La iglesia expulsa a Mariano (67 años) de su hogar de toda la vida.


Mariano Ordaz, de 67 años, ha pasado toda su vida en el número 1 de la calle Carnero, donde todavía vive. Residente del barrio madrileño de Embajadores, se enfrenta a lo que podrían ser sus últimos momentos en este hogar que ha sido su refugio desde antes de nacer. Su abuela, luego sus padres y finalmente él han habitado ese lugar, pero ahora se encuentra con la Iglesia, que busca acabar con su hogar centenario en favor de la especulación.

La Venerable Orden Tercera (VOT), una organización religiosa franciscana con una considerable cantidad de propiedades, pretende desalojar a Mariano, forzándolo a abandonar el barrio que ha sido su hogar. El viernes a las 7:00 horas se llevará a cabo el cuarto intento de desalojo, con un fuerte dispositivo policial previsto para disuadir la resistencia vecinal. Hace poco más de 15 días, activistas del movimiento por la vivienda lograron detener este desalojo, pero ya se ha programado uno nuevo por el juzgado.

Las instituciones del Estado, incluida la ineludible Iglesia, se confabulan contra un pensionista que recibe 600 euros al mes y que, a pesar de todo, desea afrontar el pago del alquiler. Los residentes no están dispuestos a permitir que Mariano sea desalojado y nuevamente se preparan para resistir, utilizando la única herramienta que tienen: sus cuerpos. No hay posibilidad de negociación, ya que la propiedad se niega, alegando la necesidad de realizar obras en el inmueble, aunque han ignorado este tema durante años, poniendo en riesgo la integridad física de Mariano.

El deterioro del edificio es resultado de años de falta de mantenimiento y abandono por parte de la propia propiedad”, señalan desde el Sindicato de Inquilinas, quien ha respaldado a Mariano en su lucha. “El inmueble presenta serios problemas estructurales y sanitarios debido a la ausencia de mantenimiento. Durante años, la vivienda ha sufrido humedades significativas y un deterioro progresivo que ha dejado inservibles tanto el baño como la cocina”, informan.

Una negligencia de la propiedad que pudo haber costado la vida de Mariano el pasado 8 de noviembre, cuando el techo de la cocina se derrumbó mientras él estaba en otra habitación. Esta decadencia de las instalaciones es la justificación que los religiosos desean utilizar para el desalojo. Su plan es claro: permitir que la vivienda alcance niveles de riesgo para la vida del inquilino y, luego, expulsarlo alegando la inhabitabilidad. Desde el principio, se han negado a ofrecer un alquiler social al vecino.

Especulación santificada

La acumulación especulativa de un bien esencial va en contra del voto de pobreza que recae sobre la Orden Franciscana y el supuesto mandato de San Francisco de Asís. Sin embargo, los preceptos religiosos solo se aplican a quienes no tienen otra opción. Esto queda claro en su negativa a ofrecer un alquiler social.

Hasta hace poco, Mariano solo percibía 480 euros de subsidio y pagaba una parte proporcional del alquiler. Ahora, con su pensión de 600 euros, puede cubrir el alquiler, que es de la misma cantidad, y saldar su deuda. Pero a la poco venerable orden no le importa, ya que actúa libremente sin respetar la insuficiente moratoria de desahucios que fue rechazada en el Congreso por el PP, Vox y Junts hace menos de un mes.

El caso de Mariano no será un hecho aislado, sino el primer ejemplo tangible de las consecuencias inmediatas del rechazo parlamentario a la moratoria contra desahucios”, advierten desde el Sindicato de Inquilinas. “Mariano es el primero de una lista de 60.000 personas que podrían ser desalojadas de sus hogares si no se toman medidas urgentes”, alertan sobre lo que está por venir. Esto ya sucedía incluso con el escudo social vigente.

La situación de Mariano refleja la realidad de miles de personas que, diariamente, sufren en sus barrios a causa de la pobreza, la especulación y la inacción de las administraciones públicas. La escasa respuesta política es ignorada, el sistema judicial siempre favorece a los poderosos y las fuerzas del orden ejecutan órdenes. La militancia obrera y la resistencia vecinal serán nuevamente la única línea de defensa ante el poder sistémico.

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