«Mou», tu dedo nos indica la dirección.
La noche de Da Luz me retiré a la cama tarde, reflexionando sobre aquel 11 de agosto de 2011 (sí, tuve que verificar la fecha, lo admito) cuando, en el tiempo añadido de un Barça-Real Madrid, que finalizó con el triunfo azulgrana 3-2, se desató una pelea iniciada por Marcelo, brillante figura del equipo blanco, que lanzó una patada a Cesc Fábregas que dio que hablar.
Este incidente se recordará porque culminó con el cobarde José Mourinho aventurándose por detrás, insisto, traicionero, del Tito Vilanova y metiéndole su dedo índice derecho en el ojo izquierdo del entrenador catalán, quien solo pudo reaccionar con un ligero ‘zape’ en la nuca hacia el ‘míster’ portugués. Después, en la sala de prensa, ‘Mou’ al referirse a Tito, se burlo de él llamándolo ‘Pito Vilanova’, así es, realmente gracioso.
Mientras apagaba la luz de mi mesilla, no solo recordé aquel desagradable episodio del que, tras el fallecimiento de Tito, ‘Mou’ llegó a mostrar arrepentimiento (tarde y mal). También rememoré la felicidad, el júbilo y la euforia de la afición en el Santiago Bernabéu cuando, poco después, se exhibió en una de sus gradas una inmensa pancarta que decía “Mou, tu dedo nos señala el camino”.
Y así me dormí. Al despertarme ayer, pensé en el triste espectáculo que todos, todos, ofrecieron en Da Luz. Y en las palabras de aquel ‘Mou’: “Por qué, por qué, por qué, siempre ocurren estas cosas con el mismo futbolista, por qué”. Esa es una cuestión que medio mundo se plantea desde que Vinicius Júnior, él sabrá, decidió convertirse en el héroe que combate (casi) en solitario contra el racismo y los insultos en los estadios. Es claro que lo que le acontece a Vini Jr., ya no permanece solo en el terreno de juego.
Puto racista
Pero ¿de qué modo enfrenta Vini Jr.? Como dijo ‘Mou’, quien guía al madridismo, al ‘florentinismo’, a la hinchada del Real Madrid, “por qué cuando (tú, Vinicius Jr.) realizas un gol espectacular, un gol que solo tú puedes lograr, no lo celebras como Di Stéfano, Pelé o Eusebio, abrazando a tus compañeros, por qué, por qué?” Simplemente, porque el Real Madrid y, especialmente, su presidente Florentino Pérez, han apoyado, resguardado y promovido que Vini Jr. mantenga ese carácter. Jamás intentaron que el brasileño modificara su actitud o comportamiento. Nunca.
No justifiqué el insulto de Prestianni. ¡Por Dios! Pero también diré que nadie ha podido comprobarlo (hasta ahora). Y, desde luego, Kylian Mbappé no podría, ya que el Benfica ha probado con su vídeo que el francés estaba lo suficientemente alejado como para no oír el insulto, si es que realmente existió. Y, evidentemente, lo que ocurrió en televisión fue que Mbappé llamó “¡puto racista!” a Prestianni en múltiples ocasiones.
Vinicius Júnior conversa con el entrenador del Benfica, José Mourinho. / Pedro Rocha / AP
Recordando todos estos incidentes y más (ustedes también los recordarán y, seguro, habrán vivido experiencias peores acompañando a sus hijos a los partidos del sábado por la mañana), me he percatado de que, en las Islas Baleares, comenzando por el Ayuntamiento de Sant Antoni, en Ibiza, Unidas Podemos y el PSOE proponen prohibir que los niños (y niñas) jueguen al fútbol en el recreo, en el patio.
Es claro que parece excesivo prohibir, ¿no?, siempre es excesivo prohibir, pero los políticos de esos dos partidos argumentan que los niños acaparan todo el patio jugando al fútbol y que esta falta de espacio “representa una discriminación para las niñas que quedan en segundo plano”. Y eso a pesar de que ahora hay muchas niñas que practican el fútbol.
Hablé con una amiga de toda la vida, que dirige un instituto público de la isla, y me comentó que prohibir es un despropósito (yo también lo considero) y que ellos/as han resuelto el inconveniente, reduciendo el tamaño del campo de fútbol en el patio (“no es imprescindible que sea reglamentario, ¿no?”), ganando espacio para otras actividades y deportes (como el voleibol, por ejemplo), instalando mesas de ping-pong, abriendo la biblioteca y haciendo cerámica durante los recreos, “en fin, diversificando un poco todas las opciones de ocio”. Y, con eso, todo marcha a la perfección. Normal.
Unidas Podemos y el PSOE plantean prohibir el fútbol en los recreos de los colegios porque marginan a las chicas y que, además, “la práctica del fútbol es tóxica, generando conflictos de convivencia graves, dado que los niños imitan lo que ven, cosa que no sucede, por ejemplo, con el baloncesto”.
Sin embargo, Antonio Lorenzo, portavoz del PSOE, reafirma y sostiene que “el fútbol es una actividad tóxica, que produce conflictos de convivencia significativos, porque los niños replican lo que observan, cosa que no sucede, por ejemplo, con el baloncesto”.
Y al leer esa afirmación antes de irme anoche a la cama, recordé un día, hace muchos años, cuando Leo Messi era la estrella del Barça (bueno, siempre lo ha sido, ¿verdad Marc Ciria?), cuando un grupo de periodistas acudimos a un colegio público del Baix Llobregat para charlar con los niños/as sobre sus/nuestros temas.
Y recuerdo que, al terminar la jornada, una maestra, muy semejante a mi amiga de Mallorca, vino hacia mí y me dijo: “Disculpe, ¿usted ve a Messi a menudo? ¿tiene la posibilidad de hablar con él?” Señora, sería complicado, pero tal vez sí tenga la oportunidad. “Por favor, dígale que deje de escupir durante el partido, porque nuestros niños no paran de escupir mientras juegan al fútbol y no podemos corregirles porque siempre nos responden: ‘Messi escupe continuamente y nadie le dice nada’.” Muy cierto, efectivamente.
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