Pedro en la plaza de Oriente.


Proclamar «no a la guerra» es una estrategia sencilla, tan demagógica como efectiva, para triunfar en un debate. Porque «sí a la guerra» es un lema que nadie sano de mente se atrevería a pronunciar, y los matices exigen explicaciones complicadas que no se pueden resumir en una frase. Con el ‘No a la guerra’ logró Zapatero ganar unas elecciones –con las bombas en los trenes de por medio– y, aunque la sociedad y las circunstancias han cambiado, es claro que Sánchez ha rescatado este eslogan para salir de sus dificultades crecientes y encontrar en Trump una figura contra la cual proyectarse. El presidente estadounidense le ha facilitado el camino al amenazar nuestros intereses comerciales; son dos caras de la misma moneda, dos populistas irresponsables expertos en crear enemigos cuando enfrentan problemas. Pedro ya puede diseñar su propia plaza de Oriente y llenarla de manifestantes, ya sean físicos o virtuales, impregnados de un patriotismo pacifista y unidos por un sentimiento de superioridad moral frente al ataque del detestado magnate.

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