La legendaria historia madrilista de Alcaraz.



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Buenos días, estimados. No es común hallar consenso en las portadas de la prensa deportiva local. Cuando la prensa madrileña se enfoca en alguna noticia o posible fichaje del Real Madrid, la prensa culé sorprende con un homenaje al último golpe magistral de Lamine o una portada sobre la improbable llegada a Barcelona de un estrella mundial, siempre bajo el titular “Interesa”. Ni siquiera existió unanimidad cuando el Real Madrid conquistó alguna de sus Champions recientes. Unanimidad no, una nimiedad fue aquel famoso y absurdo “Valverde da el OK a Bellerín” que relegó al olvido toda la gloria de la Duodécima. También se descontroló la prensa culé al estallar el caso Negreira, dedicándose a publicar portadas sobre los partidos de su cliente como si nada hubiera sucedido.

Pues bien, la victoria de Carlos Alcaraz sobre el alemán Zverev en las semifinales del Open de Australia de ayer fue tan contundente que acapara todas las portadas hoy. Mostrando el puño, caído en el suelo, celebrando con los brazos en alto o haciendo gesto de escuchar los aplausos de un público entregado. Ayer fue una oda al tenis. Cinco sets y cinco horas y media en el Alcaraz-Zverev del primer turno y otros cinco sets en algo más de cuatro horas en el no menos épico Djokovic-Sinner de la segunda semifinal. Gigante, épico, bestial… Varios adjetivos para describir la hazaña del murciano en la pista de cemento de Melbourne.

Podríamos añadir otro adjetivo que también encaja con los gustos de nuestro Carlitos Alcaraz: madridista. La victoria fue épica, gigante, bestial… y madridista. Pero lo colocamos entre interrogantes en el título, ya que los tiempos actuales no parecen propicios para que las virtudes madridistas se reflejen a diario en la plantilla. La victoria de Alcaraz fue, efectivamente, madridista, pero de otra época, parece ser.

Cuando lo vimos acalambrado y cojeando durante el cuarto set, pero entregado y decidido ante un objetivo que parecía imposible, nos recordó al cojo Bale en la prórroga y los penaltis de la Undécima. Al remontar el 5-3 que parecía insalvable en el último set, evocamos el espíritu de las remontadas de la Decimocuarta, esos dos goles en los últimos minutos frente al Manchester City. Cuando las dolencias físicas de Carlitos afectaban su rendimiento, pero su mirada seguía llena de determinación, algunos pensamos en la defensa de Lucas Vázquez, Alaba, Carvajal como segundo central y Marcelo enfrentándose y superando una prórroga completa contra los gigantes del Chelsea. Ese es el espíritu madridista que mostró ayer Carlitos Alcaraz para sobreponerse cuando todo estaba en su contra. Sus gritos resonaban como los de Cristiano, sus piernas se transformaron en las de Fede Valverde, su calidad fue la de Karim Benzema y hasta el jugo de pepinos que lo revitalizó parecía un batido de Pintus. El mismo espíritu épico del veterano Modric, abriéndose paso entre los rivales, se apoderó de Novak Djokovic para aplastar al joven Sinner en la cancha. “Sí, estoy aquí, soy mayor, estoy tocado, pero no podrás conmigo”.

Sabemos que es un recurso fácil mencionar el madridismo de Alcaraz, tal como en su momento nos apropiamos y “expropiamos” los títulos de Nadal cuando nos fue conveniente, pero ha sido el tío de Rafa quien ha hecho que entremos en el juego de la comparación entre el tenis y el fútbol. Toni Nadal ofreció ayer unas declaraciones que nos invitan a recordar tiempos, sin duda, mejores:

“Yo soy del Barça y mi sobrino, que no sabe de fútbol, es del Madrid”. Toni nos cae demasiado bien como para criticarlo, y ayer, sin duda, solo trató de hacer una broma. La verdad es que salió algo desafortunada, así que no podemos evitar entrar en su juego. Amigo Toni, precisamente porque tu sobrino Rafa comprende los valores del deporte como nadie, por su manera de luchar y afrontar las dificultades, por su deseo de mejora constante y su pelea sin tregua, por todo ello es del Real Madrid. Si fuese del Barça, tal vez habría pagado millones de euros al juez de silla para asegurar la neutralidad de la competición y evitar decisiones en su contra. O habría movido hilos adecuados para colocar a alguien de su confianza al mando del Ojo de Halcón y ajustar los centímetros que determinan el acierto o el error siempre a su favor. O incluso habría buscado amistad con los organizadores de los sorteos para garantizarse un cuadro más favorable en los torneos.

Rafa Nadal es madridista, al igual que Carlos Alcaraz, y nos enorgullecemos de ambos, Toni.

Y, dado que mencionamos los sorteos de los cuadros del tenis, la otra noticia que llena las portadas es la de los rivales de dieciseisavos de final de la Champions para los equipos madrileños en liza. El Real Madrid tendrá la oportunidad de vengar la derrota ante el Benfica de Mourinho, mientras que los vecinos del Riyadh Air se enfrentarán al Brujas. Honestamente, nos alegra que Mou, uno di noi, regrese al Santiago Bernabéu, pero no solo por el cariño que le tiene gran parte de la afición, sino porque será una buena ocasión para que nuestros jugadores demuestren que lo del miércoles fue un error que no se repetirá. Para que Arbeloa lleve al equipo de vuelta por el buen camino, y entre todos los jugadores nos hagan recordar algo del madridismo de otros tiempos.

O de Alcaraz en el presente.

Que tengan un buen día.

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