Quiero recuperar mis cosas, si tanto se defiende el derecho a la propiedad», argumentaba uno de ellos, sin aparente conciencia de la contradicción.

Los agentes les informaron que la posesión del inmueble ya había sido entregada a sus propietarios y que todos los enseres habían sido declarados abandonados. «Tendrán que hablar con su abogado», les comunicó la comisión judicial.

El estado del inmueble evidencia años de abandono y mal uso. Techos agrietados, estructuras comprometidas y condiciones de habitabilidad inexistentes convertían el edificio en una trampa mortal. «Te puedes caer y romper, este edificio se puede caer en cualquier momento», advertían durante la inspección.

En el tejado, completamente deteriorado, aún quedaban restos de las fiestas celebradas, con el consiguiente peligro de caídas desde altura. Incluso había camas instaladas en zonas tan inestables que «te pueden hacer acabar en el piso de abajo».

Fin de una era en la okupación madrileña

Con este desalojo se pone fin a un capítulo significativo en la historia de la okupación en Madrid. El edificio en Antonita Jiménez 60 no solo representaba el mayor espacio okupado de la capital, sino también un símbolo de resistencia para los movimientos de extrema izquierda.

«Así termina la aventura de aquellos que no quieren patria, de los que no desean un Estado, de los que no quieren vivir en torno a la ley», afirmaban al concluir el operativo. Una casa okupa menos en Madrid, pero queda por ver si este desalojo supone un punto de inflexión en la lucha contra la ocupación ilegal en la capital.

Start typing and press Enter to search