«Quieren hacerme daño»


La puerta ha dejado de ser una puerta. Ahora es un escudo rojo, literalmente arrancado, que los camellos de la corrala de Lavapiés en Tribulete, 11, quitan y ponen a pulso cada vez que alguien llama al narcopiso. Al darse cuenta de que la visita es de un equipo de ABC, el subsahariano de dos metros y rostro huraño que hace de bisagra humana vuelve a colocarla (por decir algo) sobre la jamba. «¿Está Yolanda por aquí?». «No, no», escupe, mientras que un marroquí y un tercer sujeto asoman por una rendija de la ventana, con caras poco amigables. Son los ‘machacas’ de la inquilina real del piso, una toxicómana cincuentona inquilina del bajo D del edificio, de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo de Madrid (EMVS). Lo ha transformado en narcopiso, con todas las (malas) consecuencias que ello conlleva. Una construcción centenaria, reformada, distribuida en bajos y dos alturas más, sin ascensor y con veinte pequeños pisos en régimen de alquiler. Los afectados están deseando que los echen de allí y recuperar al menos una mínima dignidad.

Start typing and press Enter to search