El fraudulento que se hacía pasar por Redpiso: cómo un vendedor engañó a varias víctimas y les robó casi 100.000 euros | Noticias de Madrid


Un agente de una inmobiliaria asociada a Redpiso ideó un plan que consideraba infalible para estafar a varias personas interesadas en adquirir una casa en la periferia de Madrid. Para ello, utilizaba el vehículo de la empresa, vestía el uniforme correspondiente y mostraba documentos con el logotipo de la compañía para presentarse como un agente de confianza. Todo era parte de su engaño, y logró llevarlo a cabo.

El método era sencillo. Ofrecía propiedades a precios atractivos y solicitaba un pago como señal para reservarlas. Sin embargo, realmente no tenía la capacidad de vender esas casas a ese precio, y en algunos casos, los propietarios ni siquiera estaban al tanto de que sus viviendas estaban siendo ofrecidas.

Durante un tiempo, el plan funcionó a la perfección. Al menos diez personas depositaron dinero creyendo que estaban reservando una vivienda, sumando un total de 83.300 euros. Actualmente, la justicia ha ordenado que el estafador les indemnize con casi 100.000 euros. Dado que existe la posibilidad de que se declare insolvente, las familias también están reclamando a la empresa que asuma la responsabilidad como responsable subsidiaria, pero esta se niega. Con tanto dinero en juego, la disputa está servida. Los tribunales les han dado la razón y han declarado a Redpiso como responsables subsidiarios, aunque la inmobiliaria ha presentado un recurso.

Una de las diez víctimas identificadas es Gema P. (no revela su apellido por temor a represalias laborales). Aún recuerda la noche en que todo se desmoronó. Había regresado con su pareja a Rivas-Vaciamadrid después de pasar la tarde en Madrid. Al llegar al chalé que habían habitado durante más de una semana, encontraron la puerta rodeada de policías, guardias civiles y empleados de Redpiso. Les informaron que no podían entrar. La razón: la casa que acababan de adquirir no era realmente suya.

Casi 11 años después, la Audiencia Provincial de Madrid ha condenado al agente que los estafó. “Este joven estaba en una situación muy complicada, con muchas adicciones”, resume el abogado Roberto Alonso Martín sobre el condenado. Sobre el estafador pesan los delitos de falsificación de documento privado; estafa y apropiación indebida, con la atenuante «analógica de drogadicción y dilaciones indebidas», según consta en la sentencia. Durante un tiempo, actuó a su antojo, pero comenzó a cometer verdaderos abusos: se quedó con el dinero de las arras de clientes que ignoraban lo que se negociaba en su nombre.

Aquel día de 2015, durante unos minutos y hasta que presentaron contratos, arras y documentos, nadie supo con certeza si Gema y su pareja eran víctimas o intrusos. El episodio culminó con sus pertenencias en un almacén y con sus planes familiares en pausa.

Gema tenía 28 años. Había visto un anuncio en una web similar a Idealista. Llamó y concertó una cita con un agente de Redpiso para visitar el inmueble, que se presentó con su identificación y el uniforme de la empresa: nada inusual. Además, el piso era atractivo y el precio incluso interesante: 270.000 euros por una casa amplia. Según el agente, los propietarios eran una familia china que necesitaba vender rápidamente. Gema había vendido su casa y contaba con liquidez, lo que le permitía acelerar los plazos. Para formalizar la reserva, el agente solicitó un pago en señal con una condición: que fuera un cheque al portador.

Acostumbrados a las particulares exigencias de cada propietario, no les generó inconveniente. Gema y su pareja entregaron casi 40.000 euros. Era noviembre de 2015 y el tiempo apremiaba: debían abandonar su propio piso. Acordaron un alquiler temporal para no quedarse en la calle. Así fue: pactaron un alquiler de 30 días por 1.500 euros, antes de poder mudarse a su nueva casa como propietarios de pleno derecho, pues aún debían acudir al notario para firmar las escrituras.

Durante el proceso de negociación, los compradores nunca visitaron la oficina de la inmobiliaria, ya que todo se gestionó a través del agente, quedando en diferentes puntos de Madrid. Lo cierto es que, según Gema, cada documento llevaba el sello y la firma de Redpiso. Todo parecía normal hasta que dejó de serlo.

La noche de la puerta llena de gente, Gema y su pareja supieron que el comercial había desaparecido. “Nos informaron que el chico se había llevado el dinero, que había estafado a más personas y que no sabían nada al respecto”. Ella describe la mezcla de angustia y rabia como un impacto físico. Después llegó el vacío: la casa no era suya y no tenían adónde ir: “Ninguno de los dos somos de Madrid ni tenemos familia aquí. Nos vimos en la calle”.

Esa misma noche pasaron la noche en un hotel mientras sus muebles permanecieron en el chalé. Al día siguiente, Redpiso les ofreció trasladar todo a un almacén, por lo que sus pertenencias se trasladaron a Pinto hasta que pudieron adquirir otra vivienda en Rivas. Pasaron 10 días y estiman una pérdida total de 40.000 euros. Pero eso no era todo: el estafador tenía acceso a documentos, llaves y datos de otras propiedades. La casa, de hecho, contaba con propietarios reales, quienes la ofrecían a un precio mucho más alto, alrededor de 400.000 euros.

Hoy en día, la pareja vive a menos de un kilómetro del recuerdo de sus desvelos. Durante años, Gema evitó mirar al pasar. No fue hasta que comenzó a explicarle lo ocurrido a su hija que pudo empezar a procesar lo sucedido. No han recuperado el dinero y no saben si algún día lo lograrán.

Por su parte, Redpiso se distancia completamente de lo acontecido, rechazando su responsabilidad en el asunto y señalando al estafador. Según Manuel Fernández, CEO de la empresa, el caso afecta a aproximadamente ocho compradores.

Sin embargo, la cuestión no termina aquí, ya que los afectados exigen a la empresa la recuperación de su dinero bajo concepto de responsabilidad civil subsidiaria. “Todo esto lo llevó a cabo un trabajador fuera de sus funciones, fuera de la red de trabajo y con personas que no eran clientes de Redpiso”, argumenta Fernández.

Y esto no fue lo único que hizo. Según se detalla en la sentencia, no le entregó todo el dinero de una venta a una propietaria y se quedó con los muebles de una casa que estaba comercializando.

El fundador de Redpiso contextualiza el caso dentro de las dificultades para controlar la mala fe individual en una estructura amplia y franquiciada. “Llevamos más de veinte años en este sector, contamos con más de 20.000 empleados y jamás hemos enfrentado un problema de este tipo”. Fernández añade que, cuando se destapó el fraude, el trabajador fue despedido de inmediato. Destaca, además, los mecanismos internos de control de Redpiso: “Somos la única inmobiliaria que cuenta con un portal de transparencia y un canal de denuncias”.

En cuanto al debate central —quién debe pagar si el condenado no puede—, Redpiso sostiene que los compradores eran conscientes de que estaban eludiendo el pago de honorarios. La Audiencia Provincial ha desestimado de momento la argumentación de que los afectados debieron hacer más comprobaciones, aunque Redpiso continuará luchando en los tribunales.

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