La Semana Santa y la salvaguarda de los niños.
La Semana Santa se ha transformado en una de las principales plataformas del deporte base en España. Durante estos días, torneos, campus, entrenamientos y viajes generan una intensa actividad, convirtiendo cada evento en una oportunidad de formación, competición y convivencia. A menudo, la atención se centra en el nivel deportivo, la ubicación, el prestigio del organizador o en ese inevitable espíritu de afición con el que muchas familias eligen estos planes. Y, en medio de todo ello, a veces olvidamos lo fundamental.
Es un buen momento para recordarlo. La “LOPIVI”, la Ley Orgánica 8/2021 de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, eleva el nivel de diligencia requerido a quienes organizan actividades cotidianas con menores. Desde su entrada en vigor, no es suficiente con que no ocurra nada, ni con confiar en la buena voluntad, ni en la tradición de “siempre se ha hecho así”. Las exigencias han cambiado; hay que prevenir, detectar, actuar y demostrar que la protección del menor está integralmente integrada en la organización.
Es ahí donde debemos mirar más allá del cartel y de la imagen final. Como padres, a menudo nos dejamos atraer por el encanto del torneo, la emoción de ver a nuestros hijos e hijas competir o por ese destino que combina deporte con tiempo en familia. Sin embargo, lo esencial debería ser asegurarnos de que hay una persona responsable a la que acudir, que hay un canal de comunicación, que el personal está capacitado, y que existen reglas claras sobre vestuarios, desplazamientos, alojamientos, uso de imágenes y comunicación digital. Los protocolos efectivos también abordan la importancia de no dejar a un adulto a solas con un menor, de evitar contactos privados a través de redes sociales o WhatsApp, de restringir el uso de móviles y cámaras en vestuarios, y de organizar de manera adecuada los viajes y alojamientos.
Porque ahí radica la verdadera diferencia. Desde la implementación de esta ley, proteger al menor ha dejado de ser un mero trámite. Hoy en día forma parte fundamental de lo que determina la seriedad de un torneo o un campus. No basta con un buen cartel, un nombre renombrado o una sede atractiva. La verdadera calidad de un evento comienza por la capacidad de ofrecer a los menores un entorno seguro.
Noticias relacionadas

Por eso, en estos días, el deporte base también se evalúa más allá de los resultados. Aquí, los padres y madres tienen una responsabilidad que no deben eludir. Es nuestra labor asegurarnos de que nuestros hijos e hijas participan en torneos de calidad, sí, pero también en ambientes seguros. Y quienes organizan estos eventos deben comprender que no es suficiente con ofrecer una buena experiencia deportiva. También hay que contar con profesionales que sepan cómo prevenir, organizar y proteger. Hacerlo bien desde el principio, y exigirlo a tiempo, es la mejor manera de evitar lamentos en el futuro.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí
Inicia sesión para seguir leyendo
Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer



