Diego Izco: Ocho minutos | Noticias completas de Palencia


Durante ocho minutos, el Real Madrid estuvo a seis puntos del Barça y Xabi Alonso, con sus maletas listas en el umbral, junto al felpudo, donde culminan las convivencias. El Alavés marcó el 1-1 y todos los fantasmas volvieron, especialmente el más inquietante de todos, que no asusta de inmediato pero se posiciona a tu espalda y te murmura al oído que «exceptuando un par de momentos puntuales, parece que todos, incluso el Alavés (o el Elche, o el Celta, o el Rayo), juegan al fútbol mejor que tú, y solo ganas porque tienes a Mbappé y a Courtois y, cuando lo desea, a Vinícius». La aparición de ese espectro tras de Xabi explicaría la expresión pálida y asustada del vasco en el transcurso desde el empate hasta la jugada brillante de ‘Vini’ que permitió a Rodrygo marcar el segundo.
Alonso se encuentra en esa etapa de la temporada donde cada partido es un calvario. De manera natural, directamente proporcional al presupuesto y expectativas, los equipos grandes viven ahogados por su propia esencia: lo único normal, lógico y esperable es la victoria contundente. Y, a partir de ahí, cualquier tropiezo desata un terremoto. Así que es fácil imaginar la vulnerabilidad de ese momento dado que el Real Madrid llegaba a Vitoria con solo dos triunfos en los últimos ocho partidos. Todo se desmoronó con el gol de Carlos Vicente. Xabi, que ante todo se considera cocinero y conoce a la perfección los exclusivos biorritmos de un club monumental, lo sabía.
Con el 1-2 se evitaron problemas mayores, pero los fantasmas no han desaparecido. Continuarán acechando amenazantes alrededor de un entrenador al que ya le han asignado la misma etiqueta que se le puso a Ancelotti («blando») por no poder imponerse a las estrellas.

Start typing and press Enter to search