El Real Madrid empieza a oler como en la época que puso fin a los Galácticos.
El Real Madrid se encuentra lidiando con las secuelas de haber visto, en solo cuatro días, cómo se desvanecían la mitad de sus posibilidades de … conseguir algún título esta temporada en las vitrinas del Santiago Bernabéu, así como asumir la responsabilidad de un entrenador que se suponía iba a reinventar el equipo y dar la bienvenida de la peor manera a otro que ha sido golpeado por los acontecimientos y que no logra entusiasmar a una afición cansada de tanto desatino. Ni Xabi Alonso fue el Guardiola de Chamartín ni Arbeloa será Mourinho en una etapa en la que los merengues necesitan un arquitecto que construya en lugar de un incendiario que se enfoque en destruir al rival. Ambos, sin embargo, son víctimas de un desconcierto que amenaza con llevar al Real Madrid por un camino similar al que terminó con la era de los Galácticos.
Las similitudes entre el presente y la crisis que culminó con la dimisión de Florentino Pérez en febrero de 2006 son muchas, con un equipo a la deriva, estrellas consentidas, entrenadores temporales sin autoridad y la falta de un proyecto sólido que permita competir con los grandes de Europa.
Después de perder el pasado domingo en la final de la Supercopa de España ante un Barça que se ha convertido en su antítesis en términos de orden, compromiso, variedad de recursos, confianza en sí mismo y hambre de triunfo, el Real Madrid se rindió estrepitosamente el miércoles frente a un Albacete que coquetea con el descenso en Segunda y que jamás había logrado vencer al acomodado conjunto capitalino, ni siquiera en aquellos memorables años de la década de los noventa, conocido como el Queso Mecánico. Sin embargo, los eliminó en octavos de final de la Copa del Rey, destacando así las miseria de un equipo sin alma, habilidad para generar fútbol ni orgullo.
Futbolistas y directiva, bajo el foco
Xabi Alonso fue el chivo expiatorio de una crisis que tiene otros responsables, algunos de los cuales ya han sido señalados por un Bernabéu que nunca dirigió su ira hacia el entrenador guipuzcoano y sí hacia unos futbolistas que han sido alentados a sentirse como los reyes del mambo. Esa preeminencia de los caprichos de los futbolistas sobre las exigencias del entrenador ya provocó la caída de la primera etapa de Florentino Pérez en el club y se está repitiendo, con consecuencias desastrosas en un equipo que, para colmo, ha perdido toneladas de calidad con la salida de quienes sostuvieron la estructura de un ciclo que ya estaba agotado y su reemplazo por un grupo de jóvenes cuya capacidad para manejar la presión de jugar en una institución tan exigente está aún por demostrarse.

Vinicius, Bellingham, Huijsen, Mastantuono y hasta Valverde están en el punto de mira de una afición que, previsiblemente, volverá a manifestarse en contra de los futbolistas antes del choque liguero que el Real Madrid disputará este sábado contra el Levante. Todos ellos, al igual que muchos otros, excepto Courtois y Mbappé, están lejos de las expectativas que se les exige a los jugadores del Real Madrid y de lo que algunos de ellos mostraron en tiempos más felices. A casi ninguno, salvo Tchouaméni, logró mejorar Xabi Alonso, pero su autoridad fue debilitada rápidamente por el club, lo que debe tenerse en consideración al evaluar cualquier juicio sobre el técnico vasco. Queda por ver si Arbeloa, cuidado por Florentino Pérez, podrá activar los resortes necesarios, pero la debilidad de la plantilla está estrechamente relacionada con su excesiva protección y una estrategia errática en el mercado de fichajes.
Además de en los goles de la famosa BBC, la supremacía europea del Real Madrid entre 2014 y 2022 se sustentó en un magistral centro del campo que Carlo Ancelotti denominó el ‘Triángulo de las Bermudas’. El triunvirato formado por Casemiro, Kroos y Modric comenzó a desvanecerse con la salida del brasileño en 2022. Desde entonces, el club de Chamartín ha fichado a trece futbolistas y solo uno de esos refuerzos, Tchouaméni, puede considerarse un mediocampista puro. La sala de máquinas se ha debilitado y las consecuencias son devastadoras para un equipo que no puede gobernar partido alguno, independientemente del calibre del adversario.
De aquellos problemas vienen estos desastres para un club que ignoró las advertencias cuando Xabi Alonso solicitó fichar a un mariscal de campo el verano pasado. En vez de apostar por Martín Zubimendi, quien terminó en un Arsenal que domina la Premier y la Champions, el Real Madrid decidió reforzarse con tres defensores, Trent, Huijsen y Carreras, de los cuales solo este último está cumpliendo con lo esperado, además de una promesa emergente como Mastantuono que no era necesaria. Es un mal endémico en un club que suele coleccionar cartas en vez de construir equipos. Lesiones al margen, la descompensación del plantel, que incluye tres laterales izquierdos y ningún mediocampista de garantías, es evidente.
Tanto como la falta de competitividad de un bloque consentido que no acepta que nadie le ponga las reglas. Xabi Alonso se encontró con la intransigencia de los futbolistas y para cambiar la dinámica con Arbeloa será necesario que Florentino Pérez se involucre y firme a la caseta. El presidente se quedó sin apoyo al despedir a Xabi Alonso y ahora deberá esforzarse para evitar que la situación se vuelva irreparable. Con la opción del cambio de técnico ya agotada, y tras los abucheos a los futbolistas, el siguiente paso podría ser una pañolada hacia el palco. La última significativa, tras una derrota ante el Barça en 2015, sentenció a Rafa Benítez. Esta vez, Xabi Alonso ya ha sido el chivo expiatorio. La presión ahora recae sobre los futbolistas y la directiva.



