El Real Madrid empieza a oler como en la época que puso fin a los Galácticos.


El Real Madrid se encuentra lidiando con las secuelas de haber visto, en solo cuatro días, cómo se desvanecían la mitad de sus posibilidades de conseguir algún título esta temporada en las vitrinas del Santiago Bernabéu, así como asumir la responsabilidad de un entrenador que se suponía iba a reinventar el equipo y dar la bienvenida de la peor manera a otro que ha sido golpeado por los acontecimientos y que no logra entusiasmar a una afición cansada de tanto desatino. Ni Xabi Alonso fue el Guardiola de Chamartín ni Arbeloa será Mourinho en una etapa en la que los merengues necesitan un arquitecto que construya en lugar de un incendiario que se enfoque en destruir al rival. Ambos, sin embargo, son víctimas de un desconcierto que amenaza con llevar al Real Madrid por un camino similar al que terminó con la era de los Galácticos.

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