Un recorrido por las construcciones menos célebres de la Iglesia en Madrid.


A lo largo de las últimas décadas, la Comunidad de Madrid ha reconocido como Bien de Interés Cultural (BIC) numerosas edificaciones en la categoría de Monumento en toda la región. Varios de ellos son templos religiosos, testigos inamovibles del paso del tiempo y de los cambios culturales. Sin embargo, muchos son poco conocidos por la ciudadanía debido a su ubicación en pequeños pueblos alejados de las grandes ciudades. En este artículo, nos calzamos las zapatillas de paseo y exploramos cinco de estas edificaciones algo olvidadas en localidades como Griñón, Braojos de la Sierra y Prádena del Rincón.

La primera parada de este particular recorrido nos lleva a Colmenar de Oreja. En este municipio de algo más de 8.800 habitantes, situado al sureste de la Comunidad de Madrid, se encuentra la iglesia parroquial Santa María la Mayor, uno de los edificios religiosos más significativos del siglo XVI en la región. Este periodo es considerado uno de los más notables de la arquitectura religiosa castellana, reconocida por sus características y estilo propio, según indican desde la Comunidad. Además, una de las particularidades de este tiempo es que en la arquitectura de la zona conviven el gótico tradicional con las nuevas influencias renacentistas.

En el caso específico de Santa María la Mayor, en la actualidad se mantienen la mayoría de sus características originales. Esta fue una de las principales razones por las que fue declarada BIC en 2020. Su construcción comenzó a principios del siglo XVI y continuó durante el XVII. La tipología inicial, consistente en una nave con capillas laterales, sigue modelos del siglo anterior, evolucionando en fases posteriores hacia un nuevo tipo de tres naves a igual altura que dio lugar a un edificio monumental y de mayor capacidad.

Iglesia de Santo Domingo de Silos, en Prádena. (Cedida)

De su interior son destacables la capilla funeraria del obispo Fossano (1608-1621), construida por Monegro, y la capilla de Nuestra Señora del Amparo, considerada una de las obras más sobresalientes de fray Lorenzo de San Nicolás (circa 1645-1646).

El arte del siglo XVII en Braojos de la Sierra

A más de 130 kilómetros de Colmenar de Oreja se encuentra Braojos de la Sierra, un pequeño pueblo con solo 219 habitantes, según el último censo. Sin embargo, esto no impide que su patrimonio arquitectónico y religioso haya sido reconocido como BIC en 2025. Se trata de la iglesia parroquial de San Vicente Mártir, que data entre los siglos XV y XVII y que también alberga restos de épocas anteriores modificados después.


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En ella resalta la reforma realizada entre 1616 y 1621 por el maestro de cantería Juan de la Verde. Tanto la tipología como los elementos decorativos de esta sección del templo corresponden a un clasicismo ornamental que es raro encontrar en esta zona norte de la Comunidad de Madrid, enfatizan desde el Gobierno regional.

Además, conserva un importante conjunto de retablos de los siglos XVII y XVIII de gran calidad, en los que participaron distinguidos maestros barrocos. Así, en la capilla de los Vargas, se localiza el retablo de San Miguel (1628-1633), realizado por el ensamblador Juan de Velázquez, el escultor vallisoletano Gregorio Fernández y el pintor madrileño Vicente Carducho.

En la capilla del Rosario se halla el retablo de la Virgen del Rosario (1680-1690), cuya pintura se atribuye al círculo de artistas madrileños cercanos a Claudio Coello. En el banco del retablo de San Sebastián destacan dos tablas hispanoflamencas de finales del siglo XV atribuídas al Maestro de los Luna. Además, existe una serie de lápidas sepulcrales (siglos XVII y XVIII) con motivos heráldicos labrados e inscripciones grabadas que pertenecieron tanto a la familia Vargas como a otros personajes eclesiásticos.

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Opinión

Los grandes restos del Románico en Prádena del Rincón

Prádena del Rincón es otro de los municipios menos conocidos de la región, pero que posee un valioso patrimonio arquitectónico. Se trata de la Iglesia de Santo Domingo de Silos, declarada BIC en agosto de 2021. Según la Comunidad, este templo es uno de los ejemplos de arquitectura religiosa más fascinantes, ya que «muestra los dos estilos más característicos de las construcciones levantadas durante la etapa de repoblación de la zona, en los siglos XII y XIII: románico rural y mudéjar, lo que le confiere una notable importancia tanto arquitectónica como histórica

Esta iglesia pradeniense es uno de los escasos ejemplos que presenta importantes restos de arquitectura románica en Madrid. También, la nave conserva atractivos restos de pintura mural de estilo gótico lineal, que pueden datarse en la primera mitad del siglo XIV y que en su momento cubrían todo el espacio. Cabe destacar la galería porticada de estilo mudéjar, datada a finales del siglo XIII, que se adosa a la fachada norte del templo. Construida en ladrillo, está cubierta con techumbre de madera y cuenta con una interesante portada también de ladrillo asociada al mudéjar castellano.

Según la Consejería de Patrimonio, «aunque este tipo de estructuras porticadas de ladrillo debió ser común en las regiones colindantes a la comunidad de Madrid, los ejemplos son escasos y fragmentados (como en Fuentepelayo en Segovia, Órbita en Ávila), por lo que el caso de Prádena, que representa el ejemplo más completo y mejor conservado, tiene un valor patrimonial especial

Convento de la Encarnación, en Griñón. (Cedida)

Asimismo, destaca una necrópolis rupestre medieval bajo el pórtico, que está relacionada con los primeros momentos de la repoblación y con la construcción inicial de la iglesia. Este conjunto está compuesto por 64 tumbas de tipo antropomorfo excavadas en roca, que datan entre los siglos XII y XV. Otro elemento notable es el horno de fundición de campanas, situado junto al templo, atribuido a la segunda mitad del siglo XVI.

La iglesia ha sido sometida a una restauración integral que ha devuelto su aspecto original. Además, se ha musealizado, exhibiendo las piezas encontradas durante las obras en varias vitrinas situadas en el coro. También se han realizado adaptaciones para hacer visitables la necrópolis y el horno de campanas.

El primer convento del siglo XVI en la Comunidad

Griñón es un pueblo al sur de la Comunidad de Madrid con más de 10.000 habitantes. Es probable que no todos sepan que el Convento de la Encarnación, ubicado en este municipio, es considerado BIC desde diciembre de 2022. Este convento, fundado por el canónigo Don Rodrigo de Vivar, representa la construcción más temprana de este tipo del siglo XVI en la región madrileña, ya que en 1630 ya estaba finalizada. Además, permanece en su ubicación original y preserva sus estructuras primarias, manteniendo al mismo tiempo el ambiente espiritual que impulsó su creación.

El conjunto conventual consiste en la iglesia, un claustro de dos plantas alrededor del cual se distribuyen las dependencias más relevantes, y un patio adosado a la pared norte del claustro. «Es un excelente ejemplo de las diversas influencias estéticas que coexistían en el ambiente cultural de finales del siglo XV y principios del XVI», señalaron desde la Comunidad.

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En este convento, los artesonados son de tradición mudéjar, mientras que la influencia renacentista es evidente en los elementos decorativos, como capiteles y ménsulas. El retablo mayor, dedicado a la Anunciación de María, presenta obras de arquitectura renacentista y decoración plateresca policromada, características de los talleres toledanos del primer tercio del siglo XVI, y cuenta con pinturas del pintor toledano Juan Correa de Vivar, sobrino del fundador del convento, ejecutadas entre 1533 y 1536.

Otros cuatro retablos están distribuidos por la nave; dos de ellos, en madera dorada y policromada, corresponden al estilo manierista del último tercio del siglo XVI, mientras que los otros dos son datables entre el siglo XVIII y principios del XIX. Las armaduras de madera de la cabecera y del coro, casi sin decoración, son buenos ejemplos de este tipo de carpintería de tradición mudéjar que caracteriza gran parte de la arquitectura religiosa desde la Edad Media.

Un templo mudéjar en Pezuela de las Torres

Al este de la región, en Pezuela de las Torres, se localiza la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora, declarada BIC en 2021. Este templo es resultado de la combinación de la arquitectura mudéjar con influencias toledanas y castellanas, así como la incorporación de elementos puramente románicos y renacentistas.

En el momento de su declaración, la Comunidad subrayó el uso de materiales propios del mudéjar, asociados a las condiciones socioeconómicas de la época, la excepcionalidad de su cabecera con vanos de estilo románico, la galería porticada de la fachada sur con columnas renacentistas del primer tercio del siglo XVI o los azulejos de Talavera que decoran parte de los muros interiores.

La iglesia presenta tres naves separadas por arcos de medio punto, una cabecera semicircular precedida de un tramo recto, cubiertas con bóvedas de horno y cañón mudéjares, una torre campanario en el muro norte, capillas del Santísimo y de la Virgen Candelaria, galería porticada renacentista y sacristía. Las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos han incorporado elementos que han alterado sustancialmente el conjunto.

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De este modo, la galería porticada cubierta con techumbre de madera es de estilo renacentista, construida en 1534. Durante el mismo periodo se realizó una nueva portada que modificó la portada mudéjar original. Además, en el siglo XVII tuvo lugar una gran transformación en el cuerpo de la iglesia con el objetivo de alterar las arquerías, incrementar el tamaño de la nave central y construir una nueva sacristía. Así, el cuerpo de la iglesia está compuesto por tres naves con arcos de medio punto y cubiertas con bóvedas de escayola de los siglos XVII y XVIII, donde se conservan restos mudéjares.

Su fachada exterior occidental ha sido totalmente remodelada en el siglo XVIII y la torre, de planta cuadrangular, tiene su base construida en mampostería, mientras que la parte superior, de campanas, proviene de una reconstrucción realizada en 1906.

No siempre el patrimonio cultural y arquitectónico en la Comunidad de Madrid se refiere a grandes y solemnes construcciones. El paso del tiempo en muchos de sus municipios, incluso los más pequeños, ha dejado tras de sí un legado religioso que se eleva del suelo, permitiendo aún hoy a los transeúntes alzar la vista y disfrutar de él.

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