Excesivamente valientes en un mar de cobardía.


– Soto Grado no detectó las manos de Pathé Ciss en el gol del Rayo Vallecano (@Florencia Tan Jun/Getty Images) –

El orden de los factores no altera el resultado. A estas alturas, ya no. Luís Castro comentó al ser nombrado nuevo entrenador del Levante UD que su objetivo era un fútbol ofensivo y audaz. A excepción del debut en Sevilla, que terminó 0-3 con gran vistosidad y algún momento aislado, poco se ha mostrado de ello. Hay ocasiones en que no se invita a ser valiente, como enfrentar a «los grandes» o cuando se está en inferioridad numérica con un resultado a favor.

Sin embargo, hay noches como la vivida en el Sur de Madrid donde poco a poco un exceso de timidez te condena: primero, por no tener la determinación necesaria para buscar un segundo gol; después, por seguir interpretando mal el momento del partido, y finalmente, por introducir jugadores poco comprometidos, quedando en una actitud sumisa hasta que te quitan la victoria. Esos síntomas de esperanza del «efecto Castro» casi nunca se perciben, menos aún para dirigir un proyecto a largo plazo. Un Levante en Primera División (y que busca seguir siendo lo que es) no se compara con el Dunkerque.

Valiente también fue Soto Grado y su equipo desde la sala VOR. Tanta tecnología y tantas cámaras, como las que se usaron para ofrecer un ángulo subjetivo de la visión del árbitro, para que todos ignoren una mano clara que provoca de inmediato el gol del empate de Pathé Ciss. Nadie puede creer que el 1-1 se reflejara. Y más aún en una jornada donde De Burgos Bengoetxea obvió una infracción clara en Mallorca, que alejó aún más al Levante de la zona de salvación. A excepción de Isaac Fouto, cuyo caso es perdurable, es indefendible la actuación del estamento arbitral. Es tener muy poca vergüenza, más allá de un acto de valentía, el mostrar ante todos su incapacidad para realizar correctamente un trabajo en el que cada vez es más sencillo, pero lo hacen peor en la «mejor Liga del mundo».

Para concluir estas reflexiones sobre la valentía, me gustaría que Pablo Sánchez fuera más contundente al expresar públicamente el descontento de un club. El presidente del Levante UD no puede aparecer tan impasible ante los medios de comunicación y decir poco más que «no entiendo nada» tras ver las imágenes. En este aspecto, envidio el estilo ejemplar de Quico Catalán. Las acciones que debería defender con mayor firmeza afectan directamente el curso deportivo y financiero del organismo que representa. ¿Qué más consecuencias podría enfrentar? Desde luego, ninguna. Ante lo poco que dijo, o si no va a emitir ningún comunicado de queja, sería mejor guardar silencio. Así solo incrementa la tensión entre los seguidores del Levante.

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