De las lágrimas de Gattuso al colapso absoluto del Calcio.


A finales de siglo, en la era de Rivaldo, los futbolistas del Barça temían a Gennaro Gattuso cada vez que se medían ante el Milan. Era un jugador que no dudaba en raspar, que le importaba poco si tocaba la pierna o el balón, y que se volvió fundamental por su estilo de juego tosco y primitivo. Su barba, su pelo y su temperamento hicieron que la broma entre compañeros en los entrenamientos del Barça fuese decir, asustándose, “que viene Gattuso”.

La noche del martes fue sorprendente ver a ese hombre rudo llorando al borde del campo por no haber logrado clasificar a Italia para el Mundial del próximo verano. Cayeron ante Bosnia en la tanda de penaltis en la repesca. Y lo grave para Italia es que es la tercera vez consecutiva que quedan fuera del Mundial. Gattuso, quien como jugador fue campeón del mundo en 2006, ahora se enfrentaba al reto de rescatar a la squadra azzurra y lograr su clasificación para el Mundial, aunque fuera en el último momento. Fue en la sala de prensa donde confesó que “habría dado cualquier cosa para clasificar, años de mi vida, dinero, todo, para alcanzar este objetivo”.

Se quedó a las puertas y los titulares de la prensa italiana se enfocan en tres palabras: “apocalipsis”, “desastre” y “fracaso”. Más interesante es analizar los artículos de fondo y los editoriales que indican que, más allá de la indignación y la vergüenza nacional, hay críticas estructurales al sistema del calcio. En el fútbol italiano se ha instaurado la mediocridad, que, afirman, ha conducido a una muerte clínica. Pero ojo, ese diagnóstico ya lo hicieron hace ocho años, y también hace cuatro, cuando no se clasificaron… y no hicieron cambios. A esos lamentos les siguió una inacción que ha sumido al calcio en una crisis absoluta de criterio y talento.

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